"Id a José"

Por Agustín Bugeda

(vicario general)

 

 

Queridos amigos, escribo esta colaboración en el día de San José, nuestro santo protector y patrono de la Iglesia.

Precisamente elegí colaborar cada mes en nuestra web diocesana el día 19 en recuerdo de San José. No fue una fecha al azar ni sorteada.

Por eso en este mes querría hablar de él y cómo este hombre callado, trabajador, contemplativo, entregado… es nuestro gran intercesor y modelo de Iglesia.

Es el hombre del silencio y la confianza. No encontramos en el Evangelio ninguna palabra suya, pero si vemos la gran confianza, la gran fe que tiene en los designios del Señor en su vida y en la María. Movido por esa fe se entrega totalmente y cumple perfectamente la voluntad de Dios. Nadie estuvo más cerca de Jesús que José junto a María. A él nos podemos encomendar de forma particular para que nos de una fe como la suya, la necesitamos.

Es el hombre del trabajo. Vivió trabajando para mantener su humilde hogar de Nazaret. En el trabajo sencillo encontró la forma de realizar como persona en su abandono en las manos de Dios. Con su trabajo ayudó más si cabe a elevar la dignidad del trabajo humano en sí mismo. El nos ayude a ser buenos trabajadores, cada uno donde nos corresponde, en la viña del Señor. El nos consiga, se lo pedimos insistentemente, que tantas personas sin trabajo lo encuentren porque lo necesitan no sólo para comer, sino para ser precisamente personas.

Es el hombre de lo pequeño. El se ocupa en Nazaret de las pequeñas cosas, de lo más sencillo para que Jesús pueda crecer y extender el Reino, traer el Reino. Las pequeñas cosas, también materiales, que son necesarias muchas veces para que todo funcione: un libro, unos papeles, una megafonía, una luz… De todo ello está pendiente San José, pidámoselo.

Es el primer formador del primer sacerdote. No puede haber mejor patrón de los seminarios y de los que allí viven, formadores y seminaristas, que San José. El supo “cuidar” y “educar” a Jesús para que día a día cumpliera su misión hasta llegar a la Cruz. A él, al bueno de José, le pedimos que siga cuidando y educando, cuidando y acompañando a todos nuestros seminaristas y formadores. Que él nos conceda abundantes seminaristas en nuestra diócesis, en toda la Iglesia.

Y él es el primer “cristiano” perseguido. Con Jesús y María se ha de exiliar a otro país porque van a matar a su Hijo. Hoy, en este año 2015, con San José nos ponemos al lado de tantos hermanos nuestros perseguidos en tantas partes del mundo y también muy cerca de su tierra. Oramos para que tengan la fortaleza y confianza de José, para que cesen todo tipo de persecuciones.

“Id a José” fue la invitación constante de Teresa de Jesús. Todas sus fundaciones las ponía bajo el patrocinio de San José y sabía bien lo que hacía. Como Teresa de Jesús, como tantos y tantos a lo largo de la historia, también yo os invitó a ir constantemente e José, no nos va a fallar, muy al contrario os cuidará y e intercederá para que no os falte de nada, como nada faltó a Jesús.

                “Id siempre a José”

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