Alegría y celebración

Por José Ramón Díaz-Torremocha

(de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Guadalajara)

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"Queridos amigos:  sobre un buen amigo y consocio muy querido,  Michael Thio con el que servimos durante la XV presidencia general de las Conferencias de San Vicente de Paúl que él ostentó, nos llega la triste noticia de que su esposa, nuestra amiga Rosalind, se encuentra muy gravemente enferma y con paliativos en casa.

Rogamos oraciones por los dos: por Rosalind para que, si es la disposición del Señor como le pedimos, la sane según Su Voluntad,  y por Michael para que le llene de  Esperanza ".

Para todos, nuestro agradecimiento por las oraciones, y el abrazo fraterno de Jean Tirado y José Ramón Díaz-Torremocha

Que María cuide siempre a nuestras Conferencias”

 

 

ALEGRIA Y CELEBRACIÓN

 

Estamos a las puertas de volver a reunirnos para celebrar la venida del Hijo del Hombre que acampó entre nosotros. Hemos dejado atrás el Adviento y hemos llegado al Tiempo de Navidad.

Estamos, no lo olvidemos, un año más, celebrando el nacimiento del Hijo de Dios que se hizo hombre para darnos la Salvación. Ya me perdonarán los queridos lectores, que no me refiera a la Navidad que engloba todo ello. Hemos repetido tanto y tan poco honor hemos hecho con frecuencia de los valores que representa, - la Navidad - que parece que la hemos vaciado un tanto de contenido y debemos repetir y hacer hincapié en lo que debería ser obvio.

Desafortunadamente, para tantos, ¿qué significa Navidad más allá de compras compulsivas y regalos para dar o recibir? De comidas o cenas ya sea de amigos o familiares, a las que tantos van forzados y a disgusto. ¡Un periodo en el que aumentan las disputas familiares e incluso los divorcios! ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo hemos llegado a esta situación los cristianos? ¿Somos conscientes de que estamos celebrando que el Hijo de Dios vino a nosotros, se entregó y nos regaló la Salvación?

¿Es esa venida, ese regalo, lo que celebramos los cristianos? Sinceramente creo que sí. Aunque solo sea por intentar ver la botella “medio llena”. Aunque solo sea por mí, afortunado, continuo, optimismo por el que doy permanentemente gracias al Buen Dios que me lo regaló.

La alegría del nacimiento del Hijo de Dios debe curtirnos el alma al pensar, incluso en términos puramente humanos, ¿qué va a ser de Él? ¡Que vamos a hacer los hombres con Él! Con quien vino a hablarnos del Perdón y del Amor, sabiendo que sólo venía a sembrar y a sufrir.

Pero ese sufrimiento, ese dolor inmenso, todavía va a tardar en llegar. En alcanzarnos su conmemoración. Hoy toca la alegría de celebrar aquel “fiat” sin el que nada hubiera sido posible. De celebrar que aquella jovencísima muchacha, de la edad de mi nieta, limpia, transparente en su goce, en su alegría que va a compartir con su prima que también ha sido bendecida, le dijera sí al Señor que va a hacer “en ella maravillas”, como nos recuerda Lucas en el Magníficat (Lc 1,46-55).  

Nada hubiera sido posible sin Ella. Cuando esta Navidad, nos sentemos alrededor de la mesa de la celebración familiar o amical, no olvidemos qué si todo partió de un regalo del Misericordioso para nuestra salvación, nada hubiera sido posible sin el “sí” de aquella muchachita en cuyo vientre Él quiso refugiarse y venir a nosotros. Necesitó su “permiso” pues Él siempre respeta nuestra libertad.

Cuando ella canta, cuando ella visita a su prima para compartir su alegría, cuando escucha en el Templo la dura predicción del anciano Simeón (Lc 2, 21-35), es consciente de que el camino que le ha pedido recorrer el Buen Dios, no va a ser fácil. Pero, seguramente sin ser plenamente consciente de toda su importancia, la intuye y la recorre apurando con el Hijo hasta la última gota del dolor materno.

Cuando nos juntemos para celebrar la Pascua, el paso del Señor, no olvidemos que Él llego gracias a la veneración y respeto de María hacia la misión que le encomienda el Creador.

