Al Cristo del retablo mayor de San Ginés

Por Juan Pablo Mañueco

(escritor y periodista)

 

 

 

Cristo de San Ginés de barba luenga
y aun más larga sobre hombro cabellera,
acoge esta efigie y ama entre madera
que rédito en fe y paz siempre devenga.

De lo alto del altar su gesto arenga
al perdón y humildad, de tal manera
que su sumisa vista aún quisiera
inclinarse ante el Padre hasta que venga.

La túnica corinto aún quisiera,
igual que Él la recoge con su mano
izquierda, que a todo hombre recogiera

y aun bendice en la diestra en tal manera
que sembla -por humilde- más cristiano
y acepto me bendiga esa su mano.

 

 

 

Juan Pablo Mañueco

Premio CERVANTES-CELA-BUERO VALLEJO, 2016.

Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

 

Vídeo autor:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

La Milagrosa

Apuntes del culto y del significado de la medalla milagrosa de la Virgen María, cuya fiesta es el 27 de noviembre y es muy celebrada por la Familia Vicenciana

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

El 27 de noviembre de 1830, aquel año víspera del primer domingo de Adviento (en 2022, primer domingo de Adviento) una humilde hija de la caridad francesa, Catalina Labouré (1806-1876) recibió unas revelaciones acerca de una aparición y mensaje de la Virgen María con el encargo de difundir el culto y sentido de las mismas, contenidas en un marco oval, en una pequeña medalla.  Es la génesis del culto a la Medalla Milagrosa de la Virgen María, cuya esencia es propagar la devoción a María, mostrar su identidad y llamar al Pueblo de Dios a que la invoque y logre por su intercesión las gracias de su Hijo Jesucristo.

Aquella aparición estaba en estrecha relación con la ya había experimentado el 18 de julio del mismo año.  Pero la religiosa tan solo informó de ambos sucesos a su confesor, el padre Alabel. Y tan solo, ocho meses antes de su muerte, el 31 de diciembre de 1876, se supo la identidad de la vidente.

 

Virgen Milagrosa en San Pedro de Sigüenza

 

La Medalla Milagrosa desde 1832

 

Con todo, ya antes, desde 1832 y una vez que el confesor de la religiosa hablara del tema con el arzobispo de París, monseñor Hyacinthe-Louis de Quélen, sin revelar la identidad de Catalina y tras proceder este, el prelado, a una estudio e investigación acerca del contenido de las revelaciones, comenzó la difusión de este culto. Las medallas fueron diseñadas y elaboradas por el orfebre Adrien Vachette.

En 1832, durante la epidemia de cólera que causó la muerte de 20.000 personas en París, se empezaron a distribuir las primeras medallas, a las que se atribuyeron numerosas curaciones, lo que derivó a su vez en una gran cantidad de conversiones, recibiendo el nombre de Medalla Milagrosa por parte de los ciudadanos. Para 1876, año de la muerte de Catalina, ya se habían distribuido más de un millón de medallas.

 

Descripción de la medalla, según la visión de Catalina

 

En la cara de la medalla, aparece la Virgen María de pie sobre un globo, aplastando una serpiente. Al describir la visión original, Catalina dijo que la Virgen apareció radiante como el sol naciente, «en toda su perfecta belleza». De las manos de María, emanan varios rayos de luz, que significan las gracias que por las que María intercede a petición de sus devotos. Las palabras «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti» circundan el marco oval, la medalla en su cara o anverso, que se remata, en su parte inferior por un globo o nubes celestiales y la fecha de 1830, el año de las apariciones.

En el reverso de la medalla, a inspiración de María, según la visión de Catalina, aparece en el centro una cruz sobre una gran letra M y enlazada a esta por una base horizontal. Están también doce estrellas dispersas en torno al perímetro del marco oval (la descripción de María en el libro del Apocalipsis, capítulo 12, versículos 1 a 9). Y se completa el reverso de la medalla por dos corazones flamígeros en la parte inferior, el izquierdo rodeado por una corona de espinas (evocación de la coronación de espinas de Jesucristo) y el derecho atravesado por una espada (inequívoca alusión al pasaje evangélico de la presentación del Niño Jesús - Lucas 2, 33-35- cuando el anciano Simeón profetiza a María que a Ella una espada de dolor le traspasará el corazón, en anunció de la pasión redentora de su Hijo).

