Vía Crucis por y con los damnificados del coronavirus

El Vía Crucis es escuela para sumar a la pasión redentora de Jesucristo nuestros propios sufrimientos en favor de los más necesitados y de la redención universal

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

Un viernes, uno de los días más importantes de la historia de la humanidad –junto a los días de la Encarnación, de la Natividad y de Resurrección-, Jesús de Nazaret fue juzgado, condenado a muerte, hecho cargar con una cruz, recorrer el camino el Calvario y allí sufrir la muerte, una muerte cruel, pero salvadora y redentora para toda la humanidad. Fue un viernes, el 14 de Nisán del calendario hebrero, probablemente el 7 de abril o una fecha próxima a esta. Desde entonces, el viernes es ya Viernes con mayúscula porque es el día de la cruz y de la redención. Y desde entonces, los cristianos de todos los tiempos conmemoran esta jornada con distintos modos y prácticas. Una de ellas es el ejercicio de piedad o el rezo del Vía Crucis.

Entre los numerosos materiales que en estos dificilísimos días de turbación se suceden y hasta se aglomeran en las redes sociales, he encontrado un Vía Crucis, firmado por Charles Singer. Lo hago mío, con algunos añadidos por mi parte.

“El coronavirus –escribe el autor de principal del Vía Crucis que ahora reproduzco- ante unas de la cruces que los seres humanos tenemos que afrontar a lo largo de nuestra vida: la cruz de la enfermedad”. Es una cruz que, además, nos ha sacudido más a todos por de su carácter inédito, global y pandémico. Y prosigue Charles Singer en la introducción al Vía Crucis  que ahora utilizo: “Una cruz que puede llegar a trastocar todos  de la existencia: el ámbito personal, el familiar, el social e incluso el mundial, como está ocurriendo”. Y concluye en su introducción: “Oramos, junto a la cruz de Jesús, para que el Señor nos ayude en esta circunstancia tan excepcional, que requiere de la colaboración de todos. Que encontremos luz y paz en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo”.

          A continuación, el texto con las oraciones del Vía Crucis y una invitación a los lectores de NUEVA ALCARRIA a que lo recen solos o en familia a lo largo del día de hoy, viernes 28 de marzo de 2020, cuarto viernes de una Cuaresma tan singular y dolorosa, que nunca olvidaremos.

Primera estación: Jesús es condenado a muerte

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pedimos en esta estación por todas las personas. Somos frágiles. Estamos expuestos a virus, enfermedades, pecados, peligros… Es la “condena” de nuestra limitación y debilidad humana.  Es la “condena” de todos los que sufren en el cuerpo o el alma. De este modo, podemos completar lo que le falta a la pasión de Cristo, que es la salvación de todos. Que asumamos esa condición de fragilidad que nos identifica: no somos dioses, somos de carne y hueso, con lo que esta realidad conlleva.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Segunda estación: Jesús carga con la cruz

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pedimos en esta estación por todas las autoridades políticas y sanitarias que tienen la responsabilidad de gestionar esta crisis del coronavirus, buscando el bien común de la sociedad. Les toca cargar a sus espaldas la cruz de velar por la salud de las personas. Que Dios les ilumine y les guíe en la toma de decisiones, que lo hagan con responsabilidad y ejemplaridad. Ellos, políticos y comunidad sanitaria, deben experimentar nuestra oración y confiar en ella.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Tercera estación: Jesús, cargado con la cruz, cae por primera vez

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación para que no caigamos en la tentación de la frivolidad, de no tomarnos en serio las recomendaciones que se nos hacen para evitar posibles contagios, poniendo en riesgo nuestra salud y la salud de los demás. Pidamos asimismo evitar la tentación de entrar en pánico. Y pidamos para que sepamos distinguir la verdad de los bulos.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Cuarta estación: Jesús, cargado con la cruz, se encuentra en la Vía Dolorosa de Jerusalén a su santísima madre María

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación la intercesión de la Virgen María, y para que confiemos en la tarea de tantos profesionales que velan “como madres” por nuestra salud y nuestro bienestar. Oremos singularmente por todas las profesionales que son madres. Y pidamos para el resto de ellos, entrañables maternales y que todos ellos encuentran en los demás esas mismas entrañas de madre.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Quinta estación: El Cirineo ayuda a Jesús a cargar la cruz

