Al compás del Sínodo Diocesano (5): familia, escuela, parroquia, medios de comunicación

Guía para el trabajo sinodal en grupos del tema segundo, sesión segunda, del cuaderno primero, "Llamados", de nuestro Sínodo de Sigüenza-Guadalajara

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

En la segunda sesión del tema de los fundamentos de la fe cristiana, vamos a reflexionar sobre los que podemos considerar sus fundamentos externos o extrínsecos: la familia, la escuela y la parroquia. A estos tres, hay que añadir los medios de comunicación, de decisiva Estos tres ámbitos, estas tres realidades, han sido claves y vitales no solo para la transmisión de la fe, sino también para su propio crecimiento, cultivo y desarrollo.

El Papa Benedicto XVI advertía hace unos años: «Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas».

 

La familia

 

Ya hace algún año el religioso mexicano Pascual Chávez, entonces rector mayor de la Congregación Salesiana, afirmaba que "lo que era una la cadena de transmisión de una experiencia religiosa está rota. Lo está porque antes dicha transmisión comenzaba en la familia, que era el ambiente natural en que se crecía humanamente y en la que también se maduraban concepciones religiosas y formas de comportamiento. Y esto no existe hoy. La familia se ha debilitado mucho en su capacidad de dar hijos al mundo y de educar".

Las familias de esta hora necesitan redescubrir su propia y exclusiva identidad, basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, que constituye el hogar de amor abierto y destinado a la procreación y educación de los hijos. La familia necesita ser ella misma, reavivar sus raíces, fortalecer su naturaleza y misión y no acostumbrarse y dar por buenos otros "modos" de convivencia.

Fue el Concilio Vaticano II el que acuñó la expresión y el anhelo de convertir a cada familia en una Iglesia doméstica. Y por lo que respecta a la transmisión de la fe, ésta, debe traducirse a actitudes y acciones como la toma de conciencia de esta irreemplazable misión en el ejemplo coherente de los padres, en la vivencia de las prácticas sacramentales, en la oración enseñada y practicada desde el mismo seno familiar, en el compromiso por la educación religiosa de los hijos a través de la enseñanza religiosa escolar y de la catequesis, en la lectura y escucha en familia de la Palabra, en el anuncio explícito de Jesucristo, en la pertenencia y comunión eclesial y en el testimonio de la propia vida.

 

La escuela

 

La escuela, el colegio ha de enseñar no solo conocimientos y hábitos básicos y vitales sino también valores y creencias.

De ahí la importancia a la hora de defender una escuela libre y respetuosa con los derechos de los padres, los primeros e insustituibles educadores de sus hijos. De ahí la importancia de defender y promover una enseñanza de calidad y de valores, de solidaridad y de esfuerzo.

De ahí, asimismo, la necesidad de insuflar en nuestras escuelas y colegios (también en los de titularidad católica, más allá de que se pueda dar por supuesto) el alma de la verdadera educación, que incluye también la educación y la formación religiosa, en suma, la transmisión de la fe.

Y de ahí, igualmente, la necesidad imperiosa de defender y hacer valer el derecho fundamental de los padres a elegir el modelo de educación que desean para sus hijos según sus convicciones, incluido el derecho a la educación religiosa escolar.

 

La parroquia

 

La parroquia ha sido y debe seguir siendo asimismo ámbito fecundo para la fundamentación y la transmisión de la fe.

En su emblemática y programática exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, de la que ya hemos hablado, escribió, en 2013, el Papa Francisco: “La parroquia, que no es una estructura caduca y aunque no es tampoco la única institución evangelizadora, está llamada a sumarse a este proceso. ¿Y cómo? Estando en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no convirtiéndose en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos. La parroquia ha de ser comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Por ello y porque no siempre nuestras parroquias responden siempre a este perfil ideal, la parroquia ha de situarse en estado de misión permanente y en conversión eclesial y misionera”.

La parroquia no es un dispensario de sacramentos, un espacio para el culto solo privado, devocional y ocasional, sino el hogar comunitario donde crece y madura la fe y la pertenencia y comunión eclesial.

La parroquia es la Iglesia en pequeño, en particular, en miniatura, en concreto, en lo cotidiano, con nombres y rostros conocidos, sin anonimatos.

La parroquia es la Iglesia de cercanías y en cercanía, la casa de la comunión y de la misión, el hogar de la fiesta y también del llanto.

Y necesitamos intensificar y fortalecer las catequesis parroquiales, no solo las destinadas directamente a la recepción sacramental (por ejemplo, las importantísimas catequesis de primera comunión y también las catequesis de confirmación), sino todo el proceso e itinerario formativo de la educación en el despertar de la fe y en su crecimiento y maduración a tenor de las distintas edades. Deberíamos vivir la catequesis parroquial como un itinerario educativo similar al de los centros escolares.

 

 Altar y capilla sinodal en la catedral

 

Los medios de comunicación

 

Y, además, y máxime hoy en día y cada vez más, la fundamentación y la transmisión de fe encuentra hoy en los Medios de Comunicación Social (MCS) uno de los principales y más desafiantes ámbitos.