 

Simbolismo de la medalla

 

Los elementos que figuran en la medalla representan atributos marianos y católicos. En la cara o frente de la medalla, los brazos abiertos de María es una expresión de la permanente actitud de acogida de María a todas las personas, que son también hijos suyos.

Los rayos que emanan de sus manos y alcanzan toda la tierra es símbolo de las «gracias», que María intercede por nosotros del Corazón de Jesús. Por ello, además, Medalla Milagrosa es también conocida como Medalla de Nuestra Señora de las Gracias

La leyenda ya citada y que circunda la medalla alude a la Concepción Inmaculada de María, «sin pecado concebida», verdad de fe de la Iglesia, vivida como tal como el alba del cristianismo, pero que no fue declarado dogma de fe hasta 1954, por el papa beato Pío IX.

También vivido por la Iglesia a lo largo de su historia, pero no declarado dogma de fe hasta 1950 por el Papa Pío XII, es la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, y que en la medalla milagrosa se refleja al aparecer María de pie sobre un globo, representación de la Tierra.

Asimismo, la medalla incluye a María aplastando una serpiente, representación de Satanás y del pecado original (Génesis 3). María es la nueva Eva, al ser la madre del Salvador.

En el reverso de la medalla, la letra M significa Madre, María, Mediadora. La Cruz con barra es la Cruz de la Redención. El entrelazamiento de la cruz y la letra M simboliza la unión entre la Virgen y Jesús, implicando también su papel como Mediatrix, la palabra latina que se traduce como Mediadora (la Iglesia católica proclama e invoca a María como mediadora universal de todas las gracias).

Las doce estrellas simbolizan a los doce apóstoles y, como se dijo antes, evoca, asimismo, la visión de san Juan en el libro neotestamentario del Apocalipsis, 12:1: «Y una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas».

El corazón izquierdo es el Sagrado Corazón de Jesús, quien murió por los pecados de la humanidad, reflejado en la corona de espinas. Y el corazón derecho, Inmaculado Corazón de María, quien intercede por los pecadores. La espada que lo atraviesa, símbolo del dolor de la Virgen ante el rechazo a Dios por parte de algunos de sus hijos, recuerda, a su vez, y como ya se indicó, la profecía de Simeón en el Evangelio.

Y el fuego que brota de los corazones expresa el amor ardiente de Jesús y María por la humanidad.

 

Culto, devoción, popularidad

 

Numerosos santos y beatos portaron la Medalla Milagrosa. San Juan María Vianney, el santo cura de Ars y coetáneo de Catalina Labouré, hizo representar el reverso sobre la puerta del sagrario de una capilla dedicada a la Virgen, a la que dedicó una parroquia en 1836.

San Juan Gabriel Perboyre, primer santo de China, quien murió martirizado en 1839, dejó constancia en sus cartas de numerosos milagros atribuidos a la medalla.

Beato Federico Ozanam, el laico fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl, la llevaba siempre consigo, como también santa Bernardita Soubirous o santa Teresa de Lisieux.

Todos los anteriores santos o beatos citados eran franceses y del siglo XIX. Pero la medalla milagrosa fue también portada por el inglés san John Henry Newman, también del siglo XIX, quien la llevaba consigo cuando se convirtió al catolicismo, al igual que Alfonso de Ratisbona, a quien la Virgen se apareció en Roma del mismo modo en que figura en la medalla.

San Maximiliano Kolbe, fundador de la Milicia de La Inmaculada, ya en el siglo XX y mártir de Auschwitz, solía decir que las medallas eran su «munición» cuando las repartía.​ Santa Teresa de Calcuta propagaba frecuentemente la devoción a la Medalla Milagrosa, mientras que el papa san Juan Pablo II empleó una pequeña variante del reverso de la medalla como escudo de armas (la cruz mariana, consistente en una cruz plana con una M bajo el extremo derecho, representativo de la presencia de la Virgen a los pies de Jesucristo crucificado), San Juan Pablo II visitó la Capilla de la Medalla Milagrosa el 31 de mayo de 1980.

 

¿Quién fue Catalina Labouré?

 

Beatificada por Pío XI en 1933 y canonizada por Pío XII en 1947, se estableció como fecha de su memoria litúrgica el 28 de noviembre, al día siguiente de la fiesta de la Virgen Milagrosa.

