Laura Lara y María Lara

(Profesoras de la UDIMA, Escritoras, Premio Algaba y Académicas de la Academia de la Televisión)

 

 

 

Además de las identidades nacionales, estamos seguras de que existe una patria en la que todos seguimos viviendo de adultos, ese espacio es la infancia. Nuestra abuela Pilar nos decía de niñas que las dos íbamos a ser periodistas.

"/“¿Por qué, abuela?”, le preguntamos el 18 de noviembre cuando salimos con el coche desde Azuqueca, camino de Guadalajara, para recibir los Premios COPE 2020.

“Porque hacíais muchas preguntas”.

Cuando éramos pequeñas, tendríamos 2 años de edad, creíamos que los objetos tenían vida. Y nos gustaba saber la historia de cada uno de ellos. En 2020, hay unos objetos que todos usamos y, de algún modo, portan vida. Son las mascarillas.

"Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro" (lo afirmaba hace unas décadas el guionista británico Graham Greene).

"/A partir de este 18 de noviembre, también el trofeo que nos entregó COPE como “Guadalajareñas Destacadas” tiene para nosotras vida. Hizo entrega del galardón en el auditorio “Buero Vallejo” el gerente del Centro Comercial Ferial Plaza, espacio adonde acudimos con frecuencia a firmar nuestros libros.

En un evento organizado al milímetro con las medidas de protección ante el coronavirus por el equipo de COPE en la provincia y en la región, pudimos saludar con la sonrisa de los ojos a las autoridades locales, provinciales, autonómicas y nacionales, a los compañeros de escenario, y también a los asistentes que nos comentaban anécdotas de nuestro espacio semanal en Cuatro.

Guadalajara es nuestra ciudad natal y allá donde vamos llevamos como bandera nuestra tierra.

En el guion de nuestra niñez están los micrófonos con los que grabábamos programas entre nosotras al regresar del Parvulario. Hoy, gracias a Dios, las Hermanas Lara podemos dedicarnos a las tres profesiones que siempre quisimos tener: profesoras, escritoras y comunicadoras. A la vez que escribimos el guion de los programas y los artículos de “Historia clínica”, vamos tejiendo cada jornada.

Porque estamos convencidas de que la Historia es maestra de la vida, y situarnos ante el micrófono de la radio, delante de la cámara o en el escritorio nos permite traer al presente a los personajes que se quedaron dormidos por los rincones del tiempo. Para nosotras, comunicar la Historia es nuestro día a día.

 

El Adviento 2020, que será un Adviento distinto y más necesario aún, discurre desde la tarde del sábado 28 de noviembre a la tarde del jueves 24 de diciembre

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

“El Adviento es un tiempo de preparación para la Navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios… Es un tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos” (Misal Romano, Nº 39)

El Adviento tiene una triple dimensión: histórica, en recuerdo, celebración y actualización del nacimiento de Jesucristo; presente, en la medida en que Jesús sigue naciendo en medio de nuestro mundo y a través de la liturgia celebraremos, de nuevo, su nacimiento; y escatológica, en preparación y en espera de la segunda y definitiva venida del Señor.

Y si siempre el Adviento es todo esto y tiene la meta de la llegada (la palabra latina “Adventus” significa “Llegada”, “El que bien”) del verdadero y único Salvador, Jesucristo, en esta hora de pandemia, el Adviento es todavía más necesario que nunca.

 

Orígenes del Adviento

Sobre el origen del Adviento es preciso remontarse al siglo IV. El Concilio de Zaragoza (año 380) habla de un tiempo preparatorio a la Navidad, que comprende desde el 17 de diciembre, es decir, ocho días antes de la gran fiesta del nacimiento de Jesús, y obliga a los cristianos a asistir todos los días a las reuniones eclesiales hasta en día 6 de enero.

Nos consta en la Iglesia de Roma en el siglo IV una gran celebración de la fiesta de la Navidad y de su preparación. Progresivamente, según se va enriqueciendo de contenido teológico el memorial de la “Nativitas Domini” (Natividad del Señor), así se va diseñando el adviento como una auténtica liturgia.

