Madre admirable

Por Rafael García Serrano

(Conferencias de San Vicente de Paúl en Guadalajara)

 

 

 

 

Yo soy feliz porque estás tú.

Si tu felicidad es darnos

de lo mucho que tú tienes,

yo te entrego todo lo que tengo

y me parece bien lo que dispongas.

No quiero en mí rincones, cuevas, pozos

o secretas lagunas desecadas

donde pueda estancarse tu agua limpia:

donde está tu vida está la mía,

bastante es que me quieras todavía.

En mis ojos quisiera que estuviesen

los tuyos de paz en cuanto miro,

tuyas son mis verdades más secretas,

tuya es la luz que me ilumina.

 

¡Volvamos con alegría a la eucaristía!

La Iglesia nos recuerda que, aun en tiempos de pandemia y con las debidas precauciones, la asistencia presencial en misa dominical es el quicio de la fe

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

La Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, con la aprobación expresa del Papa Francisco, ha hecho pública  recientemente una carta a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, en la que el prefecto de la misma, el cardenal Robert Sarah, afirma la necesidad de volver a la normalidad de la vida cristiana, allí donde la emergencia sanitaria causada por la pandemia lo permita.

El texto afirma que, ante una circunstancia tan imprevista y compleja, es urgente volver a la normalidad de la vida cristiana, valorando el sentido de pertenencia a la comunidad y viviendo la eucaristía presencialmente.

El purpurado destaca el valor de los medios de comunicación durante todo este tiempo para acercar las celebraciones a los hogares, pero propone volver a acudir a las iglesias a celebrar la misa, especialmente el domingo. Sugiere, además, seguir las normas de higiene y seguridad y colaborar con las autoridades. Subraya también que es necesario valorar los signos litúrgicos, los lugares y los objetos sagrados y respetar las normas litúrgicas.

 

Nuestros templos están en condiciones para recibir fieles

Y en este sentido, nuestros templos están cumpliendo todas las normativas sanitarias vigentes: aforo (el 75% en la mayoría de las parroquias de la diócesis; el 50%, en algunas localidades importantes como Guadalajara, Azuqueca, Marchamalo, Sigüenza, Mondéjar y algún otro pueblo), servicio de hidrogel, desinfección frecuente, uso obligatorio de la mascarilla, distancia interpersonal –no olvidemos que la inmensa mayoría de nuestros templos son muy grandes y permiten amplia capacidad de personas-  y demás recomendaciones.

Y en todo este contexto, ofrezco ahora una serie de materiales y de reflexiones sobre la eucaristía y la misa dominical, que puedan servir para el necesario relanzamiento de la presencialidad –esto es: acudir físicamente a misa los domingos sin miedos y sin temeridades, con responsabilidad y confianza- de la misa dominical.

El Concilio Vaticano II afirma que la eucaristía es "fuente y culmen de toda la vida cristiana”. Y "los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua", como se lee en el número 5 del decreto del Concilio Vaticano II sobre la vida y ministerio de los sacerdotes.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 1327, afirma: “En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe. «Nuestra manera de pensar armoniza con la eucaristía, y a su vez la eucaristía confirma nuestra manera de pensar»" (San Ireneo de Lyon).

Y es que la eucaristía, sobre todo la eucaristía dominical, es la fuente y cumbre de la vida cristiana y barómetro infalible de la coherencia entre la fe y la vida de los cristianos.  La misa no lo es todo, por supuesto, pero sin la asistencia dominical frecuente, el resto de la vida cristiana corre el riego cierto y grave de volatilizarse, tarde o temprano. Es el termómetro de la fe y de la pertenencia y vivencia eclesial sin duda.

Así estaba el altar de la parroquia de San Pedro el domingo del DOMUND, tres días después de la fiesta de Santa Teresa de Jesús

 

Decálogo de la Eucaristía vista de la Misa

 

1.- La Eucaristía es Asamblea, Comunidad, Congregación, Pueblo, Iglesia. La Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía.

2.- La eucaristía es perdón, impetrado, ofrecido y recibido. Es reconciliación y es paz. La Misa comienza con el acto penitencial, en el que nos manifestamos necesitados del perdón, y la misa incluye también el rito de la paz, donde experimentados el gozo de la reconciliación y el anhelo de la paz.