Catalina Labouré nació en la región francesa de la Borgoña, el 2 de mayo de 1806, hija de un granjero. Fue la novena de once hermanos. ​ Su madre murió cuando Catalina tenía solo 9 años. Y tres años más tarde, Catalina ya pasó a trabajar en la granja de su padre. Cuando tenía catorce años, su hermana María Luisa, ingresa a las Hijas de la Caridad; y ella pronto siente también la vocación, a la que niega su padre, que la envía París para que trabaje en la cantina de uno de sus hermanos, Charles.

 

Virgen Milagrosa en su capilla de París

 

En París, Catalina descubre la miseria de la gente y se reaviva su vocación religiosa a fin de socorrer a los más necesitados, En 1830, su padre aceptó que fuese religiosa, pero se negó a pagarle la dote, que fue sufragada por su hermano Hubert, un joven teniente.

Entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad, una sociedad de vida apostólica femenina de derecho pontificio, fundada el 29 de noviembre de 1633, por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, con el fin de dedicarse al servicio corporal y espiritual de los pobres   Fue admitida el 21 de abril de 1830 en el Seminario de las Hijas de la Caridad, situado en el número 140 de la calle del Bac en París, lugar donde tuvo sus relevaciones acerca de la Medalla de la Virgen Milagrosa.

Posteriormente, fue destinada al hospicio de Enghien, en la calle de Reuilly de París. Durante cuarenta y cinco años se dedicó a oficios humildes: cocina, atención a ancianos, portería, vividos con gran caridad y una intensa viva espiritual, muy marcada por su devoción a María.

Ocho meses antes de su muerte, cuando ya se encontraba muy anciana, enferma y agotada por los años de servicio a los más pobres y su antiguo confesor ya había fallecido, le reveló, con todo detalle, a su superiora que era ella la vidente de las apariciones en la capilla del Bac.

Falleció en París el 31 de diciembre de 1876. Como la superiora de su comunidad, ocho meses antes de su muerte, como se dijo antes, ya había hecho público que Catalina era la vidente de la Medalla Milagrosa, cientos de personas asistieron a sus funerales y se cuenta de que un niño paralítico, que había sido llevado por sus padres al funeral de sor Catalina, pudo volver a caminar en el momento que tocó el ataúd de la santa. Su cuerpo se conserva incorrupto y puede ser venerado por todos los peregrinos que llegan a la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa de París.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 25 de noviembre de 2022

Adiós a la cojera

Por José Ramón Díaz-Torremocha

(Conferencia Santa María la Mayor en Guadalajara)

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A mi amigo P.

 

En mi artículo publicado el mes de noviembre pasado en éstas mismas páginas, que me permito citar con la venia de mis queridos lectores, escribía sobre “La Caridad inventiva” que era su título y afirmaba que: No nos fundaron (a las Conferencias de San Vicente) para cosa diferente que para innovar frente al dolor de los otros”. En los Hechos, nos cuentan que Pedro ante una petición, contestó: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo……”  (Hechos 3,6)

Posiblemente no haremos caminar a un cojo, - decía entonces -, pero para cada uno el Espíritu nos prestará la palabra, la fuerza que se necesite y la capacidad para aliviar un tanto el sufrimiento, del otro, del prójimo. 

No preveía en aquellos momentos, que iba a venirme a las manos por parte de un amigo, una historia en la que sí se hace caminar a un cojo. Si sigue siendo comprensivo el lector, diré como definición particular y simple de cojo en esta oportunidad, la de aquella persona que tiene dificultades para trasladarse de un lugar a otro por una causa física en la mayoría de las ocasiones. Pero también se usa, cuando nos referimos a una causa cualquiera que nos impide hacer algo determinado: (“es cojo pues su falta de formación le impide optar a lo que desea; está cojo pues es muy tímido para optar a…”) Pero ¿no habrá hoy mayor cojera que la de no poder aceptar un trabajo por falta de medios para trasladarte al lugar del potencial empleo? La impotencia, cuando esto último sucede y hay varias bocas que alimentar en casa, tiene dolor añadido. Es cojo, aunque camine con sus piernas, pues no puede trasladarse allá donde desea y necesita para poder acceder a un trabajo digno, por falta de los medios adecuados.