El Papa san León Magno, Obispo de Roma en el siglo V, piensa el misterio de la Navidad como una preparación para la Pascua: el pesebre es premonición de la cruz y la llegada del Mesías asumiendo la humanidad es evocación de la segunda venida del Señor, revestido de poder y gloria.

De ahí que, con el paso del tiempo, el Adviento en Roma revistiera esa doble perspectiva y que se mantiene hasta el día de hoy: celebración de la parusía del Señor que ha de venir y también celebración de aquel misterio de Cristo, su salvífica encarnación, que culmina en el misterio pascual, realizado por la muerte y resurrección del Señor. Así, pues, Adviento, que en cuanto vocablo pagano no significa más que venida o llegada, o aniversario de una venida, asume un nuevo valor semántico: el de espera y el de preparación. Y se fijan en el calendario de la Iglesia las cuatro semanas previas a la Navidad.

 

Los lugares y los símbolos del Adviento

1.- El desierto, el ámbito donde clama la voz del Señor a la conversión, donde mejor escuchar sus designios, el lugar inhóspito que se convertirá en vergel, que florecerá como la flor del narciso.

2.- El camino, signo por excelencia del adviento, camino que lleva a Belén. Camino a recorrer y camino a preparar al Señor. Que lo torcido se enderece y que lo escabroso se iguale.

3.- La colina, símbolo del orgullo, la prepotencia, la vanidad y la “grandeza” de nuestros cálculos y categorías humanas, que son precisos abajar para la llegada del Señor.

4.- El valle, símbolo de nuestro esfuerzo por elevar la esperanza y mantener siempre la confianza en el Señor. ¡Qué los valles se levanten para que puedan contemplar al Señor!

5.- El renuevo, el vástago, que florecerá de su raíz y sobre el que se posará el Espíritu del Señor.

6.- La pradera, donde habitarán y pacerán el lobo con el cordero, la pantera con el cabrito, el novillo y león, mientras los pastoreará un muchacho pequeño.

7.- El silencio, en el silencio de la noche siempre se manifestó Dios. En el silencio de la noche resonó para siempre la Palabra de Dios hecha carne. En el silencio de las noches y de los días del adviento, nos hablará, de nuevo, la Palabra.

8.- El gozo, sentimiento hondo de alegría, el gozo por el Señor que viene, por el Dios que se acerca. El gozo de salvarnos salvados. El gozo “porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro” son quebrantados como en el día de Madían; el gozo y la alegría “como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín”.

9.- La luz, del pueblo del caminaba en tinieblas, que habitaba en tierras de sombras, y se vio envuelto en la gran luz del alumbramiento del Señor. Esa luz expresada hoy día en los símbolos catequéticos y litúrgicos en la corona de adviento, que cada semana del adviento ve incrementada una luz mientras se aproxima la venida del Señor.

10.- La paz, la paz que es el don de los dones del Señor, la plenitud de las promesas y profecías mesiánicas, el anuncio y certeza de que Quien viene es el Príncipe de la paz, el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. “De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas”. “¡Qué en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente!”

Todos estos lugares, todos estos símbolos, conducirán, como un peregrinar, al pesebre de Belén, la gran realidad y la gran metáfora del adviento.

 

Los cuatro grandes personajes del Adviento

Cuatro son los grandes personajes del adviento en espera, en preparación y anuncio del Dios que llega, del Señor que se acerca. El primero de ellos es el profeta Isaías. En el Nuevo Testamento destacan María de Nazaret y su esposo José y Juan el Bautista, auténtico prototipo del adviento.

El gran pedagogo del Adviento es Isaías. Habría que leerle con una gran paz interior, dejando que sacuda nuestras conciencias dormidas, aliente a la esperanza, anime a la conversión, promueva gestos claros de paz y de reconciliación entre los hombres y entre los pueblos… Adviento es también el mes de María; es litúrgicamente más mariano que ninguno otro a lo largo del año. El icono de María gestante, o de la expectación, personifica a la Iglesia madre que está llena de Cristo y lo pone como luz en el mundo, para que el resto de sus hermanos habiten tranquilos hasta los confines de la tierra, pues Él será nuestra paz  (Miqueas, 5,2-5).

