Actividades en la diócesis durante la campaña del seminario en el mes de marzo

Días 13 al 17: Experiencia “¿Dónde Vives?”

Desde 1°ESO: vivir unos días en el Seminario (se lleva a los chavales al instituto y se les recoge).

Días 13 al 15: Visita y Testimonio en Colegios de Guadalajara.

Día 16: Cine Vocacional a las 18:00h en el Seminario.     

Día 17: Vigilia de Oración a las 20:00h en el Seminario.

Día 19: Campaña del Seminario y Testimonio en Parroquias.

       Día del Monaguillo a las 16:30h en el Seminario.

Día 20: Visita y Testimonio en Sigüenza (Safa y parroquias).

Día 21: Visita y Testimonio en el colegio Giovanni Farina de Azuqueca de Henares.

Día 24: Torneo de fútbol San José en el Seminario.

 

 

 

 

REFLEXIÓN TEOLÓGICA SOBRE EL LEMA 'CERCA DE DIOS Y DE LOS HERMANOS'

 

  1. Cerca de Dios.

La cercanía entre dos personas siempre significa entrega, generosidad y donación de vida. En las reflexiones filosóficas de los clásicos griegos nunca se habla de la realidad de la entrega; esto no nos debe extrañar, porque en el camino de autenticidad no se plantea un diálogo de tú a tú, sino que un ir a uno mismo, en una especie de exaltación personal.

Jesús nos ha enseñado a entregarnos como él se entrega a nosotros, «me amó y se entregó a la muerte por mí», «este es mi cuerpo entregado por vosotros»: Jesús nunca les dijo a los apóstoles «conócete a ti mismo», sino «conoce mi amor». La vida cristiana no es ordenar la vida al modo de Dios desde lo que a mí me parece, es una relación con una persona viva, es una existencia iluminada con la riqueza de Dios. La vida humana se hace mucho más humana aunque escape a nuestra inteligencia, porque se hace de Dios; «muy divino, pero muy humano»: “¿Hay algo más cercano al hombre que la ternura del amor de Dios? […] muchas veces «muy divino» significa «muy abstracto». Pero ¿no es lo divino lo que se nos revela en Cristo? ¿Qué cosa más humana que el amor de Cristo?”.

El discípulo de Cristo vive en amor, en un trato con Jesucristo como persona viva; como decía el Papa Pablo VI: "verdaderamente vive y actúa". El Reino de Dios se revela en la verdad: según Ignacio de la Potterie, "la verdad" en San Juan es "el amor del Padre revelado en su Hijo Jesucristo, que da la vida por los pecadores".

Cuando el amor es real, la persona gozosamente ata su libertad al otro para que se mantenga viva esa relación; no se puede amar sin hacer una entrega de sí mismo, sin hacer una oblación de su libertad por la fuerza del amor. El valor supremo del hombre no es la libertad, sino la libertad al servicio del amor.

Si el amor es auténtico se ata, se compromete gozosamente, se entrega y se inmola libremente buscando esa unión de voluntades con la persona a la que se ama; un amor que no se ata le falta autenticidad:

“Ver a Cristo atado y cómo lo llevan atado. Ahí han aprendido los Santos a atarse y a ofrecer su libertad. Jesús ha querido llevar de esta manera en sí, en su Pasión, tantas ataduras de la Iglesia, tantas ataduras de seguidores suyos que han sufrido la prisión, los encarcelamientos, y que Él ha asumido en sí mismo, en el momento de la Pasión, con actitud redentora que nosotros debemos participar. Para que nosotros vayamos teniendo esa actitud en nuestra vida hemos de entrar en la actitud de Cristo, porque sólo entrando en El aprenderemos a vivirlo nosotros con la misma disposición”. Lo importante en nuestra vida es estar abiertos al Señor. Con demasiada frecuencia se da en nosotros una tendencia a retirarnos del Señor, a darle la espalda. Cuando el Señor nos invita a la vida, nos invita a un banquete con El y nos presenta los manjares, las alegrías y los goces verdaderos de la vida, que muchas veces tienen sus espinas: nos ofrece ese banquete y quiere que disfrutemos como hijos de ese banquete, que no estemos de tal manera absorbidos por el temor del sufrimiento que dejemos de disfrutar de la vida.