Vayamos con la pequeña historia parte real y parte soñada.  Al padre de familia, le había surgido un trabajo después de muchos meses. Pero, como ocurre frecuentemente, había una dificultad: ¡Tenía que trasladarse todos los días a bastantes kilómetros de distancia desde su hogar, para atender esa nueva oportunidad de trabajo! Se derrumbó un tanto. No había posibilidad de hacerlo pues entre las muchas cosas que había perdido, una de ellas era su medio de transporte y el público no ayudaba en esa ocasión. ¡Tendría que rechazarlo y seguir viviendo entre estrecheces y su familia con él!

Recordó que un amigo, poseía un automóvil un tanto pasado de moda de su propiedad, pero que bien seguro le sería muy útil en su necesidad.  Así, le comentó su necesidad y em su amigo encontró la solución

El automóvil, aunque todavía era capaz de andar y prestar un buen servicio, como se ha dicho, tenía algún pequeño fallo que sería sin duda un caro engorro para su amigo al que quería hacérselo llegar para resolver su problema. Darle el coche sólo, no era la solución completa. Pero todo lo que viene de Dios tiene arreglo.

Soportando el coste, que sin duda supuso, llevó el automóvil a un Taller mecánico para que lo revisaran y lo pusieran al día. Finalmente, se preparó la documentación para traspasárselo a aquel que estaba un tanto cojo, con toda legalidad.

¡Por su cristiana acción, el cojo ya andaba!  Decía más arriba que me emocionó la acción del amigo. Me emocionó pues con frecuencia, he visto numerosos intentos de ayudar a alguien sin pensar en el “alguien” y lo que verdaderamente necesite.  He visto en demasiadas ocasiones, atender a aquello que “nosotros” creemos que necesita el prójimo, pero sin escuchar al protagonista.  Sin escuchar al “cojo”

Reaccionar así, recibir un ejemplo de esas características, es un don que viene de arriba. Don que recibes del Misericordioso. Gracias, amigo P. por tu parte de la realidad de esta pequeña historia, gracias por esta enseñanza que puedo compartir con otros amigos del mundo.

A mis amigos vicentinos, me permito recordarle la necesidad de oración cara a la elección de un nuevo presidente/a general. ¡¡Anímense a presentar consocios que les parezcan óptimos para el servicio¡¡ Asia, América y Africa, nos ofrecen un verdadero semillero de firmes y serios candidatos.

Cuantos más entre los que poder elegir, mejor.

A María, siempre a Cristo con y por María.

Goodbye to lameness

José Ramón Díaz-Torremocha

(Conference of Santa María la Mayor, Guadalajara - Spain)

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To my friend P.

 

In my article published last November in these pages, which I allow myself to quote with the permission of my dear readers, I wrote about "Inventive Charity" as was its title and I stated that: "We (the Conferences of St. Vincent) were not founded for anything other than to innovate in the face of the sufferings of others". In the Acts, we are told that Peter, in response to a request, answered: "I have neither silver nor gold, but what I have I give you; in the name of Jesus Christ…." (Acts 3,6)

We may not be able to make a lame man walk, I said then, but the Spirit will lend each of us the words, the strength we need and the ability to relieve some of the suffering of others, of our neighbour.

I did not expect at the time that I would receive from a friend a story in which a lame person is indeed made to walk. If the reader is still sympathetic, I will say as a singular and simple definition of lame in this occasion, that of a person who has difficulties to move from one place to another due to a physical cause in most of the cases. But it is also used when we refer to any cause that prevents us from doing something specific: ("he is lame because his lack of education prevents him from choosing what he wants; he is lame because he is too shy to opt for..."). But is there any greater limp today than not being able to accept a job due to the lack of means to travel to the place of potential employment? The powerlessness, when the latter happens and there are several people at home to feed, has added suffering. He is lame, even if he walks with his legs, because he cannot go where he wants and needs that to get a decent job, due to lack of the appropriate means.

Let's go through the little story, part real and part dreamt. The head of the household had found a job after many months. But, as often happens, there was one difficulty: He had to commute many miles away from home every day to take up this new job opportunity! He was somewhat downcast. There was no way he could do it, for among the many things he had lost, one of them was his means of transport, and public transport did not help on this occasion. He would have to decline it and go on living in hardship, and his family with him.