María de Nazaret es la estrella del Adviento. Ella llevó en su vientre con inefable amor de madre a Jesucristo… Ella vivió un adviento de nueve meses en su regazo materno y virginal, en su mente y en su corazón… ¡Qué largo y hermoso adviento!… Ella es la “Mater spei”, el modelo de la espera y de la esperanza. Supo, como nadie, preparar un sitio al Señor, el Hijo que florecía en sus entrañas… En Ella, se realizó la promesa de Israel, la esperanza, después, ahora y ya para siempre, de la Iglesia.

 

Lo que es la Corona de Adviento

Corona de Adviento

 

(1) Noción: Se trata de una corona de ramas verdes, en la que se fijan cuatro velas vistosas, generalmente violáceas. Suele colocarse sobre una mesita, o sobre un tronco de árbol, o colgada del techo con una cinta elegante. En principio, no se pone encima del altar, sino junto al ambón o en otro lugar adecuado como, por ejemplo, junto a una imagen o icono de la Virgen Madre, siempre Santa María del Adviento. La corona de Navidad es así el primer anuncio de la Navidad.

(2)  Orígenes e inculturación: Es una costumbre originaria de los países germánicos y extendida a América del Norte, ya convertida en un símbolo del Adviento en los hogares  cristianos y de las parroquias y comunidades.

Durante el frío y la oscuridad del final del otoño los pueblos germánicos precristianos recolectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida del sol naciente y de la primavera.

Ejemplo, pues, de cristianización de la cultura donde lo viejo toma ahora un nuevo y pleno sentido, la Corona de Adviento encuentra un espléndido referente en Jesucristo, la luz del mundo, el vencedor de la oscuridad y de las tinieblas.

(3) Los contenidos de la Corona de Adviento: Una corona circular, ramas o follaje verde, cuatro velas y algún adorno sobre ellas como manzanas rojas y el listón rojo.

(4) La Corona circular: El círculo hace presente la figura perfecta que no tiene principio ni fin, evocando la unidad y eternidad del Señor Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cfr. Heb 13, 8). Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio ni fin. Es asimismo interpelación para que también nuestro amor a Dios y amor al prójimo tampoco finalice nunca.

(5) El follaje verde perenne: Las ramas verdes pueden ser de ramas de pino, abeto, hiedra…. Representan a Cristo eternamente vivo y presente entre nosotros.

(6) Los adornos: Son unas manzanas rojas y un listón rojo. Las manzanas representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva. Hablan, pues, del pecado de la expulsión del paraíso y el anhelo permanente del hombre de regresar a él. Por eso el listón rojo significa el amor de Dios que nos envuelve y nuestra respuesta también de amor a ese amor de Dios.

(7) Las cuatro velas: Representan los cuatro domingos que jalonan este tiempo de vigilante espera. Nos hacen pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Y así con cada vela (pueden ser de color distinto, que expresen cada una y por este orden la vigilancia, la espera operativa,  el gozo y la inminencia) que encendemos, la humanidad se iluminó y sigue iluminando con la llegada de Jesucristo a nuestro mundo.

(8) El progresivo encendido de las velas: Como expresión de alegre expectación, cada semana, se realiza el rito de encender las velas correspondientes: el primer domingo de Adviento, una; el segundo, dos; el tercero, tres; el cuarto y último, las cuatro.

El progresivo y paulatino encendido de estos cirios nos hace tomar conciencia del paso del tiempo en el que esperamos la última y definitiva venida del Señor. Este itinerario, acompañado de alguna oración o canto, nos marcará los pasos que nos acercan hasta la fiesta de Navidad, y nos ayudará a tener más presente el tiempo en que nos encontramos.

(9) El rito del encendido de las velas: El rito encendido de la corona se puede realizar en todas las misas dominicales de la parroquia, incluyendo la vespertina del sábado. En las comunidades religiosas, en cambio, será mejor hacerlo en la celebración que inaugure cada semana: las primeras Vísperas.

La Corona que se ha instalado en la iglesia parroquial, se puede bendecir al comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial.

(10) La metáfora, el significado global de la Corona de Adviento: Este sencillo lucernario es a la vez memoria, símbolo y profecía.