3.- La Eucaristía es Palabra de Dios. La mesa eucarística es pan de la palabra. Dios nos habla con su Palabra en cada misa. Son palabras de vida eterna.

4.- La Eucaristía es profesión de fe, expresada en la recitación de Credo. La Eucaristía actualiza nuestra fe en Dios Padre, Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo y en su prolongación a través de la Iglesia. La Eucaristía es profesión y testimonio de la fe.

5.- La Eucaristía es ofrenda. En el ofertorio de la misa ofrecemos limosnas en favor de los necesitados y de la comunidad eclesial y nos ofrecemos nosotros mismos como ofrenda permanente al Señor y a su Iglesia.

6.- La Eucaristía es la cruz y la pascua. Es su memorial y actualización.  Es cenáculo. Es el Calvario: el monte de la cruz y el jardín de la resurrección. ES el sacramento de nuestra fe: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús".   

7.- La Eucaristía es oración y compromiso de fraternidad. Lo expresamos en Padre Nuestro de cada misa. Reconocemos que Dios es nuestro Padre y que nosotros somos hermanos. Pedimos el pan nuestro de cada día para nosotros y para toda la humanidad.

8.- La Eucaristía es comunión. Es comunión con Dios y con los hermanos. Es comunión con la Iglesia. Es comunión que nos transforma en cuerpo y en sangre de Dios. Es comunión en prenda de la verdadera y definitiva Comunión del Reino de los cielos.

9.- La Eucaristía es acción de gracias. Esta acción de gracias se expresa en el mismo nombre y significación etimológica de la palabra "Eucaristía". En la misa es acción de gracias en el prefacio de la misa y en la oración de postcomunión. 

10.- La Eucaristía es misión. El "podéis ir en paz" del final de la misa es llamada a la misión y al testimonio. La Eucaristía es origen y camino de la Evangelización. La Eucaristía es Jesucristo, el objeto y sentido de la misión y de la evangelización.

 

Diez actitudes de vida cristiana y de eucaristía desde la misa

 

1.- Una actitud orante. A la Eucaristía vamos a rezar, a tratar de amistad con quien sabemos nos ama. El –el Señor de la Eucaristía- nos mira con amor en la Eucaristía.  Y ¿cómo le miramos nosotros? ¿Cómo es nuestra mirada?

Esta actitud orante se traduce en la misa a la alabanza (el Gloria), es impetración e intercesión (preces u oraciones de los fieles). Es acción de gracias (doxología final). Es Padre Nuestro. Es diálogo de intimidad (oración de postcomunión).

2.- Una actitud, un estilo comunitario, eclesial. En la Eucaristía nunca estamos ni vamos solos. Ni siquiera en las llamadas misas privadas. La Eucaristía es la fiesta de la Iglesia. Estamos con los hermanos. Somos asamblea, reunión, “Ecclesia”, Iglesia. La Eucaristía nos hace más “Iglesia”, más hermanos, más solidarios. La Eucaristía es y nos introduce en el banquete de la fraternidad y de la nueva humanidad.

3.- Una actitud, un estilo humilde y penitente. Toda celebración de la Eucaristía –a través de sus distintas formas y ritos- comienza por el rito penitencial. Nos hace sentirnos humildes, pequeños, pecadores, necesitados del perdón y de la gracia de Dios. “Quien esté limpio de pecado…”. Vivir la Eucaristía como la Eucaristía es nos ha de hacer humildes, ha de fomentar en nosotros la humildad, virtud religiosa capital, virtud clave del cristianismo.

4.- Una actitud escuchante. Es la Palabra de Dios la que se proclama en la Eucaristía. Dios nos habla a través de los textos bíblicos elegidos por la liturgia para las distintas ocasiones. Dios tiene algo muy importante y vital que contarnos. Debemos abrir bien los oídos y el corazón. En la Eucaristía, Dios mismo nos habla. Nos da su Palabra, la fuente y el manantial de la verdadera sabiduría.

