El culto a San José en los Papas de los últimos 150 años

Pío IX lo declaró patrono universal de la Iglesia; León XIII escribió una ecíclica, las letanías del santo y una preciosa oración; Pío XII, patrono de los trabajadores; Juan XXIII, patrono del Vaticano II; y Juan Pablo II, custodio del Redentor

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

En continuidad con los dos artículos anteriores de esta misma página de Religión de NUEVA ALCARRIA, centrados en la figura de san José al hilo de la carta apostólica “Patris corde” del Papa Francisco y del presente Año de San José, en el 150 aniversario de su proclamación como patrono universal de la Iglesia, he aquí hoy unas pinceladas históricas sobre el culto al santo promovido por los papas en el último siglo y medio, que bien podemos denominar la época dorada de la devoción a san José. Un trabajó, en la revista “Teresa de Jesús”, del carmelita descalzo Teófanes Egido, entre otras fuentes, guía este artículo

Antes, bueno será indicar que en el pontificado de Sixto IV (1471-1484), la fiesta de san José fue introducida definitivamente (su culto arranca en el siglo IV entre los cristianos coptos de Egipto y es difundida ya en toda la Iglesia gracias a la Orden del Carmelo, a partir del siglo XIII) en el calendario romano, que es el que ha llegado hasta nuestros días, en el día del 19 de marzo, por ser una semana antes de la solemnidad de la Anunciación y Encarnación de Jesucristo (25 de marzo).

 

Pío IX y el patrocinio o patronazgo universal de san José

 

El patrocinio de san José es celebrado en la Iglesia desde el siglo XVI, aunque no de manera oficial e institucional en toda ella, sino en distintos Estados y numerosas congregaciones religiosas, cofradías y otras realidades eclesiales.

Fue el beato papa Pío XI (1846-1878) quien oficializó e instituyó el patronazgo, haciéndolo extensivo a toda la Iglesia. La solemne declaración correspondiente de Pío IX tuvo lugar el 8 de diciembre de 1870, solemnidad de la Inmaculada Concepción, dogma de fe que el mismo definió el 8 de diciembre de 1854. Dieciséis años más tarde, la Iglesia, singularmente el pontificado romano, vivía una situación muy complicada y desoladora ya las fuerzas de la unificación de Italia (“Il Risorgimento”) habían tomado Roma, habían desaparecido los Estados Pontificios y el mismo Papa era un rehén dentro de los confines vaticanos. Además, la situación sociopolítica era muy convulsa y hasta revolucionaria como consecuencia de la fuerza con la que habían irrumpido el liberalismo anticristiano, el comunismo y el anarquismo.

En este contexto y acogidas numerosas peticiones e instancias al respecto, Pío IX proclamó a san José como patrono universal de la Iglesia. Además, numerosos padres conciliares del Concilio Vaticano I (1869-1870), que hubo de suspenderse precisamente con ocasión de la llegada a Roma del ejército unificador de Italia.

Y fue mediante el documento apostólico “Quedmadmodum Deum” y que comienza con estas palabras: “Del mismo modo que Dios constituyó al otro José, hijo del patriarca Jacob, gobernador de toda la tierra de Egipto para que asegurase al pueblo su sustento, así al llegar la plenitud de los tiempos, cuando iba a enviar a la tierra a su Hijo Unigénito para la salvación del mundo, designó a este otro José, del cual el primero era un símbolo, y le constituyó Señor y Príncipe de su casa y de su posesión y lo eligió por custodio de sus tesoros más preciosos” Y, ahora, continuaba Pío IX, del mismo modo “el Papa, conmovido por la recientísima y triste condición de los hechos, quiere coronar estos votos poniéndose él y todos los fieles bajo el poderosísimo patrocinio del Santo Patriarca José. Y, por lo tanto, lo declara Patrono de la Iglesia Católica”.

Desde entonces y hasta 1955, la fiesta del Patrocinio de San José se celebró el miércoles de segunda semana de Pascua, con rango de solemnidad litúrgica.

 

San José en la Catedral de Sigüenza

 

León XIII, el Papa de san José por excelencia

 

El sucesor del beato Pío IX, que había sido arzobispo de Perugia, en cuya catedral se conserva una reliquia con el anillo de bodas de José y María, intensificó el ambiente de fervor y devoción en torno a san José. Y el pontificado de León XIII (1878-1903), espléndido en tantísimos aspectos, rebosó en gestos de amor y de difusión del culto de san José, a quien compuso sus propias letanías, que ya publicábamos íntegras en esta misma página de NUEVA ALCARRIA hace dos semanas,  y una de las hermosas oraciones, muy popular y rezada durante décadas, a él dirigidas: “A vos, bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación; y después de invocar el auxilio de tu Santísima Esposa solicitamos también confiados tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades”.

Y la oración de León XIII prosigue: “Protege, Providentísimo Custodio de la Sagrada Familia la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción; asístenos propicio, desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas: y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora, defiende a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, ya cada uno de nosotros protégenos con el perpetuo patrocinio, para que, a tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el cielo la eterna felicidad. Amén”.

