Un recorrido por la catedral de Sigüenza

En las vísperas de la apertura del Año Jubilar del 850º aniversario de su consagración, que comienza a las 6 de la tarde del martes 19 de junio

 

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Sacerdote y periodista. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

Hace seis décadas, el gran crítico e historiador de arte José Camón Aznar  describió hermosa y atinadamente la catedral seguntina con estas palabras: “Una vez más en tierras españolas, un exterior hosco, macizo y de bélica rudeza, encierra los primores más delicados del arte. Así es la catedral de Sigüenza, cuyo proceso constructivo nos permite seguir la misma evolución del arte cristiano desde el siglo XII”.

Y el escritor y ensayista de la primera mitad del siglo XX José Ortega y Gasset escribió, hará ya cerca de un siglo, poéticamente sobre ella: “La catedral de Sigüenza, toda oliveña y rosa a la hora del amanecer, parece sobre la tierra quebrada, tormentosa, una bajel secular que lleva bogando hacía mi…”.

Desde el siglo XII y consagración en 1169

Todo parece indicar que la actual iglesia de Santa María de los Huertos (siglo XVI), en la Alameda y actual templo del monasterio de las Hermanas Clarisas, se levantó sobre las ruinas de la primitiva catedral seguntina, reconocida como Santa María de Medina o Santa María Antiquísima.

Reconquistada Sigüenza del poder musulmán en el año 1124, gracias a su preconizado pastor, Bernardo de Agén, obispo y guerrero, este procedió enseguida a la construcción de un templo catedralicio que sirviera, a la vez, de fortaleza militar. La actual catedral no es, como afirma el historiador local y sacerdote Felipe Peces –el divulgador por cierto, del  feliz término “Fortis seguntina” para definir y caracterizar acertada y verazmente este templo- , "ni en su elevación ni en sus proporciones la que erigió el obispo Bernardo de Agén en los años de su pontificado".

En el año 1138 el emperador Alfonso VII donó al cabildo la propiedad del terreno sobre el que se levantó la catedral. Inmediatamente después, en torno a 1140 o 1144, comenzó el culto en el templo, erigiéndose quizás alguna pequeña iglesia previa.

Los obispos Pedro de Leucata (1152-1156) y Cerebruno (1156-1166), sucesores inmediatos de Bernardo de Agén, dieron gran impulso a la construcción del edificio. El 19 de junio del año 1169, siendo obispo de la diócesis Joscelmo Adelida -también llamado Goscelmo o Joscelino-, tenía lugar la consagración y dedicación de la catedral de Sigüenza. La fiesta litúrgica de la dedicación de la catedral se celebra el 19 de junio. Esta es la fecha que ahora se conmemora con un año jubilar entre el 19 de junio de 2018 y el 19 de junio de 2019.

La catedral seguntina fue declarada basílica por el Papa Pío XII en 1948, siendo litúrgicamente dedicada o consagrada como templo basilical, quedando como muestra de ello las cruces rojas basilicales sitas en las naves del templo. Era obispo de la diócesis seguntina Luis Alonso Muñoyerro.

Desarrollo de la catedral

Fue el obispo Martín de Finojosa (1186-1192) quien promovió la construcción de una gran catedral gótica, puesta en "hombros" de la románica. El obispo Martín de Finojosa era monje cisterciense y es santo, está canonizado por la Iglesia, con fiesta el 17 de septiembre.

La primitiva planta de esta catedral es del siglo XII, en su mitad, perteneciente al estilo cisterciense, de cruz latina con tres naves, torres cuadradas en los ángulos accidentales, cimborrio sobre el crucero y dos torrecillas en los extremos de este.

Al norte, a comienzos del siglo XVI se levantó el claustro principal, gótico tardío. La fábrica primera es de dos estilos superpuestos; uno románico avanzado y otro, gótico incipiente. La girola y otras dependencias pertenecen a los siglos XVI a XVII. Del siglo XVII, son sus dieciséis tapices flamencos, ocho de ellos –la colección titulada “Alegoría de Palas Atenea”, todo un tratado sobre el buen gobernante y las virtudes cívicas restaurados primorosamente en 2014 y que se exponen en la sala grande –antiguo refectorio- de la panda sur del claustro; y de la misma época son los otros ocho tapices “La historia de Rómulo y Remo”, recién restaurados y que desde el próximo 17 de julio se mostrarán en la igualmente rehabilitada sala de la fragua, también en el claustro.

Tres grandes periodos

Toda catedral es un ser vivo, un edificio en continua evolución y hasta mutación y como tal no deja fácilmente encuadrar en una sola época, en un solo estilo. Con todo, en la construcción de la catedral, podemos distinguir tres grandes períodos globales. El primero corresponde a la catedral medieval, entre los siglos XII-XV, a la que pertenecen las torres y las fachadas, las naves interiores, la capilla del ábside, la capilla mayor la capilla de los Arce (donde se halla el inmortal Doncel, Martín Vázquez de Arce) y el claustro.

La segunda época corresponde a la catedral renacentista y plateresca, con el retablo de la capilla mayor de Giraldo de Merlo, ornamentación de la capilla de los Arce, retablo, de maravillosa restauración reciente, de santa Librada y mausoleo del obispo del siglo XVI Fadrique de Portugal, coro y trascoro, sacristía de las cabezas, capilla del Espíritu Santo, girola, capillas laterales, capillas de San Pedro, de la Anunciación, de San Marcos, del Cristo de la Misericordia (del que luego se abundará) y otras dependencias menores.

A partir de la primera mitad del siglo XVII, llega la catedral barroca, una de cuyas muestras es el retablo de la Virgen de la Mayor, en el trascoro. El neoclásico también dejó hermosas muestras en la catedral como la puerta del mercado, mandada construir en la segunda parte del siglo XVIII por el obispo Juan Díaz de la Guerra.