El Señor nos invita al banquete de la vida pero sin que nos desinteresemos de Él, sin que le presentemos la espalda: la espalda a Dios siempre trae muerte para el hombre.

 

  1. Cerca de los hermanos.

El gran drama de nuestra vida es que nos cuesta morir; cuesta renunciar a la vida egoísta: pensamos que renunciar a la vida egoísta es morir del todo, aunque de hecho es abrirse a la vida verdadera del amor.

Nosotros muchas veces queremos ser cristianos sin perder nuestra vida, por eso preferimos multiplicar ciertos actos que no afecten a nuestra vida. Lo importante para mí es vivir mi vida, sacarle el mayor jugo posible a mi modo. Quiero entonces cumplir con unos ciertos deberes cristianos que los puedo catalogar de ciertas maneras y tratar de colocarlos en mi vida de manera que no me estorben: esto es frecuente en nosotros. Parece que hacemos una especie de compromiso: yo cumplo mis deberes, pero vivo mi vida.

Esto es difícil de mantener: la vida de Cristo, el amor de Dios, no puede ser un elemento marginal en nuestra vida; porque quiere decir que entonces no hemos entendido el amor de Dios, es la frase de Jesús: «Nadie puede servir a dos señores». Ahí quizá está la gran decisión que nos plantea la Pasión de amor del Señor: “decidirse a dar la propia vida por Cristo”:

 “Para muchos, Cristo es objeto de burla práctica. No quieren aceptarlo como Mesías. Prefieren pasar las noches de diversión ofendiendo al Señor, que es el que lo paga todo, y diciéndole al mismo tiempo: "Si tú eres el Mesías y lo sabes todo, adivina quién es el que te ha golpeado". Esta visión de Cristo humillado es algo que ha atraído siempre a las almas cristianas, la contemplación de ese Cristo, que está así por nosotros. El asume en sí en este momento todos nuestros pecados. No nos importa ofender al Señor con tal de disfrutar de nuestras pasiones. Es ya una prefiguración del Cristo crucificado.

Jesús ha querido padecer todo. Nosotros somos muy sensibles a nuestra honra. Nos parece que ahí tenemos derecho a defendernos de todos los modos. Jesús nos da un ejemplo tremendo de sentir su honra pisoteada”. La felicidad del hombre no se puede plantear con los criterios del mundo sino con los criterios de Dios, no se puede enfocar con el egoísmo sino con una sincera y auténtica relación de amor hacia los hermanos; ¿cuántas veces miramos a Dios y a los hermanos encerrados en nosotros mismos?, ¿cuántas veces tenemos gran amor a la vida terrena y nos rebelamos porque el Señor no nos conserva la vida terrena?: se quiere de Cristo la seguridad y el disfrute de la vida temporal y nada más realmente. Jesús, conociendo y habiendo amado, amó hasta el extremo.

No hemos de tener miedo de abrirnos a la presencia de Dios y en la entrega a los hermanos. Que no nos dé miedo que nos conozcan cómo somos, a veces nos frena y nos retiene en la entrega la impresión de que si nos conocen como somos, no nos amarán, no nos podrán estimar. Él nos conoce, Él nos ha amado y nos ama hasta el extremo.

 

  1. El amor cordial auténtico es siembra fecunda y duradera en el mundo.

Lo que se realiza con el sólo esfuerzo humano pasa con el tiempo, lo que se realiza en la gracia de Dios, en la verdad del amor de Dios, permanece más allá de lo temporal. El lema de Pablo VI en su escudo pontificio era: in nomine Domini, en el nombre del Señor. «En el nombre de Jesucristo vivo», esto es lo deberíamos de tener dentro de cada uno.