5.- Una actitud confesante. La Palabra proclamada, sentida, escuchada, dispuesta a traducir en vida nos lleva a confesar y a proclamar nuestra fe. Es el Credo. La Eucaristía es escuela de la fe. Es escuela del testimonio de esa fe que es también Eucaristía. La Iglesia y la humanidad necesitan de cristianos de la Eucaristía, de cristianos confesantes.

6.- Una actitud oferente. El ofertorio de cada Eucaristía nos enseña a ser también nosotros ofrenda viva y permanente. Pone en valor y en relieve la importancia de nuestro trabajo y de nuestro afán. Habla asimismo de solidaridad a favor de los que menos tienen y de valor que  tiene para nosotros mismos y para los demás darnos, ofrecernos a Dios y al prójimo.

7.- Una actitud sacrificada, abnegada, entregada, generosa, hecha oblación. Es la consagración. Es la memoria y la actualización sacramental del único y perfecto sacrificio de Jesucristo, que nos da ejemplo y nos llama a ser también nosotros sacrificio de expiación. Es  como el grano de trigo que, al caer en la tierra  -en la besana abierta de nuestra vida- y al ser enterrado en ella, no muere sino que brota y florece en la espiga de oro.

8.- Una actitud pacífica y pacificadora. Tiene su emblema en el momento del rito de la paz. A ejemplo y modelo de Jesús, el Príncipe de la Paz, quien hizo la paz, quien logró la paz, con su sangre derramada en la cruz. La Eucaristía es paz, la Eucaristía sella la paz, es compromiso y prenda de paz. 

9.- Una actitud comulgante, un estilo de cristianos de comunión. No de cristianos por libre, sino de cristianos de comunión con el Señor a quien recibimos sacramental en la Eucaristía de su Iglesia. De comunión con El, sí, y con su Iglesia. Con su Iglesia, representada por sus pastores y fieles. De una Iglesia que es tanto más Iglesia cuánto más comunión es.

10.- Un actitud y un estilo misioneros.  La Eucaristía es para la vida. La Eucaristía es vida y nos pone al servicio incondicional de la vida, de toda vida y de toda la vida. Y la Eucaristía nos lleva a la vida. Nos trae de ella, no nos abstrae de ella mientras participamos en la misma y nos devuelve, transformados como misioneros, a la vida. La Eucaristía es misión.

 

Lo que es el domingo para un cristiano

 

El domingo es el día de la creación, el día del descanso, el día de la fiesta, el día de la pascua de resurrección, el día del hombre, el día de los hermanos, el día de la familia, el día de la fe, el día de la esperanza, el día de la caridad, el día de la palabra, el día de los sacramentos, el día de la misión, el día de la paz y de la reconciliación, el día de la Eucaristía. Sobre el domingo, rezamos así en uno de los himnos litúrgicos:

 

Es domingo; una luz nueva/ resucita la mañana/

con su mirada inocente,/ llena de gozo y de gracia.

 

Es domingo; la alegría/ del mensaje de la Pascua

es la noticia que llega/ siempre y que nunca se gasta.

 

Es domingo; la pureza/ no solo la tierra baña,

que ha penetrado en la vida/ por las ventanas del alma.

 

Es domingo; la presencia/ de Cristo llena la casa:

la Iglesia, misterio y fiesta,/ por él y en él convocada.

 

Es domingo; "este es el día/ que hizo el Señor", es la Pascua,

día de la creación/ nueva y siempre renovada.

 

Es domingo; de su hoguera/ brilla toda la semana

y vence oscuras tinieblas/ en jornadas de esperanza.

 

Es domingo; un canto nuevo/ toda la tierra le canta

al Padre, al Hijo, al Espíritu,/ único Dios que nos salva. Amén.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 23 de octubre de 2020

¡A puñetazos!

Por José Ramón Díaz-Torremocha

(de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Guadalajara)

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¡A PUÑETAZOS!

 

Nos habían insistido el día anterior, que no hacía falta que nos pegáramos los madrugones habituales en los viajes visitando Conferencias. Esta vez, estábamos el querido consocio que me acompañaba y yo, en una bonita población de nombre Cairns en Queensland, Australia. Al decirnos que iban a llevarnos para que las conociéramos a unas clases de boxeo en un gimnasio, no me gustó nada la idea pues soy lejano a casi todos los deportes y en particular: al boxeo. No me gusta. El consocio que viajaba conmigo, mi amigo Jean[1], que me conoce muy bien, sonrió por lo bajo pues sabía de sobra que no iría contento. Que no me entusiasmaría la visita.