 

** Es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo.

** Es símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia.

** Es profecía de Cristo, luz del mundo que volverá para iluminar definitivamente al mundo y a quien esperamos con las lámparas encendidas.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 27 de noviembre de 2020

Por José Ramón Díaz-Torremocha

(de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Guadalajara)

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CARIDAD INVENTIVA

La Caridad es siempre – inventiva - o es una Caridad pequeña, ¡como de compromiso! Si existe auténtica Caridad, ésta debe ser siempre inventiva, soñadora desde lo pequeño hasta lo grande y siempre exigente primero para con uno mismo.

Esos días de mayo 2020 en los que se escriben estas líneas, constantemente me llegaron pruebas, a pesar del enclaustramiento o gracias a él, pruebas de la inventiva de aquellos consocios que se preocupaban realmente por los demás y, habían de ejercer, la caridad, el amor por los demás, sin moverse de casa. Algunos ejemplos para el querido lector.

Una modesta Conferencia de una ciudad de América, ayudaba a sus amigos en necesidad con el gasto del autobús para acceder a diario a la Universidad. Cerrada ésta – la Universidad - por la pandemia y suspendidas las clases presenciales, acordaron suministrar y costear una línea de internet a cada uno de ellos, para que al menos y desde la distancia, pudieran continuar estudiando.

Otra Conferencia de Europa, formada por personas muy mayores, se comprometió al rezo del Rosario diario por los enfermos del Hospital cercano. Pensaron: ¿Cómo podemos ayudar en este momento con nuestras mermadas fuerzas? ¡Tenían muchas fuerzas siempre que no pensaran en sus solas capacidades! Pensando en sus fuerzas aumentadas por la Misericordia a través de la oración.

Más cerca de nosotros y en España, una Conferencia de un pequeño pueblo de Castilla, acordaron confeccionar mascarillas y batas para el personal que trabajaba en contacto con los enfermos. A la vez, esta Conferencia, no ha dejado de atender las primeras necesidades de algunas de las familias de su población. Pensaron: ¿Cómo podemos ayudar en este momento? Conocían perfectamente a los que ayudaban, pues eran sus amigos.

De otras Conferencias de España y de fuera de España y de Europa, me llegan noticias del aumento desproporcionado en el gasto de teléfono de muchos consocios. Los confinaron físicamente en sus casas, pero no confinaron su voz. A través del teléfono mantuvieron contactos, casi diarios, con sus amigos que sufrían que se sintieron siempre acompañados. Acompañando fundamentalmente a los que vivían en mayor soledad. Una manera de mantener el contacto persona a persona, carisma esencial de lo vicentino. Carisma esencial de las Conferencias de San Vicente de Paúl, como nos recuerda la Regla en su artículo 1.2. (1)

Del mal, el Misericordioso sabe sacar el bien y Él ha conducido a tantos, a través de la entrega generosa al hermano, al prójimo, para ayudarle a superar una situación espantosa, hasta mostrarles que la Caridad no es otra cosa que aquello realizado por Amor a Él. Por amor a quien es Amor y el primero que nos lo regaló pagándolo con precio de sangre.

Por amor al Bueno, al Misericordioso, estos consocios, estos amigos, pensaron: ¿Cómo podemos ayudar en este momento?  ¡No se quedaron quietos!: sirvieron, de otra manera, pero no dejaron de servir.

No me resisto a dejar de citar a un sacerdote amigo y muy querido en las Conferencias en el mundo el Padre Maloney C.M.: “La confianza en la providencia, se relaciona con la paciencia y con la perseverancia. Supone una espera paciente, no una pasividad inmóvil, sino actitud de alerta constante de manera que podamos conocer el momento exacto de actuar”. (2)

¿Seremos capaces de integrar toda la experiencia adquirida, todo lo vivido, en los servicios que prestemos en este tiempo tan duro en nuestros años futuros? ¿Sabremos ser capaces de vivir en y con la preocupación de hacer nuestra, la necesidad del prójimo con la ayuda de Dios?