He remembered that a friend of his had a somewhat old-fashioned car of his own, but which most certainly would be very useful to him in his situation.  So, he told him of his need and his friend found the solution.

The car, although still capable of running and providing a good service had some small fault, as has been mentioned, which would certainly be an expensive nuisance for the friend to whom he wanted to give it in order to solve his problem. Just giving him the car was not the full answer. But everything that comes from God has a solution.

Bearing the cost, which he no doubt had to pay, he took the car to a garage to have it serviced and brought up to date. Finally, the paperwork was completed so that the car could be legally handed over to the man that was somewhat lame.

Through his Christian action, the lame man was walking! I said above that I was touched by the friend's action. I was moved because I have often seen numerous attempts to help someone without thinking about the "someone" and what he or she really needs.  I have seen too many times, taking care of what "we" think the other person needs, but without listening to the person in question.  Without listening to the “lame”.

To react in this way, to receive such an example, is a gift from above. A gift you receive from the Merciful One. Thank you, friend P. for your part in the reality of this short story, thank you for this teaching that I can share with other friends in the world.

To my Vincentian friends, let me remind you of the need for prayer in view of the election of a new President General. I encourage you to propose members who seem to you the most suitable for service! Asia, America and Africa offer us a real seedbed of solid and serious candidates.

The more to choose from, the better.  

To Mary, always to Christ with and through Mary.

 

De nuevo, el Sínodo diocesano (1): ahora, "Desafiados"

Los grupos del Sínodo diocesano han retornado a sus encuentros, ya con el cuaderno sinodal 2 "Desafiados", a trabajar desde octubre hasta enero

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra diócesis de Sigüenza-Guadalajara, retomó, a comienzos de octubre, los trabajos en grupos, comunidades y parroquias de su sínodo diocesano, bajo el lema “El Sínodo diocesano nos impulsa a evangelizar”. Al efecto, se ha editado y distribuido del segundo cuaderno de trabajo, en realidad el tercero.

En el primer cuaderno de trabajo, el llamado cuaderno cero, se plantearon tres grandes cuestiones: “¿Qué es una diócesis?”, “¿Qué es un sínodo?” y “¿Qué es evangelizar?”. Este cuaderno cero se presentó y entregó el 25 de enero de 2020. Pero llegó la pandemia, que, aunque, como luego veremos, no se interrumpió el camino sinodal, sí le imprimió unas características nuevas y obligó a posponer sus planes temporales previstos.

A finales de enero de 2022 y durante todo el primero semestre de este año, se trabajó en el cuaderno 1, titulado “Llamados” (Mirada hacia dentro: “Reaviva el don de Dios que hay en ti…”, frase de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo). En el cuaderno sinodal 1 se trabajaron estos temas: la vocación, los fundamentos de la fe, la espiritualidad cristiana, la coherencia fe-vida y la comunión eclesial.

Y ahora la diócesis trabaja en el cuaderno 2 “Desafiados” (Mirada hacia fuera: “Jesús, mirándolo lo amó”, frase del evangelio de san Marcos, en el encuentro de Jesús con el joven rico).

 

Presentación del cuaderno sinodal 2

 

Dice el salmista “Me enseñarás el camino de la vida” (Sal 15,11) y el poeta “Se hace camino al andar”. Continuamos nuestro camino sinodal, caminando juntos en este proceso de sinodalidad diocesana, en el que el Espíritu nos está moviendo. “El camino de la sinodalidad es –dice el Papa Francisco– “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

En este Cuaderno número 2, seguimos con la misma propuesta de los anteriores en lo que se refiere a la dinámica de los encuentros de los grupos sinodales. Han de ser encuentros orantes, en los que el grupo se pone en la presencia del Señor, invocando al Espíritu, para reflexionar sobre los temas sinodales, y después de ser iluminados por la Palabra de Dios y por el magisterio de la Iglesia, se pueda dialogar y aportar propuestas para presentar a la asamblea sinodal final.

El título del cuaderno es “Desafiados”. Después de haber descubierto la misión y vocación a la que hemos sido llamados, personalmente y como Iglesia diocesana, después de habernos dejado iluminar por el cuaderno número 1 y haber reflexionado sobre nuestra propia identidad de cristianos, miramos hacia la realidad en la que nos toca vivir. Es el hoy de la historia humana y es el hoy de la historia de la salvación. Y, en verdad, esa realidad nos desafía, no puede dejarnos indiferentes y ajenos a los signos de los tiempos en los que somos, nos movemos y existimos.