En el momento actual las personas son muy sensibles a las vivencias, como también son muy insensibles a las palabras que no estén acompañadas con la necesaria intensidad de vida: la espiritualidad del Corazón de Cristo nos lleva a hablar desde dentro, a hablar desde el corazón, todo lo que nos sale desde dentro tiene una eficacia, una fuerza excepcional: «Si alguno tiene sed, que venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su seno brotarán torrentes de agua viva». La misión es una relación que hay que vivir en dependencia y en diálogo interior: en diálogo interior con el Padre en Cristo; esto es lo que se sintetiza en la imagen del Corazón de Cristo. La vida cristiana es una vida de amistad con Cristo, de intimidad con Cristo, de apoyarnos en la fuerza de Cristo, de contar con Él como Consolador íntimo, como Amigo personal que está siempre con nosotros: cuando vivimos así las cosas nos salen desde dentro.

Vivir bajo la mirada de Cristo para permanecer en la mirada al hombre en amor, dignificándole y salvándole, supone establecer una relación personal con Jesucristo vivo, significa entrar dentro del misterio, en la intimidad de Dios, donde la actividad humana queda sostenida por la gracia de Dios de una forma permanente.

El gran obstáculo para la fe es la soberbia del hombre: limita enormemente la fuente de su conocimiento y de su vida: lo que yo demuestro es simplemente lo que es inferior al hombre, lo que supera al hombre, lo que es contenido interno del mismo Dios, yo no lo puedo demostrar ni dominar. Ir a lo profundo de Dios para ir a lo profundo del hombre, todo lo demás es quedarse en la superficie: el Corazón de Cristo nos lleva al corazón del hombre.

"Mirar que me mira", la gran indicación de Santa Teresa: ponerme delante de Cristo crucificado en un coloquio de miradas: "mira cómo te he amado, mira cómo me has puesto, mira cómo debes de amar". Todo eso me lo dice con su mirada: pedir al Señor que nos clave dentro unos sentimientos profundos, no unos sentimientos emotivos, sentimientos hondos que nos marquen el corazón interiormente:

“La oración es un dejarse mirar por Dios. La postura de oración es abrir nuestras posibilidades, nuestros sentidos interiores espirituales al Señor, para poder establecer con Él esa verdadera comunicación en la que interiormente me hace sentir lo que Él quiere”. Vivir de la mirada del Señor en todo momento: “Mirarán al que traspasaron": sólo el que ve a Cristo atravesado por Él es salvado por Cristo; el pecador no arrepentido no resiste la mirada del Señor, trata de huir, de no reconocerse pecador, trata de escapar.

El encuentro de corazón a corazón ilumina la vida con el amor de Dios: hay un encuentro personal y hay una luz que ilumina y arrebata, solamente entonces uno acepta con fe lo que el Señor le manifiesta, esto es lo que marca una vida. Hay que aprender a mirar a cada hombre desde el Corazón de Dios, con esa actitud y con esa mirada correspondiente al amor de Dios.

Hay que ser instrumento de la mirada de Dios, de la sonrisa y del amor de Dios hacia todos, poniendo amor en lo que hacemos y sirviendo como expresión de la manifestación de la caridad de Dios: “Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”.

La realidad verdaderamente vivida en la relación con Dios trae en el apóstol una unión en la iniciación y en la introducción a la vivencia del misterio del Corazón de Cristo en relación con los demás: apremiados por ese amor, la persona se entrega a Él para ser instrumento del Señor.

El cristiano se caracteriza por participar de una realidad nueva; no a través del pesimismo ni con la amargura, sino por una mirada de aprecio cordial. Lo importante es elevar la visión de las cosas.

