Intercambios

Por Pilar Arnas

(de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Guadalajara)

 

 

 

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INTERCAMBIOS

 

En esta ocasión, con permiso de nuestros amigos Jacinto y Ramiro, os remito este correo que se intercambiaron cuando nos encontrábamos recluidos por esta pandemia y que, ahora, me reenvían haciéndome partícipe de la franca comunicación que se establece entre amigos.

 

"Querido Ramiro estoy admirado de las bondades de Dios.

La reclusión forzada que ha impuesto esta pandemia no me ha liberado de una incipiente angustia que sólo la oración ha permitido alejar.

No sé qué hubiera sido de mí si no hubiera podido participar de la Santa Misa que diariamente se me ofrecía a través de Youtube.

El Rosario lo he vivido con especial fervor pues he necesitado el acompañamiento de nuestra Santísima Madre.

He conocido el sufrimiento de amigos que han padecido la muerte de familiares en total soledad, sin poderles acompañar cuando se dispusieron a realizar su último viaje.

Sucedieron meses de parcial aislamiento y supliqué al Buen Dios paciencia, aceptación de la cruz y fortaleza para unirme, al menos espiritualmente, a tantos hermanos de cuyo sufrimiento no me faltaron noticias.

Gritaba, sin saberlo, solicitando algo de luz, pues estaba envuelto en vanos afectos de mi vida pasada y el presente me era difícil de digerir.

Mi querido Ramiro, tu amigo se ha sentido un miembro más de esta humanidad sufriente.

Ahora entiendo que la oración, suavemente, presentó sus frutos y agradezco al Señor la gracia de poder orar y sufrir con mis queridos hermanos.

Momentos de oración me han permitido conocer cómo muchos de los que partieron al definitivo hogar fácilmente supieron despegarse de las pequeñeces de nuestra existencia y se aferraron al Amor que les daba la bienvenida.

Dejé de estar angustiado. Mi encuentro personal con el Señor pasó a ser tranquilo y confiado.

Mi pobre memoria lo representaba glorioso y colmado de misericordia. El sinsentido que encontraba en esta pandemia, empiezo a vivirlo con aceptación y al sufrimiento compartido le doy la bienvenida.

Tengo que agradecer al Buen Dios que me permite ver su misericordia tanto en tiempos de bonanza como en tiempos de sufrimiento. Todo me lleva a su alabanza. Vivo, con gratitud, mi pequeñez que posibilita sentirme totalmente necesitado de Él.

Todos los días, en oración, me presento al Señor como un niño bien necesitado y Él me mima con dulzuras y luces que yo no sabría expresar.

Ramiro, la edad no me impide sentirme muy niño y en esta condición participo, como nunca, de los juegos que el Señor elije para recrearse conmigo

Recibe un fraterno abrazo

¡Dios te bendiga y María te acompañe siempre! "

 

(1) Jacinto y Ramiro, son dos consocios miembros de las Conferencias de San Vicente, que ya han protagonizado algunos otros artículos publicados en esta misma página web

 

 

ENGLISH

 

 

EXCHANGES

 

On this occasion, with the permission of our friends Jacinto and Ramiro, I am sending you this e-mail that they exchanged when we were in lockdown due to the pandemic and which they have now forwarded to me, sharing with me the open communication that friends establish.

 

“Dear Ramiro, I am in awe of God's bounty.

 The forced seclusion imposed by the pandemic has not freed me from an emerging distress that only prayer has allowed me to release.

 I don't know what would have become of me if I had not participated in the Holy Mass offered to me daily via Youtube.

 I have lived the Rosary with special zeal because I needed the support of our Blessed Mother.

 I have known the suffering of friends who have endured the death of family members in total loneliness, unable to be with them as they prepared their last journey.

Months of partial isolation followed and I begged the Good Lord for patience, acceptance of the cross and the strength to unite myself, at least spiritually, with so many brothers and sisters of whom I knew the suffering.

I was shouting without knowing it, asking for some light, for I was caught in the futile attachments of my past life, and the present was hard to bear.

My dear Ramiro, your friend has felt like any other member of the suffering humankind.

Now I understand that prayer, gently, has borne fruit and I thank the Lord for the grace of being able to pray and suffer with my dear brothers and sisters.

Moments of prayer have allowed me to know how many of those who left for their final home could easily detach themselves from the pettiness of our existence and clung to the Love that welcomed them.

I ceased to be distressed. My personal encounter with the Lord became calm and confident.

My poor memory depicted Him as glorious and full of mercy. I am beginning to live the meaninglessness I found in this pandemic with acceptance, and I welcome the shared suffering.

I have to thank the Good Lord who allows me to see his mercy both in times of bounty and in times of suffering. Everything leads me to His praise. I live with gratitude my insignificance, which lets me feel totally in need of Him.

In the daily prayer, I present myself to the Lord as a child in need, and He cares for me with sweetness and with a light that I would not know how to express.

Ramiro, age does not prevent me from feeling like a child and, as such, I participate, as never before, in the games that the Lord chooses to play with me.

Receive a fraternal embrace.

God bless you and may Mary be always with you!"

 

(1) Jacinto and Ramiro, two fellow members of the Conferences of St. Vincent, have already featured in several other articles published on this website.

 

 

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