Dice el artículo 1.3 de la Regla de las Conferencias: “Ningún trabajo caritativo es ajeno a la Sociedad” (a las Conferencias) Iba a tener una ocasión más para comprobarlo y de comprobar, además, la enorme capacidad de mis consocios para enfrentarse con las distintas manifestaciones de la pobreza. De su capacidad para adaptarse a luchar contra todo tipo de sufrimiento. (Merecería la pena, recoger en un pequeño libro, todas las experiencias que he encontrado inventadas siguiendo la Regla, para que otros sufran menos. Alguien lo hará algún día próximo.)

Llegamos a una magnífica instalación para el deporte, en cuyas paredes externas, las de la calle, la anunciaban como obra de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Nos recibieron una encantadora pareja, un matrimonio, pero con una musculatura de las que me pondrían en guardia si sólo me alzaran un poco la voz. No había problemas, eran los simpáticos consocios que dirigían el gimnasio en nombre de la Conferencia que tutelaba aquella obra.

Se dirigían a muchachos fanfarrones que no salían de un problema para meterse en el siguiente, que les enviaban las Conferencias a estos dos buenos consocios para que les ayudaran a perder agresividad. Les sobraba energía que no sabían controlar y estaban con frecuencia liados a tortazos unos contra otros y, a veces, a ir más allá de los tortazos. Por supuesto, ciertamente alejados de cualquier aproximación a la Iglesia de Cristo. Algo había que hacer, el tiempo les urgía pues se hacían mayores y entraban con frecuencia a transgredir la Ley con las consecuencias que ello conlleva. Esta pareja de consocios australianos, él antiguo boxeador y ella especialista en artes marciales, propusieron a su Conferencia la creación de lo que yo en la intimidad cuando me explicaron la obra llamé un “desbravadero” de díscolos y difíciles muchachos. Pero me contaron que la Obra, daba muy buenos resultados y podían contar muchas anécdotas de muchachos que iban por muy mal camino y cómo el deporte, para mí brutal del boxeo, a muchos les había ayudado a centrarse y conseguir metas que parecían inalcanzables antes de llegar al gimnasio.

Todas las tardes, después de un rato de oración dirigida y asegurándose que habían asistido a clase por la mañana, se dedicaban a gastar toda la energía que les sobraba liándose a “mamporros civilizados” unos con otros, bajo la atenta mirada de la pareja de consocios, que les tutelaban. A última hora, un consocio de la Conferencia, Maestro de profesión, hacía un pequeño repaso de las cuestiones del día procurando adaptarse a cada uno de sus educandos.

Me sorprendió y empecé a gustar de aquella obra que en principio parecía sólo para brutos, cuando tuvimos ocasión de charlar con los muchachos que bajaban sudorosos y contentos del ring, después de haber dejado arriba parte de su agresividad. Bajaban a ducharse y a comenzar su hora de estudio dirigido. Ya señalé antes que parecía que daba muy buenos resultados.

Entregarse a los demás, necesariamente exige imaginación y ponerse en el lugar del otro. No sólo fe, si queremos ser verdaderamente útiles a los que sufren. Aquellos consocios lo consiguieron.

A Cristo por María, siempre en y con María.

 

José Ramón Díaz-Torremocha

de las Conferencias de San Vicente de Paúl

Guadalajara, España

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[1] Con Jean Tirado y gracias a su ayuda, pudimos recorrer buen parte del mundo llevando el mensaje del Consejo General de las Conferencias durante once largos años. Fue más tarde Director Administrativo y colaboró con muy buenas aportaciones, a la confección de la Regla de las Conferencias actualmente en vigor.

 

 

PUNCHING AGGRESSIVENESS OUT!