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación por los profesionales sanitarios: médicos, enfermeras, auxiliares… por todo el personal de los hospitales que son los cirineos que ayudan a los enfermos a vencer la enfermedad. Que Dios les proteja, les cuide, les fortalezca y les ayude en esta hora difícil. Recemos igualmente por aquellos profesionales de sanidad que, por ser cirineos, ya han fallecido o han sido contagiados.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro ensangrentado de Jesús

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación por las personas que, de manera altruista, ayudan, colaboran, se solidarizan, aportan su tiempo y sus dones para aliviar tantas necesidades como acarrea una situación como ésta. Que aprendamos a estar siempre al lado de los que sufren, sin estigmatizar a nadie. Y que sepamos aprovechar bien, al respecto, las nuevas vías, plataformas y redes de comunicación.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez bajo el peso de la cruz

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación para que no caigamos en el miedo, en la histeria, en la desesperanza… que no conducen a nada. Que el Señor nos dé serenidad para afrontar esta situación de emergencia que nos toca vivir. Y oremos singularmente por quienes caen bajo el peso de la cruz del pánico, de la hipersaturación de información y de los bulos.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Octava estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación por tantos creyentes como en estos días rezamos para que Dios aparte del mundo este mal del coronavirus. Que Dios escuche y atienda nuestras oraciones. Que nuestras plegarias, como las de las mujeres de Jerusalén, sean enjugados en la misericordia de Dios y hallemos consuelo en la oración individual y comunitaria.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Novena estación: Jesús con la cruz a cuesta cae por tercera vez

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación por quienes sufren los daños colaterales de esta crisis. De un modo especial, por los empresarios que ven peligrar su medio de subsistencia y por los obreros que, como consecuencia, se quedan sin trabajo. Y quienes han de seguir trabajando para servirnos a los demás. Que pronto todo pueda volver a la normalidad.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Décima estación: Jesús con la cruz a cuesta llega al Calvario y es despojado de sus vestiduras

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

 Pidamos en esta estación por los investigadores que buscan un remedio de curación eficaz, para que sus trabajos pronto puedan dar fruto. Que la comunidad médica y científica aúne fuerzas. No se trata de saber qué país y qué científicos logran primero la vacuna, sino que unir esfuerzos.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación por todos los que guardan cuarentena médica, bien por tener el virus, bien por haber convivido con personas infectadas. Que el Señor les dé paciencia, y que este tiempo les sirva de provecho para reflexionar sobre la propia vida y sobre la necesidad que tenemos de Dios. Y para que también se sientan acompañados, desde la distancia, por la fraternidad universal.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”. Unos minutos de silencio interior.

Pidamos en esta estación por todos los que han fallecido con coronavirus, para que Dios les acoja en el cielo donde ya no hay ni enfermedad, ni luto ni dolor. Cristo murió por ti y por mí. Murió por todos. Murió por ellos. Sigue muriendo cada día por ellos y por todos. Y su muerte nos abrió a ellos y a todos las puertas de la Vida con mayúscula y para siempre.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Decimotercera estación: El cuerpo muerto de Jesús es descendido de la cruz y entregado a su Madre Santísima

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación por todos los familiares de quienes han padecido o están padeciendo la enfermedad del coronavirus, para que el Señor les acompañe y fortalezca en medio de la situación familiar que están viviendo.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Decimocuarta estación: Jesús es sepultado

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Pidamos en esta estación para que aprendamos a asumir tantas realidades dolorosas como nos toca afrontar a lo largo de la vida, incluida esta del coronavirus, desde la luz de la fe, en la esperanza de que todo es pasajero, de que Dios tiene siempre la última palabra.

PADRE NUESTRO…

“Pequé, Señor, ten piedad y misericordia de mí, pecador”

Decimoquinta estación: Jesús resucita de entre los muertos y vence la muerte

“Tu Cruz adoramos, Señor, u tu santa resurrección glorificamos. Por el madero ha venido la alegría al mundo entero”.

Oración final: Oh, Dios, que sabes que no podemos subsistir por nuestra fragilidad, asediados por tantos peligros, como ahora padecemos con la pandemia del coronavirus. Concédenos la salud del alma y del cuerpo, para superar con tu ayuda este peligro. Cura a los enfermos y danos la paz. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El Vía Crucis comienza poniéndose en el nombre del Dios, del Hijo y del Espíritu Santo, y el rezo del “Señor mío, Jesucristo”. Puede concluir con un nuevo Padre Nuestro, Ave María y Gloria por las intenciones  del Papa y el rezo del Credo.

 

Texto publicado en NUEVA ALCARRIA el viernes 27 de marzo de 2020

 

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