Carta semanal del obispo

'La vida consagrada: caminando en esperanza'

 

 

La Iglesia católica celebra el día 2 de febrero la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén. En este día, desde hace más de veinte años, celebramos también la Jornada de la Vida Consagrada, dando gracias a Dios por este extraordinario regalo para la Iglesia y agradeciendo también a los consagrados su fidelidad al Señor.

El lema elegido para la celebración de este año, “La vida consagrada, caminando en esperanza”, es una invitación a volver la mirada y el corazón a Jesucristo, que se presenta en el Evangelio como el “camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). A partir de esta invitación del Maestro, todos los bautizados, cada uno desde su vocación específica, podemos y debemos caminar juntos, porque es él quien nos convoca al seguimiento y quien nos envía en misión para dar testimonio de su amor y de su salvación

El camino sinodal, que tanto la Iglesia universal como nuestra diócesis estamos recorriendo durante estos últimos años, es una invitación que el Señor nos hace a cada uno para que renovemos la propia vocación y para que la vivamos en comunión con los restantes miembros del Pueblo de Dios. Desde la vivencia de la comunión eclesial y desde la experiencia de la fraternidad apostólica, podremos salir en misión con nuevo ardor evangelizador para mostrar la alegría del Evangelio y la esperanza en la vida eterna a todos los seres humanos, especialmente a quienes viven tristes y desanimados.

En el recorrido del camino sinodal, todos los cristianos hemos de dar incesantes gracias a Dios por el don de la vida consagrada. Con su entrega diaria al Señor y con la participación gozosa y esperanzada en los trabajos sinodales, los consagrados enriquecen a la Iglesia con sus virtudes y con sus múltiples carismas, y muestran a todos los seres humanos el testimonio esperanzado y gozoso de su entrega radical al Señor.

Este caminar juntos a la búsqueda de Dios, que nos llama cada día al seguimiento, solo es posible realizarlo desde la apertura a la acción del Espíritu Santo y desde la respuesta confiada a sus orientaciones. Por eso, además de seguir orando confiadamente al Señor por el fruto espiritual de los trabajos sinodales, hemos de escuchar también las insinuaciones del Espíritu y acoger las aportaciones de los hermanos, con los que compartimos la vida y la esperanza en un cielo nuevo y en una nueva tierra.

Para dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada y para pedirle que suscite nuevas vocaciones en su Iglesia, el próximo día 2 de febrero, a las 19 horas, tengo el propósito de presidir la celebración de la eucaristía en la concatedral de Guadalajara. Por medio de estas líneas os invito a los sacerdotes y a los fieles laicos, en este tiempo sinodal, a acompañar con vuestra presencia y con vuestra oración a los consagrados y consagradas que caminan cada día a nuestro lado en la diócesis.

Con mi bendición y recuerdo ante el Señor, un cordial saludo.

 

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

 

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