Los desequilibrios y las sombras de cada momento histórico son reflejos de los desequilibrios del corazón humano; no se remedian los problemas de cada tiempo sin remediar el corazón con el amor y la misericordia de Dios. La colaboración con la gracia va ayudando a dominar los deseos de la carne con la ley del espíritu; el goce profundo, que se experimenta en el interior del corazón, serena la vida en sus manifestaciones externas.

La eficacia del apostolado depende de la riqueza espiritual instrumental del apóstol en las manos del Señor, depende del corazón bueno-cristiano, sin llegar a despreciar los actos externos de la persona. La conversión del hombre pecador se da al experimentar el amor de Dios, contemplando a Cristo y abriéndose a su Corazón manso y humilde. Todo camino de maduración lleva a la persona a descansar en el Corazón de Cristo.

En el Corazón de Cristo se nos revela el corazón del hombre. La madurez de la vida cristiana consiste en aprender a mirar a cada persona desde el Corazón de Dios con una continuada simpatía a todo lo creado.

 

SUBSIDIO LITÚRGICO

CERCA DE DIOS Y DE LOS HERMANOS

 

Monición de entrada

Seguimos en nuestro itinerario cuaresmal hacia la Pascua, entrando hoy de lleno en el corazón de la Cuaresma de este año. Durante tres domingos nos vamos a sumergir en la experiencia de nuestro propio bautismo para valorarlo, para agradecerlo y para disponernos así a renovarlo en la noche santa de Pascua. La cuaresma es tiempo catecumenal, de conversión, de vuelta a Dios viviendo con más autenticidad este inmenso don que hemos recibido. Hoy, a través del signo del agua, somos invitados a encontrar en Cristo aquel único manantial que puede saciar nuestra sed.

En este domingo celebramos en la Iglesia de España el Día del Seminario. Este año, por coincidir en domingo de Cuaresma, celebraremos la solemnidad de San José, patrono de los Seminarios, mañana lunes día 20. En nuestra celebración de hoy tendremos presentes de un modo especial a nuestros seminaristas en la oración, la ayuda económica y comunión con ellos para que, como reza el lema de este año, puedan estar “cerca de Dios y de los hermanos”.

 

Acto penitencial

V/. Tú que nos has hecho renacer por el agua y el Espíritu: Señor, ten piedad.

R/. Señor ten piedad.

V/. Tú que enviaste al Espíritu Santo para crear en nosotros un corazón nuevo: Cristo, ten piedad.

R/. Cristo, ten piedad.

V/. Tú que eres el autor de la salvación eterna: Señor, ten piedad.

R/. Señor, ten piedad.

 

Monición a las lecturas

La tercera etapa de la historia de la salvación es la del Éxodo, cuando Dios libró a su pueblo de la esclavitud de Egipto por medio de Moisés. En este domingo el gran profeta da de beber a su pueblo, como imagen futura de Jesús, que nos da el agua de la vida que es el Espíritu Santo. Después de los dos domingos introductorios de la Cuaresma, con las lecturas de las tentaciones y de la transfiguración de Jesús, llegamos a la parte temática propia de este año.

El evangelio de Juan presenta la primera escena del tríptico catecumenal, formado por las lecturas del diálogo con la Samaritana, de la curación del ciego y de la resurrección de Lázaro. ¿Cómo llegamos a ser cristianos? Estos tres domingos nos enseñan que el camino pasa por recibir el don de Dios en el agua viva de la gracia, con una iluminación de la oscuridad que causa el pecado en nosotros y con la resurrección a una vida nueva y eterna.

 

Notas para la homilía

— La cuaresma del ciclo A nos presenta en la liturgia de la palabra los evangelios que se utilizaban para los escrutes en el itinerario catecumenal hacia el bautismo. Después de haber escuchado el domingo primero y segundo los evangelios de las tentaciones y de la transfiguración, hoy abrimos este tríptico formado por los textos de la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Podemos aprovechar la homilía de este domingo para darle ese sentido de iniciación a la vida cristiana, de recuperación de los valores fundamentales de nuestra vida, que el tiempo de Cuaresma puede y debe suponer.

