Los Reyes Magos ante un mundo herido

Por Alfonso Olmos Embid

(Director de la Oficina de Información)

 

 

 

La solemnidad de la Epifanía nos presenta a los Reyes Magos que, guiados por una estrella, recorren caminos inciertos para adorar al Niño Dios y ofrecerle oro, incienso y mirra. No son solo personajes entrañables de una tradición popular; representan a una humanidad que busca la verdad, reconoce a Dios y se arrodilla ante Él con humildad. Hoy, sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿qué mundo encontrarían los Reyes Magos si llegaran a nuestra realidad actual?

Vivimos tiempos marcados por el estruendo de las armas. Guerras prolongadas y olvidadas, nuevas invasiones, civiles masacrados y millones de desplazados claman al cielo mientras la comunidad internacional parece acostumbrarse al horror. En este contexto, la mirra, símbolo del sufrimiento, ya no es una profecía lejana, sino una experiencia cotidiana para demasiados pueblos.
A ello se suma la persecución silenciosa, y a veces sangrienta, de millones de cristianos en distintos lugares del mundo, discriminados, encarcelados o asesinados por confesar su fe. Una realidad incómoda que apenas ocupa espacio en titulares, como si la libertad religiosa fuera un valor negociable.
España tampoco es ajena a esta crisis moral. La fractura social, la soledad de los mayores, la precariedad de los jóvenes y el progresivo arrinconamiento de la fe en la vida pública revelan una sociedad rica en recursos, pero empobrecida en sentido y esperanza. Hemos cambiado el oro de la justicia por el brillo del consumo, el incienso de la oración por la prisa constante, y miramos de lejos la mirra del dolor ajeno.
La Epifanía nos interpela: como los Magos, estamos llamados a ponernos en camino, a reconocer a Cristo en los más vulnerables y a ofrecer no solo regalos simbólicos, sino una conversión real del corazón. Solo así la estrella volverá a brillar.