Al compás del sínodo diocesano (3): camino recorrido y retorno a los grupos sinodales

Guía para el trabajo sinodal en grupos del tema primero, sesión segunda, del cuaderno primero, “Llamados”, de nuestro Sínodo de Sigüenza-Guadalajara

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

Ofrecemos hoy la tercera entrega del retorno en la diócesis al trabajo de los grupos para nuestro Sínodo. Ya esta página de Religión de NUEVA ALCARRIA estuvo dedicada el 4 de febrero a una primera entrega para seguir el compás del Sínodo diocesano, una vez, que, a partir del 20 de enero, comenzaron a retornar los trabajos de los grupos sinodales. Entonces, hacíamos memoria del camino sinodal recorrido hasta ahora y del camino que ahora se abre y sus etapas siguientes. También hace dos semanas informábamos que se había editado y distribuido el cuaderno de trabajo número 1, titulado “Llamados”.

La pasada semana nos adentrábamos en la primera sesión del primer tema del primer cuaderno. Fue la sesión de trabajo, oración y reflexión dedicada a la vocación universal a la santidad. Este primer tema se completa con una segunda sesión con las vocaciones para un seguimiento especial y más consagrado a la vocación a través de lo que es la vocación sacerdotal y la vocación a la vida consagrada en sus distintos modos y formas de consagración, lo que generalmente entendemos por vocación a la vida religiosa y a otros modelos de vida consagrada.

Esto es, el Señor nos llama a todos a la santidad a través de los distintos estados y en la vida cotidiana; y llama asimismo a los que Él quiere a un seguimiento más de cerca y a una vida de entera consagración a Él y a la misión evangelizadora. Es lo que entendemos como vocaciones de especial consagración (sacerdotes y consagrados).

 

 

Datos y análisis de la realidad vocacional diocesana

Siguiendo el análisis de nuestra encuesta sinodal, las respuestas a las preguntas sobre este tema se pueden resumir así: una gran mayoría de los encuestados dice que no se ha planteado la posibilidad de consagrar su vida a Dios, ni en el sacerdocio ni en otras formas de vida consagrada. Mayoritariamente se considera a los sacerdotes buenos guías evangelizadores y se valora bastante positivamente la actividad de la vida consagrada.

Estos ecos de las encuestas se plasman o reflejan en la realidad de una gran penuria vocacional que arrastra nuestra Iglesia y nuestra diócesis desde hace dos décadas. Tenemos, a día de hoy, tres seminaristas mayores. Desde 2010, solo ha habido cuatro ordenaciones sacerdotales (esta primavera, podría haber una).

En la actualidad, el número de sacerdotes diocesanos se sitúa ya por debajo de los 200, de ellos unos 160 residentes en el territorio diocesano. Más de un tercio de estos sacerdotes diocesanos y residentes en la diócesis están ya jubilados; y más de la mitad de este total de sacerdotes viven en la ciudad de Guadalajara. Colaboran directamente con la pastoral diocesana otros 21 sacerdotes, ya la mayoría de ellos extranjeros e incluidos algunos religiosos de nacionalidad española con ministerio pastoral en la diócesis. Otros 20 sacerdotes más permanecen incardinados en nuestra diócesis, aunque realizan su ministerio en otras diócesis españolas.

En la actualidad, hay tan solo 3 sacerdotes diocesanos en misiones, en otros tantos países de América Latina. Eran cuatro hasta hace dos semanas, pero falleció uno de ellos, tras 55 años misiones.

 

Vocaciones específicas en la Sagrada Escritura

En el Antiguo Testamento, la primera persona en recibir una llamada especial en el sentido al que nos estamos refiriendo fue Abraham. Leemos en el libro del Génesis (Gn 12, 1-5), el primer libro de la Biblia: “El Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré”. Junto a él, podemos descubrir muchos más llamados por el Señor: Jacob, José, Moisés, Josué… Todas ellas, vocaciones con una misión, con la garantía de asistencia de Dios y con la exigencia de fidelidad en la respuesta por parte del llamado.

Preciosos son igualmente los relatos de las vocaciones de Samuel (1 Sam 3, 1-10) y las de los profetas Isaías (Is 6,1-13) y Jeremías (Jer 1,1-10.17-19).

Y si el Antiguo Testamento presenta preciosos relatos y episodios de vocación-misión, en el Nuevo Testamento es ya el mismo Jesucristo quien llama directamente y confía y dota la misión. Mateo, en su capítulo 4, versos 18-22, narra la primera de estas vocaciones: la llamada de Simón y de su hermano Andrés, los dos primeros llamados.

El Evangelio de San Marcos, capítulo 3, versículos 13 a 20, relata la vocación de los Doce Apóstoles. Este relato vocacional añade, de nuevo, la llamada a la misión y, con el cambio de Simón (por Pedro) y en el enunciado concreto de los nombres e incluso sobrenombres de los llamados se anuncia el singularísimo ministerio que iba a serles confiado.

Podemos también mencionar las llamadas a Mateo, al ciego de Jericó, a Zaqueo e incluso a la mujer samaritana, además del encuentro, llamada fallida en la respuesta, entre Jesús y el joven rico.  Y en nuestro recorrido por las llamadas y los llamados (discípulos misioneros, llamados enviados) del Nuevo Testamento no podemos olvidar la llamada a Saulo de Tarso (desde su vocación y conversión, Pablo; adviértase, de nuevo, el cambio de nombre al compás del cambio de vida tras la conversión y la llamada y misión).