— El tema central hoy en la liturgia de la palabra, al menos en la primera lectura y en el evangelio, es el agua. El pueblo que camina por el desierto experimenta la sed y se rebela contra Moisés. La samaritana y Jesús se acercan al pozo de Jacob para obtener agua. En ambos casos, el agua sacia la sed, viene a cubrir la necesidad más profunda del pueblo y de la persona. Podemos plantear la homilía desde las necesidades que detectamos hoy en las personas de nuestra sociedad, de qué tienen sed, qué es lo que ansían y anhelan, qué dureza y sequedad experimentan en sus vidas por esa falta de agua… Y también preguntarnos cuáles son los pozos que nuestro mundo ofrece y si son capaces de saciar o no la sed.

— Otro elemento fundamental en el evangelio de hoy es el encuentro. Jesús sabe ir donde va a encontrarse con las personas, donde va a poder entablar un diálogo real con ellas. Hoy vivimos un mundo en el que se va imponiendo lo virtual, donde los encuentros son débiles y pasajeros. El papa Francisco nos invita constantemente a un encuentro en profundidad: “Una invitación para trabajar por «la cultura del encuentro», de manera simple «como hizo Jesús»: no sólo viendo sino mirando, no sólo oyendo sino escuchando, no sólo cruzándonos con las personas sino parándonos con ellas, no sólo diciendo «¡Qué pena! ¡Pobre gente!» sino dejándonos llevar por la compasión; «para después acercarse, tocar y decir: “no llores” y dar al menos una gota de vida»” (cfr. https://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2016/documents/papa-francesco-cotidie_20160913_cultura-encuentro.html).

— Jesús aprovecha el diálogo con la mujer para tres operaciones. En primer lugar, para una revelación: “si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘dame de beber’ ”. Jesús pone en el corazón de la mujer la pregunta acerca de lo que Dios nos quiere ofrecer y de la identidad de aquel con quien está hablando. En segundo lugar, Jesús le hace una oferta: “el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”. De una manera implícita, el Señor manifiesta que posee un agua capaz de saciar la sed de la persona. Y finalmente, le muestra el conocimiento íntimo que tiene de su persona y de sus circunstancias. La mujer lo considera un profeta y le plantea las dificultades que tienen judíos y samaritanos respecto al lugar donde se ha de dar culto verdadero a Dios. El Señor rompe esa dinámica de enfrentamiento porque el culto ya no va a quedar vinculado a un lugar, sino que se va a dar en espíritu y verdad. Vemos que Jesús no tiene un diálogo superficial o intrascendente, sino que entra en cuestiones que afectan a la vida de la samaritana. ¿Cómo son habitualmente nuestros diálogos con la gente con la que nos encontramos?

— Jesús manifiesta a la samaritana que es el Mesías y ella, tras el encuentro, va a comunicar a sus vecinos todo lo sucedido. Se muestra prudente, ya que afirma su convicción acerca de Jesús en forma interrogativa. Pero con su testimonio hace que todos vayan al encuentro de Jesús para conocerlo. Así podrán afirmar más adelante que ya no creen por lo que la mujer les ha dicho sino por lo que ellos mismos han oído, que les lleva a confesar que Jesús es el Salvador. La figura de la samaritana presenta rasgos muy semejantes a lo que debe ser la vida de todo cristiano y mucho más en el caso de un sacerdote. Su función es ser testigo del Señor y de su palabra, para provocar el encuentro de los hombres con el Salvador y llevarles a la fe.