¡Qué bueno será que se lo enseñemos así, aunque sea en medio de los regalos, a nuestros hijos y nietos!

Que Ella nos ayude a dejar en los que nos sucedan, el recuerdo de una verdadera Nochebuena en la que sintamos a María con nuestras familias.

¡¡María, siempre María!!

 

José Ramón Díaz-Torremocha

de las Conferencias de San Vicente de Paúl

Guadalajara (España)

 

 

“Dear friends: our good friend and beloved Brother Michael Thio, with whom we have worked closely during his term as XV president general of the Conferences of Saint Vincent de Paul, shared with us the sad news that his spouse, our friend Rosalind, is seriously sick and on palliative cares at home.

We beg everyone to pray for both: for Rosalind, so that the Lord hearing our plea give her strength and peace, and for Michael so he may find some Hope.”

To everyone, our gratitude for your prayers and a fraternal hug from Jean Tirado and José Ramón Díaz-Torremocha.

May Mary keep always our Conferences alive.

 

 

JOY AND CELEBRATION

 

We are about to meet again to celebrate the coming of the Son of Man who was among us. We have left Advent behind and reached Christmas Time.

Let us not forget that, one more year, we are celebrating the birth of the Son of God who became man to bring us the Salvation. My dear readers will forgive me for not referring to Christmas, which encompasses all of this. Christmas, we have repeated it so much and we have honoured so little the values it represents, that somehow, we seem to have emptied it of its content and we must repeat and emphasize what should be obvious.

Unfortunately, what does Christmas mean for so many beyond compulsive shopping and gifts to give and receive? Beyond meals or dinners either from friends or family, to which so many feel obliged and not at ease. A period in which family disputes and even divorces increase! How did we get to this situation? How we, Christians, have come to this situation? Are we aware that we are celebrating that the Son of God came to us, gave himself to us, and offered us the Salvation?

Is it this coming, this gift, what we Christians celebrate? I honestly think so. If only for trying to see the bottle "half full". If only for my fortunate continuous optimism for which I permanently thank the Good Lord who gave it to me.

The joy of the birth of God’s Son should harden our souls as we think, even in purely human terms, what will become of Him? What are we going to do, we human beings, with Him! With who came to tell us about Forgiveness and Love, knowing that he only came to sow and suffer.

But that suffering, that immense pain, is still going to take long time to come, long time to reach us for its commemoration. Today we have the joy of celebrating that "fiat" without which nothing would have been possible. To celebrate that this very young girl, the age of my granddaughter, clean, transparent in her joy, in her bliss to share with her cousin who has also been blessed, would say yes to the Lord that will do "great things for her", as Luke reminds us in the Magnificat (Lk 1:46-55).

Nothing would have been possible without Her. When this Christmas, we sit around the celebration table with family or friends, let us not forget that if all started with the gift of the Merciful for our salvation, nothing would have been possible without the "yes" of that young girl in whose womb He wanted to take refuge and come to us. He needed her "permission" because He always respects our freedom.

When she sings, when she visits her cousin to share her joy, when she hears in the Temple the harsh prediction of the elder Simeon (Lk 2:21-35), she is aware that the path that God has asked her to walk is not going to be easy. But, surely without being fully aware of all her importance, she senses it and lives with the Son up to the last drop of maternal pain.

When we come together to celebrate Easter, the passage of the Lord, let us not forget that He came thanks to Mary's veneration and respect for the mission entrusted to her by the Creator.

How good it will be that, even surrounded by presents, we teach it this way to our children and grandchildren!

May she help us to leave in those who come after us the memory of a true Christmas Eve on which we feel Mary with our families.

Mary, always Mary!!

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conferences of Saint Vincent de Paul

Guadalajara (Spain)

 

 

“Chers amis. Notre bon ami et très cher confrère Michael Thio, avec qui nous avons travaillé pendant son mandat en tant que XVème président général des Conférences de Saint Vincent de Paul, nous a appris la triste nouvelle que son épouse, notre amie Rosalind, se trouve dans un état grave et en soins palliatifs à la maison.

Nous implorons vos prières pour tous les deux : pour Rosalind, afin que si le Seigneur veut bien exaucer nos prières et selon sa Volonté, IL lui redonne la santé, et pour Michael afin qu’il retrouve l’Espérance”.