No nos fundaron para cosa diferente. En los Hechos, nos cuentan que Pedro ante una petición, contestó: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo……”  (Hechos 3,6)

Posiblemente no haremos caminar a un cojo, pero para cada uno el Espíritu nos prestará la palabra que se necesite y la capacidad para aliviar un tanto el sufrimiento, del otro, del prójimo.

Con María, siempre a Cristo por María

 

José Ramón Díaz-Torremocha

De las Conferencias de San Vicente

Guadalajara (España)

 

(1) “…….los consocios realizan su entrega mediante un encuentro de persona a persona”

(2)  “Convierte todo en amor” Padre Robert Maloney, Editorial La Milagrosa, e-mail:  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. (cita  con permiso del autor)

 

INVENTIVE CHARITY

Charity is always inventive; otherwise, it is a small Charity, like a ‘courtesy’ one! If there is authentic Charity, it must always be inventive, dreaming from the small to the big and always demanding to oneself first.

On those days of May 2020 when these lines are written, I constantly received evidence, despite the lockdown or thanks to it, evidence of the inventiveness of fellow members who really cared about others and who had to exercise charity, love for others, without leaving home. Here are some examples for the dear reader:

A modest Conference of a town in America used to help its friends in need paying the daily bus tickets to University. Having closed the University and suspended the face-to-face classes, due to the pandemic, they decided to supply and pay for an internet line to each of them, so that they could at least continue studying, even from the distance.

Another Conference in Europe, made up of very elderly people, committed itself to the daily prayer of the Rosary for the sick of the nearby Hospital. They thought, ‘How can we help right now with our diminished strength?’ They had a lot of strength as long as they did not think about their own abilities! They visualized their power increased by Mercy through prayer.

Closer to us, in Spain, in a Conference of a small town in Castile, the members decided to make masks and hospital gowns for the staff working in contact with the sick. At the same time, this Conference has continued to meet the basic needs of some of the families in their town. They thought, ‘How can we help right now? They knew perfectly well those they helped, for they were their friends.

I receive news from other conferences in Spain and outside Spain and Europe, about the disproportionate increase in the telephone expenditure of many fellow members. They were physically confined to their homes, but they did not confine their voice. Through the telephone, they kept almost daily contacts with their friends who suffered and who felt always supported. Above all, they accompanied those who lived in greater solitude. It was a way to maintain the person-to-person contact, which is the essential charisma of the Vincentian spirit. Our Rule, in article 1.2, reminds us that this charisma is essential to the Conferences of St. Vincent de Paul. (1)

Out of evil, the Merciful knows how to bring good and He has led so many, through generous dedication to their brothers, to their neighbour, to help them overcome a dreadful situation, to show them that Charity is nothing but what is done out of Love of Him. Out of love for who is Love and who was the first to offer it to us, even at the price of blood.

Out of love for the Good, the Merciful, these fellow members, these friends thought, ‘How can we help right now?  They did not stand still: they served in a different way, but they kept serving!

I cannot help quoting a priest and friend, much loved among the conferences around the world, Father Maloney C.M.: "The trust in providence is related to patience and perseverance. It implies a patient wait, not a motionless passivity, but a constant alertness so that we can know the exact moment of action”. (2)

Will we be able to integrate all the experience gained and lived, into the services we provide in this difficult time in our future years? Will we be able to live in and with the concern of making our neighbour’s need our own, with God's help?

We were not create for any other purpose. The Acts tell us that Peter, when requested, answered, "I have no silver or gold, but what I have I give thee; in the name of Jesus Christ......"  (Acts 3.6)

We may not make one lame man walk again, but the Spirit will provide each of us with the appropriate word and with the ability to alleviate somewhat the suffering of others, of our neighbour.

With Mary, always towards Christ through Mary

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conferences of Saint Vincent

Guadalajara (Spain)

 

(1)    ".......the fellow members render their service through a person-to-person encounter"

(2) "Turn everything into love" Father Robert Maloney, Publishing House ‘La Milagrosa’ e-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    (quote with permission of the author)

 

CHARITÉ INVENTIVE

La Charité est toujours inventive – ou c’est une petite Charité, comme une charité de politesse ! S’il y a une authentique Charité, elle doit toujours être inventive, rêveuse du plus petit au plus grand et toujours exigeante d’abord envers soi-même.