Y, por supuesto, la mujer de la llamada, de la más excelsa vocación-misión, el modelo de todas las virtudes y la intercesora universal, María de Nazaret, junto a su esposo, el varón prudente y justo, el hombre también del “sí”, el custodio del Redentor, el patrono universal de la Iglesia, José de Nazaret.

 

Dos textos de la Palabra de Dios

Tras la llamada de Dios a través de la zarza ardiendo y cuando Moisés se postra ante el Señor reconociendo estar en lugar sagrado, este le muestra cual es la misión a la que quiere destinarlo. Leemos en Éxodo 3, 7-12):

“El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo de los egipcios, a sacarlo de esta tierra, para llevarlo a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, perizitas, heveos y jebuseos. El clamor de los hijos de Israel ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios. Y ahora marcha, te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel». Moisés replicó a Dios: «¿Quién soy yo para acudir al faraón o para sacar a los hijos de Israel de Egipto? Respondió Dios: «Yo estoy contigo; y esta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña»”.

Y, como queda dicho, si el Antiguo Testamento presenta preciosos relatos y episodios de vocación-misión, en el Nuevo Testamento es ya el mismo Jesucristo quien llama directamente y confía y dota la misión. Mateo narra las primeras de estas vocaciones (los hermanos Simón y Andrés y Santiago y Juan). Dice así el texto:

“Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

 

Otras célebres vocaciones en la historia de la Iglesia

Dentro de las propuestas de esta segunda sección del tema 1 del cuaderno, 1, se evocan también a muchos llamados a lo largo de los siglos. Basten como ejemplo: Mónica de Tagaste y Agustín de Hipona, Francisco de Asís y Clara de Asís, Ignacio de Loyola y Francisco Javier, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Teresa de Calcuta y Josefina Bahkita…, todos ellos santos, y tantos y tantos más.

Asimismo, se recomiendan estas cuatro películas: “El hombre que supo amar” (Miguel Picazo, 1978, sobre san Juan de Dios), “La misión” (Roland Joffe, 1986), “Conspiración para matar un cura” (Agnieszka Holland, 1988, sobre el beato Jerzy Popielusko) y “Don Bosco” (Ludovico Gasparini, 2004, sobre san Juan Bosco).

 

Textos de Benedicto XVI y de nuestro obispo

Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones del 21 de abril del año 2013, el Papa Benedicto XVI, antes de su renuncia, hizo público el mensaje correspondiente a la jornada, del que entresacamos estas palabras:

Las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con él, para entrar en su voluntad. Es necesario, pues, crecer en la experiencia de fe, entendida como relación profunda con Jesús, como escucha interior de su voz, que resuena dentro de nosotros. Este itinerario, que hace capaz de acoger la llamada de Dios, tiene lugar dentro de las comunidades cristianas que viven un intenso clima de fe, un generoso testimonio de adhesión al Evangelio, una pasión misionera que induce al don total de sí mismo por el Reino de Dios, alimentado por la participación en los sacramentos, en particular la Eucaristía, y por una fervorosa vida de oración”.

Por su parte, nuestro obispo, Atilano Rodríguez Martínez, en su carta pastoral de septiembre de 2018 “¿Para qué un Sínodo?” nos pide ofrece estas reflexiones sobre la vocación sacerdotal y consagrada: “A los sacerdotes os agradezco vuestro entusiasmo y servicio generoso, a los consagrados os animo a aportar la riqueza de vuestros carismas, a los cristianos laicos a proponer vuestra experiencia de fe y vuestra alegría evangelizadora en la Iglesia y en el mundo. Finalmente, todos hemos de agradecer la oración, sacrificios y reflexiones de las queridas monjas de clausura y de todos los miembros de la vida consagrada por los frutos del sínodo” (Carta pastoral “¿Para qué un Sínodo?”, pág. 60).

 

Preguntas y propuestas para el trabajo en grupos

Tras estos y otros materiales, y desde un clima explícito de escucha, diálogo y oración, nuestro cuaderno sinodal 1, tema 1, sesión 2, formula, para el trabajo de los grupos, cinco preguntas, cuyas respuestas, en su momento, se estudiarán y formarán parte de los siguientes pasos del camino sinodal.  Las preguntas han de ser respondidas, preferentemente, en grupo y recogidas las distintas respuestas.   

Estas son las preguntas y propuestas: (1) ¿Has captado bien el concepto vocación-misión, como una realidad unida? (2) ¿Observas alguna diferencia sustantiva entre la vocación-misión del Antiguo Testamento y las del Nuevo Testamento?

(3) ¿Qué opinas de las palabras de Benedicto XVI, recién citadas, “las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con Él, para entrar en su voluntad”?

(4) ¿A qué misión sientes que te empuja el Espíritu Santo en este momento y en esta diócesis?  (5) Señalar entre todos tres o cuatro propuestas para impulsar la pastoral vocacional en nuestra diócesis.

(6) ¿Qué piensas qué sucede hoy en nuestros hogares cristianos para que surjan tan pocas vocaciones de especial consagración? (7) Y todo esto, ¿qué te dice a ti para tu vida cristiana y eclesial, y para tu contribución al Sínodo?

 

 

PUBLICADO EN NUEVA ALCARRIA 25 FEBRERO 2022

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