Sintiendo la llamada en Buenafuente

Por Ana I. Gil Valdeolivas

(Delegación de Apostolado Seglar)

 

Este primer fin de semana de cuaresma, ha sido especial, una escapada a Buenafuente, una escapada en definitiva a escuchar a Dios en mi interior.

Como nos decía Lourdes Grosso, “dejar que Cristo se mueva en mi interior”

Comenzábamos el viernes por la noche, con “LA LLAMADA”, una llamada ¿a qué?, nada más y nada menos que a la Santidad, y esta llamada supone algo grande, la mediocridad no tiene cabida. A esto somos llamados por el Bautismo, ser bautizado es querer ser Santo, para mí esto tenía un fuerte impacto, pues este primer día hacía un buen puñado de años que yo fui bautizada un 16 de febrero, Lourdes hacia una pregunta, ¿quieres ser bautizada? Es preguntarte ¿quieres ser santa?, una respuesta afirmativa que dieron mis padrinos y que desde mi madurez voy dando día a día. ¿Qué respondo?

¡SI! quiero ser Santa, quiero estar en Dios, con Dios.

Lo primero en este camino es ver que tierra soy, donde dejo que siembre el Señor, y no olvidar que El sale a sembrar todos los días. Necesidad de mi entusiasmo para echar raíz, quiero ser tierra buena donde acoger la semilla, la Palabra y dar fruto, para ello la necesidad de pedir la Gracia de la verdad, de la sinceridad del corazón, conocerme y saber quién soy y asumir a que soy llamada.

El primer día veíamos como es nuestro camino de conversión, un camino con tentaciones, y donde el desánimo, hoy en día en las personas con Fe nos hace daño.

¿Qué nos falta? La respuesta muy sencilla, Dios en mi vida.  Lourdes nos daba unas pautas: “detente, mira y contempla” y desde aquí lo primero para cambiar, dialogo personal con Cristo, ser capaces de responder a la pregunta:

“Y vosotros y tú quien dices que soy yo?, la respuesta la daré desde mi experiencia de Dios, desde mi proceso continuo de conversión.

¿Cuál es mi opción fundamental? ¿Esta opción recorre todas las acciones? “o conmigo o contra mí”. Si Cristo es mi opción, esta tiene que reflejarse en mi ser, en mi día a día.

Se nos hablaba del joven rico, de Zaqueo, de la Samaritana, se nos pedía detenernos en tres verbos; mirar, amar y decir, por este orden, ahí yo veía que muchas veces lo hago al revés. Este debe ser el orden para amar al prójimo, porque yo no puedo decir, sin mirar y sin amar, cuando lo hago así, normalmente me equivoco.

Esta llamada en este camino de conversión, en este camino a la santidad se construye no excluyendo a nadie como hizo Jesús, y todo ello desde el AMOR, un amor que crece y se construye desde la oración, ¿tengo necesidad de ella?, “ORAR es tocar la eternidad”, tres pilares de nuestra vida espiritual: Oración, La Palabra y los Sacramentos,

Lo primero para oír al Señor, ponerme a la escucha, y cumplir su voluntad con la ayuda de la gracia.

Cristo me revela la intimidad con Dios. Nos enseña a orar “Padre Nuestro que estas…” en este camino a la Santidad se trata de vivir como Hijos de Dios y hermanos entre todos nosotros, sabiendo que “EL NOS AMO PRIMERO”, por lo tanto, la perfección, la santidad es “EL AMOR”, Dios está en nosotros y su amor en nosotros es perfecto. Yo como cristiana, al hacer cosas, lo que tengo que hacer es aplicar el amor de Dios.

Se nos hacía una llamada a orar continuamente, ello es posible porque amar continuamente es posible.

Una tarea ¿Cómo es mi amor en lo cotidiano?, es paciente, no se irrita…todo nos llevaba al domingo, a “LA SANTIDAD” esta es vivir en lo sagrado, esta es para mí, un proyecto de vida, es un DON del Espíritu en nuestro bautizo, cuando soy capaz de acoger este DON se plasma en un compromiso a desarrollar. Es vivir al máximo, y es un camino personal, pero no solos, siempre en comunidad.

Una frase que le voy dando vueltas: “La Santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en mí, en nosotros”, ¿hasta dónde dejo crecer a Cristo en mí?

¿Qué nos puede ayudar a revitalizar este proyecto de vida?:

Reavivar el Don recibido pidiéndolo

Alimentarlo todos los días

 Aplicarlo, no es para mí es para la misión.

Siempre sabiendo que, en este proyecto de vida de la Santidad, no estamos solos, nos acompaña el Espíritu Santo.

Ahora después de esta reflexión en voz alta me queda seguir respondiendo preguntas de mis apuntes y seguir escuchando que quiere Dios de mí, y dejarme hacer.

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