Pendant ces jours de mai 2020, lorsque ces lignes sont écrites, j’ai constamment reçu des preuves, malgré le confinement ou grâce à lui, des preuves de l’inventivité de ces confrères qui se souciaient vraiment des autres et qui devaient exercer la charité, l’amour envers les autres, sans bouger de chez eux. Quelques exemples pour le cher lecteur :

Une modeste Conférence d’une ville d’Amérique, aidait ses amis dans le besoin avec les dépenses de l’autobus pour aller chaque jour à l’Université. Ayant fermé celle-ci à cause de la pandémie et ayant suspendu les cours en direct, ils ont décidé de fournir et de payer une ligne Internet à chacun d’eux, de sorte qu’au moins ils puissent continuer à étudier à distance.

Une autre Conférence de l’Europe, composée de personnes très âgées, s’est engagée à la prière quotidienne du Rosaire à l’intention des malades de l’hôpital voisin. Ils ont pensé : Comment pouvons-nous aider à présent, avec notre force diminuée ? Ils avaient beaucoup de force tant qu’ils ne pensaient pas à leurs propres capacités ! Penser à ses forces accrues par la Miséricorde à travers la prière.

Plus près de nous, en Espagne, dans une Conférence d’une petite ville de Castille, les confrères ont décidé de confectionner des masques et des blouses pour le personnel travaillant en contact avec les malades. En même temps, cette Conférence n’a pas cessé de s’occuper des besoins basiques de certaines familles de leur municipalité. Ils se sont dits : Comment pouvons-nous aider en ce moment ? Ils connaissaient parfaitement ceux qu’ils aidaient, car ils étaient leurs amis.

D’autres conférences en Espagne et en dehors de l’Espagne et de l’Europe, je reçois des nouvelles sur l’augmentation disproportionnée des dépenses téléphoniques de nombreux confrères. Ils ont été physiquement confinés chez eux, mais ils n’ont pas confiné leur voix. A travers le téléphone, ils ont maintenu des contacts, presque tous les jours, avec leurs amis souffrants qui se sont toujours sentis accompagnés. Ils accompagnaient principalement ceux qui vivaient dans une plus grande solitude. C’est une façon de maintenir le contact de personne à personne, ce qui est le charisme essentiel du vincentien, le charisme essentiel des Conférences de Saint Vincent-de-Paul, comme nous le rappelle la Règle à l’article 1.2. (1)

Du mal, le Miséricordieux sait faire ressortir le bien et Il a conduit tellement de personnes, par le biais d’un dévouement généreux au frère, à autrui, pour l’aider à surmonter une situation terrible, afin de leur montrer que la Charité n’est rien d’autre que ce qui est fait pour l’Amour de Lui. Pour l’amour de qui est Amour et le premier qui nous l’a donné en le payant au prix du sang.

Pour l’amour de celui qui est le Bien, le Miséricordieux, ces confrères, ces amis, se sont dits : « Comment pouvons-nous aider en ce moment ? »  Ils ne sont pas restés immobiles : ils ont servi, d’une autre façon, mais ils ont continué à servir !

Je ne peux m’empêcher de citer un ami prêtre, très apprécié dans les Conférences de tout le monde, le Père Maloney C.M. : « La confiance dans la providence est liée à la patience et la persévérance. Elle implique une attente patiente, non pas une passivité immobile, mais une attitude de vigilance constante afin que nous puissions connaître le moment exact pour agir ». (2)

Serons-nous en mesure d’intégrer toute l’expérience acquise, tout le vécu, dans les services que nous offrirons dans les années à venir, par ces temps si difficiles ? Serons-nous capables de vivre dans et avec le souci de faire nôtre, le besoin de notre prochain avec l’aide de Dieu ?

Nous n’avons pas été créés pour une autre chose. Les Actes nous racontent que Pierre, ayant été questionné, a répondu : « Je n’ai ni argent ni or, mais ce que j’ai je te le donne ; au nom de Jésus-Christ...... » (Actes 3.6)

Vraisemblablement, nous ne ferons pas marcher un homme boiteux, mais l’Esprit nous donnera, à chacun de nous, le mot nécessaire et la capacité de soulager quelque peu la souffrance de l’autre, d’autrui.

