
El encuentro con el Dios que nos une. Esta frase resume el día que hemos pasado hoy, ya que nos hemos reunido muchísima gente diferente por un solo motivo dar gracias a dios por todo lo que nos da.
Hoy hemos empezado el día cada uno por separado, y nos hemos ido uniendo en el tren poco a poco, y despues hemos vivido un momento divertido como muchos de estos días, bailando y cantando en el tren con gente de otros países viendo esa unión que sólo Dios puede darnos. En la oración comprobamos q no estamos solos y que no hay que avergonzarse de ser cristianos, ya que siempre recibimos más q damos y esto es muy bonito. Compartimos con mucha gente q vive nuestra experiencia de fe y nos la aumenta, por ello damos gracias a Dios.
Hoy los españoles hemos sido los encargado de dirigir la ambientación ¡¡qué bien se nos da!!junto con los franceses. Después hemos ido a comer dónde se celebraba el concierto dónde algunos han disfrutado de una mini siesta para reponer fuerzas ,y también para hacer piña entre nosotros y con gente de otros lugares.
Luego cada uno ha decidido q lugar visitar, nosotros hemos ido a Gdansk una hermosa ciudad e importante en la historia del país.
Después de este largo día unos hemos ido a casa y otros a cenar juntos. Nos esperaba una sorpresa una cena especial y nuestra familia ha montado una discoteca en casa dónde hemos bailado y reído juntos con alegría. Así ha pasado un día más en esta gran aventura de la JMJ.
Na razie
Juan y Quique





Centrándonos en el día de hoy, empezamos con un gran madrugón para llegar pronto a nuestro punto de encuentro, la Iglesia, para ensayar las canciones de la misa. En ella compartimos micrófono con Ucrania y nos emocionamos con el testimonio de Karim. Siguiendo la jornada fuimos a los talleres. Nosotras nos apuntamos al de Hogar Ayuda Social, el cuál consistía en una visita a una residencia de ancianos, donde estuvimos acompañadas de muchos otros países y sin darnos cuenta hemos recibido más de lo que hemos dado.
Para finalizar nuestro día hicimos un vía crucis por la calle mayor de Gdansk, en el que cada estación estaba dirigida por un país; y qué suerte la nuestra que, al terminar el acto, nos estaba esperando nuestro padre polaco con los brazos abiertos para regresar a casa, donde hemos disfrutado de una cena familiar llena de risas.