— Los discípulos vuelven al pozo e invitan a Jesús a comer. El Señor se sirve de este momento para enseñar que Él tiene un alimento que da fuerza y sentido a su vida: hacer la voluntad del Padre. Les muestra la imagen simbólica de los campos que están maduros para la siega, como representación de una humanidad que espera la palabra de salvación de Jesús. El fruto es el resultado de un trabajo de conjunto, realizado por el sembrador y el segador. Necesitamos hoy trabajadores que quieran ir a la mies del Señor. Para ello se hace necesario que todos nos preguntemos cuál es la voluntad del Señor para mi vida, especialmente los más jóvenes. Y que respondan sin miedo a esta pregunta, con la confianza de que la llamada es fuente de gozo incesante.

 

Oración de los fieles

En este día del Seminario pidamos juntos a Dios, por intercesión de San José, que nos conceda a todos vivir abiertos a su voluntad. Oremos diciendo: Oh Señor escucha y ten piedad.

— Te pedimos Padre por toda la Iglesia, para que fiel al mandato de tu Hijo, no deje de anunciar la Buena Noticia a toda la humanidad, testimoniando tu amor y siendo signo de fraternidad. Oremos.

— Jesucristo Hijo del Dios vivo, sacerdote eterno, te pedimos por todos a los que has unido a tu misión por el ministerio ordenado, por el Papa, los Obispos, nuestro Obispo N y todo el presbiterio de nuestra diócesis, para que experimenten siempre tu cercanía y tu llamada, y así con tu ayuda, respondan cada día con alegría y fidelidad. Oremos

— Espíritu Santo Defensor, no dejes de despertar en nuestros jóvenes un corazón inquieto que busque lo que es verdadero, bello, atentico, y justo. Y que así puedan encontrarse contigo y sentirte cercano, para responder a aquello a lo que les llamas a cada uno. Oremos

— Señor te pedimos especialmente vocaciones al sacerdocio ministerial, necesitamos sacerdotes según tu corazón. Ayudamos a toda la comunidad cristiana a procurar una escucha atenta a tu Palabra, un deseo de santidad y la necesidad constante de la gracia que recibimos en los sacramentos de mano de tus sacerdotes. Oremos

— Te damos gracias por todos los sacerdotes que has puesto en nuestro caminar y te pedimos especialmente hoy por los sacerdotes difuntos, dales la plenitud de la vida y haz fructificar en nosotros y en nuestra comunidad lo que hemos recibido de ti por su ministerio. Oremos

— Por nuestro Seminario diocesano, por sus formadores y por todos los que participan en la preparación de los Seminaristas, para que con tu luz, les ayuden a ser sacerdotes cercanos y que nos acerquen siempre a ti. Oremos.

Acoge Padre estas peticiones que hoy te presentamos, dales cumplimiento según tu voluntad. Danos luz para conocerla y fuerza para cumplirla. Por Jesucristo nuestro Señor. 

 

Monición a la presentación de ofrendas y a la colecta

Junto a los dones del pan y del vino para la celebración de la eucaristía, os invitamos a todos los que formamos esta asamblea eucarística, a ofrecer nuestra ayuda para las necesidades de nuestro seminario. En él se forman los futuros sacerdotes que servirán a nuestras comunidades cristianas, hablarán a Dios de sus hermanos y acercarán con sus vidas a sus hermanos a Dios.

 

Bendición solemne u oración sobre el pueblo

V/. Dios, Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.

R/. Amén.

V/. Cristo, modelo de oración y de vida,  os guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.

R/. Amén.

V/. El Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el maligno,  para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.

R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R/. Amén.

 

Otras orientaciones para la celebración.

— Se celebra toda la liturgia del III domingo de cuaresma. La solemnidad de san José se celebrará litúrgicamente mañana lunes 20 de marzo.

— Se utilizan ornamentos de color morado. No se dice el “Gloria”. Sí se dice el “Credo”.

— Se utiliza el prefacio propio de la Samaritana para este domingo en el ciclo A.

— En la plegaria eucarística se hace el embolismo propio del domingo.

— No se permiten las misas de difuntos, tampoco la misa exequial.

— El testimonio vocacional dentro de la misa no debe ocupar el lugar de la homilía y en ningún caso sustituirla.

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