Avec Marie, toujours vers le Christ à travers Marie.

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conférences de Saint Vincent

Guadalajara (Espagne)

 

(1) « ... les confrères rendent leur service à travers une rencontre de personne à personne »

(2) « Transforme tout en amour », Père Robert Maloney, Maison d’Édition La Milagrosa e-mail : Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.  (citation avec la permission de l’auteur)    

Por Juan Pablo Mañueco

(escritor y periodista)

 

 

 

A Miguel Delibes, mi Cervantes particular del siglo XX,

en respuesta a una duda –duda: uno de los nombres de la inteligencia- que él mismo albergaba y que deseaba

se resolviera del modo que aquí se expone.

 

 

La noche del ciprés es verde y fría,

cetrino verdemar de arboladura

que sembla sostener la noche oscura

ante la mar sin agua y ya vacía.

 

El arriba del mástil su figura

mece con viento negro todavía,

que añora el ayer que hubo el otro día

cuando mar navegaba con luz pura.

 

La noche del ciprés, melancolía

sin su sombra alargada, noche incluso

el resto último al día que quedaba.

 

Sólo la luna en medio del profuso

silencio solo seco, cuya aldaba

se sumerge en la noche sin el día.

 

Y quiera Dios respuesta preguntada

-en cada siglo el rezo más profuso-

sea “sí” a vida eterna  y añorada.
 
 

 

 

Juan Pablo Mañueco

Premio CERVANTES-CELA-BUERO VALLEJO, 2016.

Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

 

Vídeo autor:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo es pasado mañana, domingo día 22 de noviembre de 2020, trigésimo cuarto y último domingo del tiempo litúrgico

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

Jesucristo Rey del Universo es una fiesta, ya en el final del año litúrgico, que recapitula el misterio cristiano y presenta a  Cristo como rey, alfa y omega, redentor universal, camino, verdad y vida para todos los hombres.

La celebración fue originalmente establecida como fiesta de Cristo Rey por el Papa Pío XI el día 11 de diciembre de 1925 a través de su encíclica Quas Primas,​ al conmemorar un año Jubilar, el XVI centenario del I Concilio Ecuménico de Nicea (que definió y proclamó el dogma de la consubstancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, además de incluir las palabras...y “su reino no tendrá fin”, en el Símbolo o "Credo Apostólico",​ promulgando así la real dignidad de Cristo) y estableciendo para su celebración el último domingo de octubre, es decir el inmediatamente anterior al día de Todos los Santos (1 de noviembre).

Tras el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica de Pablo VI en 1969, la fiesta amplía su significado y cambia de nombre, llamándose Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, y pasa a celebrarse al último domingo del año litúrgico.

 

 

 

La imagen del Pantocrátor

 

Y antes de proseguir con el desarrollo de este artículo, bueno es indicar que la imagen que lo ilustra es el Pantocrátor de la catedral de Sigüenza, una figura en piedra en la clave de bóveda de la capilla mayor catedralicia, que data del siglo XIII y que representa a Jesucristo Todopoderoso (Pantocrátor), en actitud benedicente en una mano y en la otra con el libro de la Palabra, rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas. Pantocrátor significa también Jesucristo Rey y es una representación válida de la fiesta mañana.

Y al estar situado, como en el caso de nuestra catedral en su clave de bóveda expresa asimismo que Jesucristo es la piedra angular de nuestra fe, tema que ahora glosan ampliamente estas líneas.

 

Inicio, seguimiento y culmen de la fe

 

El autor de la Carta a los Hebreos (12, 2) nos llama a tener la mirada fija en Jesucristo, “que inició y completa nuestra fe”. Esto significa, en primer lugar, que Jesucristo es el quicio fundamental de nuestra fe.

“No hay fe cristiana sin encuentro, adhesión y seguimiento a Jesucristo. En Él, encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor (pensemos en estos durísimos meses de la pandemia del coronavirus), la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de Jesucristo. En su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. Y en Él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación”.

