Semana Santa y Triduo Pascual

Por Raúl Pérez Sanz

(Delegación de Liturgia)

 

 

Si durante el Año Litúrgico las celebraciones cristianas están llenas de ricos símbolos y gestos litúrgicos que nos ayudan a entrar en contacto con lo mistérico, hemos de comenzar diciendo que en Semana Santa estos ritos, signos y símbolos se acentúan para poder celebrar de un modo más activo, fructuoso y consciente el Triduo pascual (la Pasión muerte y Resurrección del Señor).

La Semana Santa comienza el Domingo de Ramos, en el cual se conmemora la entrada triunfal del Señor en la ciudad santa, de este día, resaltamos la procesión que puede ser solemne o simple y se celebra antes de la misa; en el rito romano como procesiones propiamente dichas solamente existen do: esta de Ramos y la procesión de las Candelas que se celebra el dos de febrero en la Fiesta de la Presentación del Señor.

El Martes Santo, en la Catedral (Iglesia Madre), nuestra Diócesis celebra la Misa crismal; celebración que se extrae de su día propio, el Jueves Santo, por motivos pastorales. De la Misa crismal que el Obispo celebra con su presbiterio, resaltamos la consagración del Santo Crisma y la bendición de los demás óleos. Esta Eucaristía es como una manifestación de comunión de los presbíteros con el propio Obispo (OGMR, 203).

Jueves Santo, con la celebración de la Eucaristía se comienza propiamente el Triduo pascual, en la Misa se evoca la Cena del Señor con sus Apóstoles. De este día resaltamos el llamado monumento; altar convenientemente adornado, que invite a la adoración y a la meditación. El sacramento ha de ser reservado solemnemente en un sagrario, que no ha de tener forma de sepulcro, y la reserva no ha de hacerse nunca con una exposición con la custodia. Pasada la media noche, nos dicen las normas, la adoración ha de hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la Pasión del Señor.

Viernes Santo, en este día no se celebra la Eucaristía, el altar ha de estar completamente desnudo, para la celebración de los llamados “0ficios” se nos dice que “se escoja una cruz suficientemente grande y bella. Pues el gesto de la ostensión de la Cruz ha de hacerse con el esplendor digno de la Gloria del misterio de nuestra salvación.”

Sábado Santo, destacamos de este día la actitud de la Iglesia de permanecer junto al sepulcro en el gran silencio, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, absteniéndose del sacrificio de la misa hasta la solemne Vigilia Pascual o expectación nocturna de la Resurrección, en donde quedan inaugurados con el Pregón Pascual los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia se inician los cincuenta días pascuales. En esta celebración, durante el Domingo de Pascua y la octava, que alarga la alegría pascual, las Iglesias han de engalanarse con sus mejores galas. El Cirio pascual, símbolo de Cristo Resucitado, durante la cincuentena pascual ha de colocarse junto al altar o al ambón.

Feliz Semana Santa.

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