Por otro lado, el 5 de Julio de 1883 el Papa León XIII aprobó la dedicación del miércoles como el día consagrado a la devoción de San José en toda la Iglesia universal. Y, además, durante el final del siglo XIX, el tiempo de su pontificado, proliferaron numerosas congregaciones religiosas, cofradías, revistas e instituciones puestas con el nombre del santo, y también templos como, por ejemplo, la Sagrada Familia de Barcelona de Gaudí. Y fue asimismo León XIII quien creó la festividad litúrgica de la Sagrada Familia, situada en el domingo después de Navidad.

Con todo, el principal legado que León XIII legó acerca del culto a san José fue una encíclica, la única encíclica (documento pontificio de muy alto rango, “Quamquam pluries”), dedicada al santo. Fue publicada el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, del año 1889.

 

Pío X, Benedicto XV y Pío XI

 

Aunque no consta ningún hito especialmente significativo en la historia de la devoción a san José durante su pontificado, san Pío X (1903-1914) fue también muy devoto del santo y promovió su presencia en las catequesis y en la música sacra, tan celosa y oportunamente reformó y revitalizó.

Su sucesor, Benedicto XV (1914-1922) dotó a la Iglesia de un año santo especial josefino, con indulgencias jubilares, a 1920, con ocasión del 50 aniversario de la proclamación del patronazgo y patrocinio universal de san José.

Pío XI (1922-1939), el Papa de las misiones y de la Acción Católica, entre otros aspectos destacables, practicó e inculcó asimismo el amor a san José en el alma misional de la Iglesia y en el laicado.

 

Pío XII y san José obrero

 

En 1955 y con fecha en el día 1 de mayo, Jornada  Mundial del Trabajo, el Papa Pío XII (1939-1948) creó una nueva fiesta litúrgica: san José Obrero, san José considerado, contemplado como trabajador, como artesano, sumando, proponiendo así a san José como patrono de los trabajadores.

Con la creación de la memoria litúrgica en honor de san José como obrero, Pío XII decidió asimismo suprimir la fiesta del patrocinio de san José en el miércoles de la segunda semana de Pascua, como ya se dijo, y añadir a la solemnidad de san José, esposo de María, del 19 de marzo, el título de patrono de la Iglesia universal.

 

San José en la Concatedral de Guadalajara

 

Santos Juan XXIII y Pablo VI

 

Ambos papas, ya contemporáneos y santos, profesaron gran devoción a san José, a quien Juan XXIII (1958-1963) puso como patrono del Concilio Vaticano II y cuyo nombre incluyó, en 1962, en el canon romano (actual canon y plegaría eucarística 1) del Misal Romano.

Por su parte, Pablo VI (1963-1978) ofreció un protagonismo especial a san José en su visita a Tierra Santa en enero de 1962, sobre todo en su peregrinación a Nazaret.

 

Juan Pablo I y Benedicto XVI

 

Con apenas de 33 días de ministerio apostólico, Juan Pablo I (1978), también muy devoto del santo, como podía ser menos en una persona de tanta altura espiritual, no tuvo tiempo de dejar ningún gesto e hito singular en la historia de la devoción josefina.

Benedicto XVI  (2005-2013) llevaba y lleva el amor a san José en su propio nombre: Joseph Raztinger. Y ya como teólogo ofreció memorables páginas sobre el santo, a quien dedicó la fuente número 100 de los jardines vaticanos; y al consagrar y elevar al rango de basílica el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, el 6 de noviembre de 2010, recordó expresamente que “es muy significativo que sea dedicado (el templo) por un Papa, cuyo nombre de pila es José.

 

Juan Pablo II y Francisco: nuevos e importantes hitos josefinos

 

En numerosas ocasiones, san Juan Pablo II (1978-2005) recordaba que su segundo nombre de pila era José (Karol Joseph Wojtyla). Y el 15 de agosto de 1989, a los cien años de la encíclica josefina de León XIII ya glosada, Juan Pablo II escribió la espléndida exhortación apostólica “Redemptoris custos” (El custodio del Redentor), un magnífico texto, en el que, además, otorga a san José el citado título de “Custodio del Redentor”; un texto en el que santa Teresa de Jesús (1515-1582), devota por antonomasia del santo, está muy presente.

Francisco, papa desde el 13 de marzo de 2013 y con misa de comienzo oficial de su ministerio precisamente el 19 de marzo, desde el primer momento comentó que san José es santo suyo de devoción primera y de cabecera. Así, mes y medio después, el 1 de mayo de 2013, decidió que el nombre de san José aparecería también (ya aparecía, por decisión citada de Juan XXIII, en la plegaria eucarística 1) en las otras tres plegarias eucarísticas ordinarias. Y cuando, el 5 de julio de 2013, al consagrar el Estado de la Ciudad del Vaticano al arcángel san Miguel, añadió a san José en el patronazgo.

Ha sido Francisco quien popularizó, en la Navidad de 2019, una imagen del santo cuidando al Niño Jesús mientras María duerme, tranquila, sabiendo que José cuida del niño.

Francisco tiene en su despacho una imagen del santo, junto a la cual hay una urna en la que el Papa deposita sus oraciones más apremiantes a la intercesión del santo. Y ha sido Francisco quien ha escrito la referida carta apostólica “Patris corde” y ha instituido, del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021, el Año de San José, lucrada con gracias jubilares especiales, con ocasión del 150 aniversario de la proclamación del santo como patrono universal de la Iglesia.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 26 de marzo de 2021

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