La vida siempre es un reto, un desafío y la actualidad del momento presente nos empuja a nosotros como Iglesia a no hacer y pensar siempre lo mismo; nos empuja a aportar la experiencia del Resucitado y los valores evangélicos a la sociedad actual en la que vivimos, y nos empuja a dar sentido cristiano, ya que el serlo verdaderamente humaniza la sociedad en la que vivimos.

El cuaderno sinodal “Desafiados” nos provoca el entusiasmo de saber que el Resucitado tiene una palabra para este mundo que no se puede quedar sin ser escuchada, y nosotros como Iglesia diocesana queremos discernir cuál y cómo será la mejor manera de anunciarla.

 

 

 

Cinco temas en este cuaderno sinodal

 

Cinco son los temas sobre los que se invita los grupos sinodales a reflexionar. El primero de ellos es la juventud, o mejor, las juventudes, pues no se puede encasillar mentalidades, actitudes o comportamientos juveniles como si todos los jóvenes estuvieran uniformados en maneras de ser y expresarse. Sabemos que muchos jóvenes están lejos de la Iglesia, pero, aun con las dificultades que encontramos, la Iglesia no quiere estar lejos de los jóvenes.

El segundo tema es la mujer. Nos preguntaremos cuál es y cuál debe ser el verdadero espacio que la mujer ha de tener dentro de la sociedad, la familia y la Iglesia diocesana. En la igualdad de dignidad y diferencias enriquecedoras con el hombre, deberemos reflexionar sobre el papel y el aporte femenino que necesitan la sociedad y la Iglesia.

Otro gran desafío evangelizador para una Iglesia en salida son los “alejados”.  ¿Quiénes son los alejados? Con este término, nos referimos a las personas que no creen en la existencia de Dios, a los agnósticos, que o no se lo preguntan o piensan que no hay una respuesta posible sobre la experiencia personal de Dios. Nos referiremos también a los no practicantes de los sacramentos, liturgia y demás actividades de la Iglesia, y a los indiferentes ante el hecho religioso. Por último, en este grupo se incluyen las personas que antes participaban de la vida de la Iglesia de manera más o menos activa y ahora se han alejado.

El cuarto tema sinodal es la atención pastoral a personas en situaciones diversas. Este tema se desarrolla en dos partes. En primer lugar, son las diversas situaciones de familia, formas de unión personal o maneras de vivir las relaciones familiares; y, en segundo lugar, trata de reflexionar sobre cómo acoger y acompañar personal y pastoralmente a las personas que manifiestan tendencias homosexuales u otras formas de orientación sexual, algunos de los cuales viven en pareja. Ciertamente, es este un gran desafío para las familias, para la pastoral diocesana y de toda la Iglesia, para la teología y la concepción cristiana de la existencia.

Finalmente concluye el cuaderno con una propuesta de diálogo eclesial sobre la ecología. Se considera el amor y cuidado de la naturaleza como creación de Dios desde la ecología integral. Según ésta, el hombre y la mujer han sido puestos por el Creador para cuidar de la naturaleza y de la misma persona humana como su centro.

 

“Los desafíos están para superarlos”

 

Con el acercamiento a estos temas desde la reflexión iluminada por la Palabra de Dios y el magisterio de la Iglesia, la oración, desde el diálogo en los grupos sinodales y focalizando bien la realidad en la que vivimos, surgirán propuestas concretas para la futura asamblea sinodal.

En definitiva, el espíritu del trabajo sinodal que se propone en este cuaderno es que “los desafíos están para superarlos”, como escribe el Papa Francisco en su programática y gran exhortación apostólica “Evangelii gaudium” (EG 109) y transformarlos positivamente en oportunidades de evangelización, siguiendo los senderos de la escucha, la razón y la propuesta cristiana.

 

Y después de este cuaderno sinodal, ¿qué queda todavía?