En el primer párrafo de su primera encíclica, Deus caritas est (DCE), del 25 de diciembre de 2005, el Papa Benedicto XVI escribe la siguiente frase, que es esencial para entender, vivir y transmitir la fe: «Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».

 

Decálogo de la fe cristiana desde Jesucristo, su fundamento

 

(1) La fe cristiana necesita y es inseparable del encuentro personal con Jesucristo. Es una fe esencialmente cristológica. Y Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14).

(2) La fe cristiana en creer en Jesucristo, con Jesucristo y como Jesucristo, Dios y hombre verdaderos, en Dios Padre y en Dios Espíritu. La fe es, de este modo, una fe trinitaria.

Es creer en Dios uno y trino: en Dios Padre creador, providente y misericordioso; en Dios Hijo, hermano, hombre, salvador, redentor, buen pastor, amigo, camino, verdad y vida. Y en Dios Espíritu Santo, Señor y Dador de vida que con el Padre y el Hijo, de quienes procede, recibe una misma adoración y gloria. Para mayor abundamiento y glosa, Dios Padre es la Sabiduría, Dios Hijo es la Palabra y Dios Espíritu Santo es la acción, el motor incombustible. Y Dios Padre, Hijo y Espíritu en su unidad y trinidad (tres personas distintas y uno solo Dios verdadero) es el Amor.

(3) La fe cristiana completa su profesión y simbólico de cada una de las tres personas de la Santísima Trinidad con otro conjunto de verdades de fe, esenciales e inherentes también a la misma.

Estas verdades de fe la expresa del siguiente modo el Credo Apostólico (o Símbolo de los Apóstoles, el más antiguo símbolo bautismal): “Creo en la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna”. Y en el Credo Nicenoconstantinopolitano (siglo IV, tras los Concilios de Nicea, año 325, y de Constantinopla, el primero de ellos, del año 381) con la siguiente formulación: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos, y la vida del mundo futuro”.

(4) La fe cristiana se nutre indispensablemente de su búsqueda y nutrimento en la Palabra de Dios.  De modo que “debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos” (Benedicto XVI).

Una Palabra de Dios tal y como en el depósito de la fe nos custodia y transmite siempre viva la Iglesia y su magisterio auténtico.

(5) Por todo ello, la fe cristiana es asimismo inseparable e indisociable de fe en, con y como la Iglesia. La fe nace, crece y se difunde y testimonio en, con y desde la Iglesia. La fe necesita de la Iglesia misterio, comunión y misión. Y ello se traduce a que no hay fe o la fe se volatiza sin profesión, celebración, vivencia y testimonio en la comunión de la Iglesia y desde la comunión de la Iglesia, principio básico e imprescindible para la verdadera misión.

(6) Y una de las derivadas y consecuencias del quinto punto recién glosado es la dimensión pública de la fe, también esencial a la misma.

El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él. Y este “estar con Él” nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree.

(7) La fe cristiana necesita continuamente alimentarse, nutrirse, reciclarse de su verdad e identidad para saber dar razón de ella misma y de su esperanza (I Carta del Apóstol San Pedro, 3. 15).

Y para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. Todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia.

A la profesión de fe, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos.

Así, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración.

(8) La fe cristiana es siempre indisociable e inseparable de la caridad y viceversa. La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino.

(9) La fe cristiana crece creyendo y se fortalece mediante las pruebas y dificultades que la aquilatan y robustecen.

Y las dificultades (pensemos de nuevo en la experiencia que vivimos con ocasión de la pandemia del coronavirus) ponen a prueba la fe para aquilatarla y para robustecerla.

El apóstol Pedro proyectan otro rayo de luz sobre la fe: “Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas” (1 P 1, 6-9).

La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también hoy por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que Jesucristo ha vencido el mal y la muerte».

(10) La fe cristiana encuentra en María Santísima y en los santos su modelo, su cumplimiento, su viabilidad. Un santo canonizado es aquel cristiano que, antes de ser examinado en su intercesión posible en un milagro, ha recibido el reconocimiento oficial de la Iglesia de haber vivido las virtudes cristianas de modo eminente y heroico.

«Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15)». «Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4)».

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 20 de noviembre de 2020

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