 

They had insisted the day before, that we did not need to get up at the crack of dawn to visit the Conferences, as it was usual in our trips. This time, the dear fellow member who came with me and I were in a beautiful town named Cairns, in Queensland, Australia. When they told us that they were going to make us visit some boxing classes in a gym, I did not like the idea at all because I am far from almost all sports and boxing in particular. I do not like it. The fellow member that was traveling with me, my friend Jean (1), who knows me very well, smiled discreetly knowing pretty well that I was not happy to go, that the visit would not thrill me.

Article 1.3 of the Rule of the Conferences states: "No work of charity is foreign to the Society" (to the Conferences). I was going to have another opportunity to check it, as well as to see the enormous capacity of my fellow members to confront the various manifestations of poverty, their capacity to adapt themselves to the fight against all kinds of suffering. (It would be worth collecting in a booklet all the innovative experiences inspired by the Rule, so that others suffer less. Someone will do it someday.)

We arrived at a magnificent sport facility, on whose street external walls it was announced as the work of the Conferences of St. Vincent de Paul. A lovely couple, who had such muscles that I would be on guard just if they raised a little their voice, greeted us. No problem, they were the kind fellow members who ran the sport centre on behalf of the Conference that sponsored that work.

They targeted bragging boys who did not come out of one trouble and were already in the next. The Conferences sent these boys to the two good fellow members so that they help them lose aggressiveness. They had too much energy that they did not know how to control and they often came to blows and went sometimes beyond punches. They were, of course, far from any approach to the Church of Christ. Something had to be done. Time urged them as they grew up and they often transgressed the Law with the consequences that this entails. This couple of Australian fellow members (he was a former boxer and she was a martial arts specialist) proposed to their Conference the creation of what I, when they explained the project to me, called in private a “breaking in” of unruly and difficult boys. However, they explained to me that the Work was giving very good results and that they could tell many anecdotes of boys who were going astray and how boxing, which for me was a brutal sport, had helped many to focus and achieve goals that seemed unattainable before joining the gym.

After a time of directed prayer and making sure they had attended class in the morning, they spent every afternoon getting rid of their excess of energy by trading "civilized thumps", under the watchful eye of the couple of fellow members, who had them in charge. At the end of the day, a fellow member of the Conference, teacher by profession, made a small review of the issues of the day seeking to adapt them to each of his pupils.

I was surprised and I began to like that work that in principle seemed only for brutes, when we had the opportunity to chat with the boys who came down sweaty and happy from the ring, having left up some of their aggressiveness. They went down to have a shower and start their directed study time. I pointed out earlier that it seemed to produce very good results.

Devoting oneself to others necessarily requires imagination and putting yourself in the shoes of others. Not just faith, if we want to be truly useful to those who suffer. Those fellow members did it.

Towards Christ through Mary, always in and with Mary.

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conferences of St. Vincent de Paul

Guadalajara, Spain

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(1) With Jean Tirado. Thanks to his help, we were able to travel much of the world carrying the message of the General Council of Conferences for eleven long years. He was later Administrative Director and he collaborated, with valuable contributions, to the production of the Rule of the Conferences, currently in force.

 

 

A COUPS DE POINGS

 

La veille, on nous avait bien dit qu’on ne serait pas obligés cette fois-ci, contrairement à l’habitude quand on voyage, de nous réveiller aux aurores pour visiter les Conférences. Ce jour-là, le cher confrère qui m’accompagnait et moi-même, nous étions dans une jolie ville du nom de Cairns dans l’état de Queensland en Australie. J’avoue que lorsque nous fûmes informés que nous allions assister à des entraînements de boxe, vu mon manque d’intérêt pour le sport en général et en particulier pour la boxe que je n’aime pas, je ne fus pas très enthousiaste. Le confrère qui voyageait avec moi, mon ami Jean, esquissa un sourire sachant à coup sûr que j’irais à reculons, et me connaissant très bien, que la visite ne me passionnerait pas outre mesure.

La Règle des Conférences en son article 1.3 stipule : “Aucune œuvre de charité n’est étrangère à la Société (Aux Conférences)”. Une fois de plus, j’aurais l’occasion de le vérifier, et plus encore, de me rendre compte de l’énorme capacité de réaction de mes confrères face aux diverses manifestations de la pauvreté. De leur capacité à lutter contre tout type de souffrance en s’adaptant aux circonstances. (Il serait intéressant d’ailleurs, de recueillir dans un petit livret toutes ces expériences innovatrices dont parle la Règle, et dont le but n’est autre qu’alléger la souffrance. Peut-être qu’un jour quelqu’un le fera.)