 

El sínodo diocesano se halla ahora en su segunda fase (la fase de los grupos sinodales), a la que todavía quedan pendientes por editar y trabajar otros dos cuadernos más para los grupos sinodales. “Evangelizamos. Retos evangelizadores” es el enunciado del tercer bloque y cuaderno, cuya referencia o lema bíblico es “Sois la luz y la sal del mundo” (cfr. Mateo, 5, 13a.14ª). Sus cinco temas concretos son estos: familia, laicos, mundo rural, formación cristiana y celebración de la fe. Todavía no se ha hecho pública de modo oficial la fecha del comienzo del trabajo sobre estos. Podría ser desde febrero a junio de 2023.

Por fin, el cuarto bloque de temas, el cuaderno cuarto, rezará “Servimos. Acción social y vida pública”. Su referente bíblico es la frase del evangelio de san Juan “Para que tengan vida…” (Juan 10,10). Y su temario incluye estas cinco cuestiones pastorales: pobreza, pastoral de la caridad, solidaridad, vida pública y comunicación”.

Completada la fase segunda y desde ella, mediante las ponencias, llegará la tercera: la asamblea sinodal, con las sesiones y modalidades que correspondan y sus conclusiones y documento final y misa solemne de clausura. Finalmente, la fase cuarta será la de la aplicación y la de la conversión pastoral en aras a ser Iglesia en salida misionera.

 

Breve historia del Sínodo Diocesano

 

El jueves 17 de mayo de 2018 el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez Martínez, anunció al consejo presbiteral su voluntad de convocar un sínodo diocesano. Posteriormente, fue reiterando en otros organismos y foros diocesanos esta decisión y procedió a dar los primeros pasos. Así, tuvo lugar la creación de la Secretaría General del Sínodo (con el sacerdote Ángel Luis Toledano Ibarra, párroco de San Diego de Guadalajara, al frente) y seis comisiones sectoriales de trabajo (Teológica, Canónica, Litúrgica, Pastoral y de Comunicación y Publicaciones). El sínodo diocesano fue abierto, con una solemne y muy concurrida eucaristía en la catedral (más de un millar de personas) el 2 de diciembre de 2018.  Asimismo, el obispo creó el consejo de dirección con sínodo, con una comisión permanente. Con anterioridad y con fecha 8 de septiembre de 2018, don Atilano escribió la carta pastoral titulada “¿Para qué un Sínodo?”.

En 2019, se fueron elaborando el reglamento sinodal, la misión del consejo sinodal, los materiales divulgativos, didácticos y pastorales, el lema –“Vívelo”-, la oración oficial, y una gran encuesta previa, con 169 preguntas y que fue respondida por 5.515 personas. Se hizo un elenco y clasificación de los temas y se dejó todo preparado para una nueva, ya citada, gran cita: 25 de enero de 2020 con la presentación oficial de los grupos sinodales (entonces 186 grupos, 2.176 personas inscritas) y la entrega del cuaderno cero para el trabajo sinodal en grupos, trabajado durante mes y medio. Además, se eligieron cuatro grandes de temas para trabajar en grupos y se designaron los ponentes y se elaboró un calendario concreto para este itinerario sinodal.

 

Sínodo en pandemia y sínodo universal

 

Pero llegó el 15 de marzo de 2020 y el Sínodo comenzó una etapa nueva e imprevista, una etapa de “catacumbas” o de alargada espera pentecostal. Y en medio de todo ello, desde la voluntad de que la llama del Sínodo no se apagará se trabajó en el himno sinodal oficial y en otras canciones y en nuevos y sencillos nuevos materiales de reflexión y hasta se editaron mascarillas sinodales…

Durante el primer semestre de 2021, se trabajó en doce fichas sinodales distintas, vigilias de oración, la publicación de un disco con ocho canciones más el himno sinodal diocesano oficial, cuyo autor es Lorenzo Sánchez, una columna mensual en “EL ECO”, escrita por el secretario del Sínodo, un encuentro telemático diocesano el 19 de junio, varias cartas del obispo sobre el tema, distintas reuniones del consejo de dirección del sínodo y otras actividades varias.

Además, nuestra diócesis se sumó, en el otoño e invierno pasados, como no podía ser de otro modo, a la convocatoria del Papa Francisco de llamar a todas las diócesis de la Iglesia a ponerse en camino y trabajar en fases diocesanas ante el próximo Sínodo de los Obispos de octubre de 2024, sobre el tema “Por una Iglesia sinodal. Comunión, participación, misión”.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 18 de noviembre de 2022

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