A tous, nos remerciements pour vos prières, et les sentiments fraternels de Jean Tirado et José Ramón Díaz-Torremocha.

Que Marie protège toujours nos Conférences.

 

 

JOIE ET CÉLÉBRATIOÓN

 

Nous sommes proches de nous réunir à nouveau pour célébrer la venue du Fils de l’Homme qui a vécu parmi nous. Nous avons laissé l’Avent derrière nous et avons atteint le temps de Noël.

Nous célébrons une année de plus, ne l’oublions pas, la naissance du Fils de Dieu qui est devenu homme pour nous donner le Salut. Mes chers lecteurs me pardonneront de ne pas parler de Noël qui englobe tout cela. Noël, nous avons tellement répété ce mot et nous avons si peu honoré les valeurs qu’il représente, qu’il semble que nous l’avons un peu vidé de contenu et nous devons répéter et souligner ce qui devrait être évident.

Malheureusement, que signifie Noël pour beaucoup au-delà des achats compulsifs et des cadeaux à donner ou à recevoir ? Des repas ou des dîners d’amis ou de famille, auxquels tant de gens vont obligés et à contrecœur. Une période où les conflits familiaux et même les divorces augmentent ! Comment sommes-nous arrivés à cette situation ? Comment les chrétiens en sont-ils arrivés à cette situation ? Sommes-nous conscients de célébrer que le Fils de Dieu est venu à nous, s’est donné à nous, et nous a offert le salut ?

Est-ce cette venue, ce cadeau ce que nous, chrétiens, célébrons ? Honnêtement, je le pense. Ne serait-ce que pour essayer de voir la bouteille « à moitié pleine ». Ne serait-ce que pour mon heureux et permanent optimisme pour lequel je remercie constamment le Bon Dieu qui me l’a offert.

La joie de la naissance du Fils de Dieu doit aguerrir nos âmes quand nous pensons, même en termes purement humains, qu’adviendra-t-il de Lui ? Qu’allons-nous faire avec Lui ! Avec celui qui il est venu nous parler du Pardon et de l’Amour, sachant qu’il ne venait que pour semer et souffrir.

Mais cette souffrance, cette immense douleur, va encore prendre du temps à venir, à nous apporter sa commémoration. Aujourd’hui, c’est le moment de célébrer la joie de ce « fiat » sans lequel rien n’aurait été possible. Pour célébrer que cette très jeune fille, de l’âge de ma petite-fille, propre, transparente dans sa jouissance, dans sa joie qu’elle va partager avec sa cousine qui a également été bénie, dise oui au Seigneur qui va faire « pour elle de grandes choses », comme Luc nous le rappelle dans le Magnificat (Lc 1, 46-55).

Rien n’aurait été possible sans elle. Quand ce Noël, nous nous assoirons autour de la table de la célébration familiale ou amicale, n’oublions pas que si tout a commencé avec un don du Miséricordieux pour notre salut, rien n’aurait été possible sans le « oui » de cette jeune fille dans le ventre de laquelle Il a voulu se réfugier et venir à nous. Il avait besoin de sa " permission " parce qu’Il respecte toujours notre liberté.

Quand elle chante, quand elle rend visite à sa cousine pour partager sa joie, quand elle entend dans le Temple la dure prédiction de l’ancien Siméon (Lc 2:21-35), elle est consciente que le chemin que le Bon Dieu lui a demandé de parcourir ne va pas être facile. Mais sûrement, sans être pleinement consciente de toute son importance, elle la pressent et vit avec le Fils jusqu’à la dernière goutte de douleur maternelle.

Lorsque nous nous réunirons pour célébrer Pâques, le passage du Seigneur, n’oublions pas qu’Il est venu grâce à la vénération et au respect de Marie pour la mission que lui a été confiée par le Créateur.

Comme il sera bon que, même entourés de cadeau, nous l’apprenions de cette façon à nos enfants et petits-enfants !

Qu’elle nous aide à laisser dans ceux qui nous succèdent, le souvenir d’un vrai Réveillon de Noël où nous puissions sentir Marie à côté de nos familles.

 

Marie, toujours Marie !

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conférences de Saint Vincent-de-Paul

Guadalajara (Espagne)

 

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