Nous arrivâmes à un Centre Sportif magnifique sur les murs extérieurs duquel on pouvait lire qu’il s’agissait d’une œuvre des Conférences de Saint Vincent-de-Paul. Un couple charmant nous accueillit à l’entrée, un homme et une femme nantis d’une musculature qui me laisserait sans réponse si seulement ils avaient quelque chose à me reprocher. Ce n’était pas le cas, et il s’agissait des charmants confrères qui dirigeaient le gymnase sous la tutelle de la Conférence qui elle, gérait l’œuvre sociale.

Des jeunes gens fanfarons qui sortaient d’un problème pour s’y mettre à nouveau étaient orientés par la Conférence vers ce gymnase afin que ces deux confrères sympathiques les aident à perdre toute agressivité. Ces jeunes débordaient d’une énergie qu’ils avaient du mal à contrôler, et fréquemment ils en venaient aux mains les uns contre les autres, allant parfois même au-delà des simples coups. Et bien entendu, tout cela était très loin d’une quelconque relation avec l’Eglise du Christ. Il fallait absolument faire quelque chose, car le temps pressant, ils devenaient adultes et se laissaient aller fréquemment à transgresser la loi avec toutes les conséquences que cela implique. Ce couple de confrères australiens, lui ancien boxeur et elle experte en arts martiaux, avaient proposé à leur Conférence la création de ce que je me plais à qualifier dans un langage familier comme une sorte de centre de “débravacherie” pour rebelles récalcitrants. Le couple m’informa que cette Œuvre donnait de très bons résultats et qu’ils avaient de nombreuses anecdotes à raconter sur ces jeunes qui filaient du mauvais coton, et comment ce sport pour moi brutal, avait aidé nombre d’entre eux à se récupérer et à entreprendre même des projets hors de leur portée avant leur passage au gymnase.

Tous les après-midi, après un moment de prière dirigée et après avoir démontré leur assistance aux cours du matin, ils employaient leur énergie débordante à s’envoyer les uns les autres des “châtaignes civilisées” sous l’œil attentif du couple de confrères qui les dirigeaient. Les combats finis, un confrère de la Conférence, Instituteur de profession, venait repasser avec eux les questions de la journée tout en essayant de se mettre à la portée de chacun de ses élèves.

Je fus agréablement surpris et commençais à prendre goût à cette œuvre qui au début me semblait une affaire de bruts, lorsque nous eûmes l’occasion de bavarder avec les gars qui descendaient du ring en transpirant, satisfaits d’avoir laissé entre les cordes une bonne partie de leur agressivité. Ils allaient alors prendre une douche, et se retrouveraient pour leur heure d’étude dirigée. Comme je le mentionnais plus haut, cette œuvre portait ses fruits.

Se dédier aux autres exige obligatoirement une grande capacité d’imagination et se mettre à la place de l’autre. La foi ne suffit pas à elle seule si nous voulons être véritablement utiles à ceux qui souffrent. Ce couple de confrères en est la preuve.

En Christ par Marie, toujours avec elle et en elle.

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conférences de Saint Vincent de Paul

Guadalajara, Espagne

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[1] Con Jean Tirado y gracias a su ayuda, pudimos recorrer buen parte del mundo llevando el mensaje del Consejo General de las Conferencias durante once largos años. Fue más tarde Director Administrativo y colaboró con muy buenas aportaciones, a la confección de la Regla de las Conferencias actualmente en vigor.

Miguel Delibes, cristiano angustiado, en su calle de siempre, en Valladolid (Noche del 17 al 18 de octubre de 2020)

Por Juan Pablo Mañueco

(escritor y periodista)

 

 

“Soy como los árboles, crezco donde me plantan”

Miguel Delibes

 

Inauguración reciente de la escultura a Delibes

 

Acera de Recoletos, cuya otra acera es

el Campo Grande de tus paseos abundantes,

donde a nacerte fueron tus pasos vacilantes,

Miguel de esta Pucela, castellano y francés.