La catedral en la Guerra Civil

Este hermoso templo catedralicio quedó muy deteriorado durante la última guerra civil española (1936-1939). El crucero, la capilla mayor, las torres del poniente y del mediodía, el coro, el púlpito del evangelio, las capillas de Santa Librada, el retablo de don Fadrique, el retablo de la Virgen de la Mayor, los bellos rosetones, el magnífico órgano y otros elementos quedaron profundamente dañados durante los días de la liberación de Sigüenza. Sus valores artísticos más valiosos -las alhajas, el viril de la custodia, una custodia del siglo XVI, algunos tapices flamencos, vasos sagrados, el cuadro de la Anunciación de El Greco...- habían desaparecido; los valores bancarios, usurpados; el archivo-biblioteca, hundido; el mobiliario destrozado y sus fondos, dispersos y esquilmados.

Asesinado el 27 de julio de 1936 el obispo diocesano Eustaquio Nieto y Martín, correspondía al menguado cabildo catedralicio, tras la entrada en Sigüenza del ejército nacional, la elección de un vicario capitular, un gobernador eclesiástico provisional, un obispo sin mitra y en funciones, para entendernos... Quedaban vivos tan solo cuatro canónigos. Fue elegido el arcediano Hilario Yaben Yaben. A él le correspondieron las primeras, apremiantes e imprescindibles obras y gestiones de reconstrucción de la catedral. Obras y gestiones sin las cuales quizás la catedral no se habría podido mantener en pie.

Tras el final de la Guerra, el Gobierno del general Franco asumió la reconstrucción. El 27 de julio de 1946 la catedral seguntina, cicatrizadas sus heridas, era solemnemente reabierta.

"La Fortis Seguntina"

El edificio de la catedral ofrece semblante militar, respondiendo a una de sus primitivas funciones de templo-fortaleza. Es la "fortis seguntina", ya citada.

El conjunto del templo, y, de forma especial, el interior respira austeridad, energía, armonía y recogimiento. Así, la catedral de Sigüenza -que debe figurar entre las diez/doce mejores catedrales de España- ha merecido encendidos elogios de historiadores, críticos, artistas, turistas, visitantes, literatos y ha generado una bella y amplia literatura.

La catedral del Doncel

Tal vez su elemento más destacado y el que reporta una mayor celebridad a la catedral seguntina sea la singular y bellísima estatua yacente del Doncel, don Martín Vázquez de Arce. Se trata de una extraordinaria escultura en alabastro de finales del siglo XV, trazada en el estilo gótico isabelino y revestida ya de los primeros atisbos del Renacimiento. La escultura del Doncel es un elogio al mejor humanismo, rezumante de espiritualidad y trascendencia, de gallardía e idealismo. Es emblema de la mejor España, entonces todavía alboreante.

La obra destila belleza, lirismo y hasta melancolía. Es como una hechura manriqueña de las “Coplas a la muerte de su padre” del también castellano y coetáneo Jorge Manrique. Su autoría permanece anónima. Y es mejor que así siga…  porque “casi todo lo grande que hay en España es anónimo”, como escribiera al respecto Ortega y Gasset mientras contemplaba el Doncel leyendo siempre la misma página de un ignoto y misterioso libro, “página siempre la misma, página que no se pasa”.

Otros elementos de primer orden son la sacristía de las cabezas, diseñada por el gran Alonso de Covarrubias; los púlpitos de la capilla mayor; los retablos platerescos de Santa Librada y de don Fadrique de Portugal en el transepto de la nave del evangelio; la fachada mudéjar de la capilla de la Anunciación, un prodigio alabastrino de arte mudéjar; el claustro tardogótico; un cuadro de El Greco –la Anunciación-y otro de Tiziano –el Santo Entierro-, ahora en exposición en el  vecino Museo Diocesano de Sigüenza; y la sencilla y elegante custodia procesional del día del Corpus, de finales del siglo XVIII.

Mártires, María, Jesucristo

Las catedrales del Medievo se levantaron todas ellas bajo la tutela, patrocinio y protección de las reliquias de un mártir, en la catedral seguntina la joven mártir aquitana del siglo IV santa Librada, traída en el siglo XII por su paisano el obispo Bernardo de Agén.

El misterio de la Asunción de la Virgen María a los cielos es, mucho antes de su definición dogmática en 1950, la advocación patronal de la diócesis. Y lo es también de la catedral, catedral de Santa María de la Asunción de Sigüenza. De Santa María, como muestra el escudo catedralicio y del cabildo con el emblemático razón de azucenas. Con todo, es la Virgen de la Mayor, en el transcoro, como ya se ha dicho, la más querida advocación mariana de la catedral y de la ciudad, que al tiene por patrona. Es una talla traída también por el obispo don Bernardo en el siglo XII.

Por último, en la girola, se halla la capilla del Santísimo, que está dedicada al Cristo de las Misericordias. Es una esplendorosa y a la par sobria y austera talla de finales quizás del siglo XVI (1599), anuncio de la exuberante imaginería religiosa del barroco. El Cristo de las Misericordias es el Cristo de la agonía, es el Cristo de la lucha, es el Cristo del “Padre, pase de mí este cáliz” y, a la vez, del Cristo de “en tus manos encomiendo mi espíritu”.  Es el Cristo Dios y hombre verdadero.

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En este artículo publicado en 'Alfa y Omega' puedes leer la entrevista realizada al obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara con motivo de la celebración del Jubileo en la catedral de Sigüenza (pincha en este enlace):

 

 

 

 

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