Un consocio reflexiona ante el coronavirus

Por José Ramón Díaz-Torremocha

(de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Guadalajara)

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Leía hoy, en mi lectura diaria del Evangelio, “cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: chaparrón tenemos, y así sucede, cuando sopla el sur decís; va a hacer bochorno, y lo hace, ¡Hipócritas!, si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y el cielo ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis vosotros mismos lo que se debe hacer?” (Lucas 12, 54-59)

Esto me daba qué pensar ante las circunstancias que nos rodean en estos días: el coronavirus, la obligación de recluirnos en nuestras casas, de respetar las distancias, de aumentar nuestra higiene...

¿Estamos sabiendo interpretar, como Él nos dice, lo que está sucediendo?

Esta pandemia debería hacernos pensar a todos en el defecto de solidaridad que nos acucia, en el olvido de la caridad y el descuido de nuestro amor al prójimo que tanto nos separa, a pesar de vivir tan juntos y de depender tanto los unos de los otros.

Ahora que una relativa soledad, en la obligada reclusión, nos dejará tiempo para reflexionar en lo que somos y en lo que nos necesitamos, en lo que pasaría si la enfermedad nos ataca y no encontramos a quien recurrir o con quien compartir las dificultades que se nos planteen, ¡ahora pensamos en el prójimo!

En ese prójimo al que hemos olvidado, ese compañero de humanidad, de vida, de sociedad, de cultura y de fe en Nuestro Señor, se asoma a nuestro egoísmo desde la distancia con la que le hemos excluido largamente; todo ello me exige “juzgarme a mí mismo ante lo que debo hacer”.

No hemos sabido prever lo que puede acontecer en nuestras vidas: demasiado vivir el presente y poco prepararnos para lo que el futuro puede depararnos.

¡Me pongo en marcha! Soy miembro de Las Conferencias; he de acercarme (con las debidas precauciones que la obligación sanitaria exige) a buscar a mis hermanos en la fe para ponernos a trabajar por los que sufren, por los que van a tener que soportar el dolor de haber perdido a un ser querido, por los que no tengan quien les acerque la comida, medicamentos o necesiten una mano en lo doméstico.

Seamos nosotros, los humildes servidores del amor, quienes los acompañemos a aliviar su soledad y les llevemos, cuando se pueda, la presencia de Dios con nuestra visita, porque Él estará en medio y ayudará con la paz que su amor pone en los hombres.

Y yo estoy aquí para eso. No sé si he entendido bien lo que estaba leyendo en el Evangelio, pero siento que esas palabras, que son las SUYAS, me obligan a hacer, a entregarme más, ahora que tanta gente puede necesitar ayuda humana y la paz de Dios.

Y el consocio, no lo pensó más y se puso en marcha con la oración y preparado para cuando llegara la hora de la ayuda en contacto personal con aquellos que sufran.

Con María, siempre a Cristo por María

                         

 

Please find below the text in english 

 

A FELLOW MEMBER REFLECTS ON THE CORONAVIRUS 

 

Today, in my daily reading of the Gospel, I have read, "When you see a cloud looming up in the west, you say at once that rain is coming, and so it does. And when the wind is from the south you say it is going to be hot, and it is. Hypocrites! You know how to interpret the face of the earth and the sky. How is it you do not know how to interpret these times? Why not judge for yourselves what is upright?"

(Luke 12, 54-59)

This made me think about the circumstances that surround us today: the coronavirus, the obligation to be confined in our homes, to respect minimum distances, to increase our hygiene...

Do we know how to interpret, as He tells us, what is happening?

This pandemic should make us think about the lack of solidarity that we suffer, about our forgetfulness of charity and the neglect of our love for our neighbour, which separates us so much, despite living so close together and depending so much on one other.

Now that a relative loneliness, in compulsory seclusion, will give us time to reflect on what we are and what we need, on what would happen if the disease attacks us and we find no one to turn to or share with the difficulties that we face, then we think of our neighbour!

On that neighbour that we have forgotten, this companion of humanity, of life, of society, of culture and of faith in our Lord, who appears to our selfishness from the distance with which we have largely excluded him; all of this demands of me to “judge for myself what is upright”.

We have not been able to foresee what may happen in our lives: too much living in the present and we scarcely prepare ourselves for what the future can bring to us.

I set off! I am a member of the Conferences. I must join (with the due precautions required by health duties) my brothers in the faith to work for those who suffer, for those who will have to endure the pain of losing a loved one, for those not having anyone to bring them food, medicines or who need a hand at home. 

Let us be the humble servants of love, who accompany them in order to alleviate their loneliness and bring them, when possible, the presence of God with our visit, because He will be there and will help with the peace that His love gives to men.

That is why I am here. I do not know if I have understood well what I was reading in the Gospel, but I feel that those words, which are HIS words, oblige me to act, to give myself more, now that so many people may need human help and God's peace.

And the fellow member thought no more and set out with prayer and prepared for when the time for help comes in a personal contact with those who suffer.

With Mary, always toward Christ through Mary

 

RG/José Ramón Díaz-Torremocha

Conferences of Saint Vincent de Paul

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