 

Esta noche a doscientos metros no vas como antes

del lugar que naciste por parque que a oscuras ves.

Autoridades y gentes fueron, su interés

era oficial… Y tú ya no tienes pies andantes.

 

Yo vengo a acompañarte, Miguel, a este ciprés

negro de bronce donde pasarás cabizbajo

los siglos más eternos, tan cerca de los pies

 

que Gonzalo, tú y yo hicimos, Campo Grande abajo.

¡Castilla nos movía, desventura inducida!

Y aunque es España quien nos niega el futuro y la vida…

 

tienes razón, Miguel, tornaremos al trabajo

de volverle a dar a Castiella la honra que merece,

pues no puede perecer quien tanta gloria ofrece.

Como tú, Miguel

de los Migueles

recientes el más clásico.

¡Y es tan básico

que entre los anaqueles

de España debe estar viva Castilla, -¡viva Castilla!, ¡viva!-, Miguel!

¡Dígalo este castellano, y éste, y éste, y tú, y yo, y él…!

 

Y tú, Miguel cristiano, el del angustioso vivir al que muerte obsesionaba;

ahora habrás tus dudas aclarado, ya sin corporal traba,

quizá fuera vivir bueno alguna otra noche íntima al lado de tu escultura

para preguntarte por las respuestas de tanta duda que te ensombrecía la figura

y que asaeteaba tu alma, como un punzón agudo de incertidumbre que se clava.

 

 

Juan Pablo Mañueco.

Premio CERVANTES-CELA-BUERO VALLEJO, 2016

Vídeo autor:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

 

"/Acceso al libro prologado por Delibes:

http://aache.com/tienda/es/651-castilla-y-el-primer-villalar-de-1976.html

 

51 aniversario de mi llegada a Buenafuente del Sistal

Por Ángel Moreno

(de Buenafuente)

 

 

 

Corre el tiempo, y la mente trae a la memoria aquel día 16 de octubre en que llegué por primera vez a Buenafuente, por carretera de tierra, con un viejo Seat 600, y me encontré con que las monjas estaban vendiendo la cosecha de patatas, fuente casi única de ingresos para su subsistencia, aparte del producto de un pequeño gallinero y de las labores artesanales de ornamentos litúrgicos.

Es fácil imaginar lo que le puede pasar a un joven sacerdote de 24 años cuando es destinado a un lugar sin población, entre ruinas, sin agua corriente, frío y aislado… El propio obispo, consciente del riesgo, me prometió que el destino sería solo por un año. Los últimos capellanes o habían enfermado, o habían trasladado su vivienda al pueblo vecino.

En esas coordenadas, recuerdo cómo mi ocio era bajar al río Tajo y subir la cuesta empinada de 600m de desnivel. Confieso que me salvó la preparación de la homilía diaria, escrita en el cuarto de la estufa, donde mi madre y yo prolongábamos la vigilia, pues era terrible ir al dormitorio cuando no había calefacción, y aquel año llegamos a 20 grados bajo cero.

"/Todo parecía destinado a desaparecer, y el pensamiento lógico era que las monjas se marcharan, pues no había futuro para Buenafuente. Hoy, por una providencia del Señor, cuento 51 años de permanencia en el Sistal. Quizá también surge la misma pregunta sobre el propio futuro del monasterio. Y como hizo el pueblo de Israel cuando se repetían situaciones de crisis, que ante el recuerdo de las acciones de Dios reavivaba su esperanza y su confianza, como testigo de una historia, en la que nos parece soñar, apuesto por la Providencia del Señor.

Sorprendentemente, el texto evangélico que hoy se proclama en la liturgia, asegura: “A vosotros os digo, amigos míos: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. ¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros” (Lc 12, 1-7).

Queridos amigos, uníos a nuestra esperanza, la que mantenemos junto con nuestras hermanas cistercienses y el grupo de personas que vivimos en este lugar, acrecentando el canto de la Liturgia de las Horas y la posibilidad de la acogida permanente. La misma Providencia nos permite alegrarnos de las posibles nuevas vocaciones. ¡Quiera Dios dejarnos gustar el fortalecimiento de la comunidad monástica!

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