Y en este sentido deben seguir siendo especialmente luminosas e interpeladoras aquellas palabras del Papa Juan Pablo II, en la encíclica "Redemptoris missio" (1991): "El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola en una aldea global. Los medios de comunicación son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación y de inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales".

¿Cómo podemos y debemos transmitir la fe mediante los medios de comunicación? En primer lugar, formándonos en medios de comunicación social, conociéndolos, sabiendo quiénes están detrás de los medios, cuáles sus intereses y sus ideologías.

En segundo lugar, los padres deben educar a sus hijos en el uso y no en la dependencia de los MCS, que son eso, "medios", "instrumentos", no fines en sí mismo. Los MCS no pueden suplir ni a los padres, ni a los maestros ni a los sacerdotes.

 

Iluminación desde la Palabra de Dios

 

En el Antiguo Testamento, entre los distintos textos bíblicos que encontramos en relación con estos fundamentos que hemos denominado extrínsecos, seleccionamos dos: Deuteronomio 6, 1-9 y Ester 4, 17. El primero es muy conocido. Es el llamado en hebrero “Shemá, Israel”, nombre de una de las principales plegarias de la religión judía. Su nombre retoma las dos primeras palabras de la oración en cuestión, siendo esta a su vez la plegaria más sagrada del judaísmo.

“Estos son los preceptos, los mandatos y decretos que el Señor, vuestro Dios, me mandó enseñaros para que los cumpláis en la tierra en cuya posesión vais a entrar, a fin de que temas al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y tus nietos, observando todos sus mandatos y preceptos, que yo te mando, todos los días de tu vida, a fin de que se prolonguen tus días.

Escucha, pues, Israel, y esmérate en practicarlos, a fin de que te vaya bien y te multipliques, como te prometió el Señor, Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel. Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales” (Deuteronomio 6, 1-9).

El segundo texto veterotestamentario es del libro de Ester, quien, en su capítulo 4, versículo 17, reza con estas palabras ante el peligro inminente de muerte:

“Desde mi nacimiento yo oí en mi tribu y en mi familia que tú, Señor, escogiste a Israel entre todas las naciones y a nuestros padres entre todos sus antepasados para que fueran por siempre tu heredad. Realizaste en favor suyo todo lo que prometiste” (Libro de Este4, 17)

 

Concilio Vaticano II

 

Uno de los documentos más emblemáticos del Concilio Vaticano II (1962-1965), es su constitución dogmática sobre la Iglesia, titulada “Lumen gentium” (Luz de las gentes). En su número 41, podemos leer:

“Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, deben apoyarse mutuamente en la gracia, con un amor fiel a lo largo de toda su vida, y educar en la enseñanza cristiana y en los valores evangélicos a sus hijos, recibidos amorosamente de Dios.

De esta manera, ofrecen a todos el ejemplo de un amor incansable y generoso, construyen la fraternidad de amor y son testigos y colaboradores de la fecundidad de la Madre Iglesia como símbolo y participación de aquel amor con el que Cristo amó a su esposa y se entregó por ella”.

 

Preguntas y propuestas para el trabajo en grupos

 

Tras estos y otros materiales, y desde un clima explícito de escucha, diálogo y oración, nuestro cuaderno sinodal 1, tema 2, sesión 2 formula, para el trabajo de los grupos, cinco preguntas, cuyas respuestas, en su momento, se estudiarán y formarán parte de los siguientes pasos del camino sinodal.  Las preguntas han de ser respondidas, preferentemente, en grupo y recogidas las distintas respuestas. 

Estas son las preguntas:

  1. ¿Estás de acuerdo en que familia, escuela y parroquia son fundamentos, quicios básicos para recibir, vivir y transmitir la fe?
  2. De estos tres ámbitos, destaca el principal para ti en tu historia de fe y en el presente y dinos por qué con algún ejemplo.
  3. Que cada miembro del grupo evoque el nombre de un máximo de dos personas claves en su vida en la relación entre fundamentación y vivencia de la fe y familia, escuela y parroquia. De cada uno de estos tres ámbitos, dos nombres propios por miembro del grupo.
  4. ¿Cómo viviste en familia, en familia (en Familia-Iglesia doméstica) los meses más duros del confinamiento y de la pandemia?
  5. ¿Cuáles estás viendo que son sus primeros frutos?

Asimismo, se formulan estas dos propuestas:

(1) Señalar entre todos tres o cuatro propuestas para recuperar y revitalizar en nuestra diócesis la familia, la parroquia y la escuela como fundamentos de la fe y su transmisión.

(2) Señalar entre todos tres o cuatro propuestas para tomar conciencia y actuar en la fundamentación de la fe y en su transmisión a través de los medios de comunicación social, muy singularmente, además, pensando sobre todo en las generaciones jóvenes, en el mundo de las redes sociales.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 1 de abril de 2022

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