Recorrido por ATEMPORA 2022 en la catedral de Sigüenza (3)

Tercera y última entrega de visita guiada a la exposición en la catedral seguntina, hoy con los principales contenidos de sus capítulos quinto y sexto

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

«ATEMPORA, Sigüenza 2022. Segontia entre el poder y la gloria», ante el 900 aniversario de la reconquista de Sigüenza y restauración de la histórica diócesis de Sigüenza.  Este el título y el tema de la nueva exposición que la catedral de Sigüenza, en iniciativa conjunta con el gobierno regional, alberga desde la tarde del pasado viernes 22 de julio.

La exposición se puede visitar todos los días de la semana en horario de 10:30 a 14 horas y de 16 a 19 horas. El precio por persona es de 8 euros. Se puede reservar la entrada en el teléfono 662 1875 08.

La primera entrega de esta visita guiada a la exposición en la catedral se publicó el 29 de julio y la segunda, el 5 de agosto, en esta misma página de Religión de NUEVA ALCARRIA. Hoy es la tercera y última entrega.

 

Siglos XV y XVI, la edad de oro seguntina

 

El bloque E o capítulo 5 de la exposición está dedicado al periodo de mayor esplendor de la ciudad, al que algunos historiadores han denominado como la Edad de Oro seguntina. Se trata de los siglos XV y XVI, es decir el final de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento en España. Este momento de esplendor estará representado por el obispo don Pedro González de Mendoza, conocido como «el tercer rey de España» por su gran poder e influencia.

Aquí vemos su retrato, y tan solo algunos metros su escudo, que encontramos repetido en innumerables ocasiones por el edificio, singularmente en el coro catedralicio. Fue bajo su mandato cuando se construyeron en la ciudad la Plaza Mayor, el Acueducto o la Universidad, pero también cuando se impulsó la transformación de la catedral.

 

Retablo de San Juan y de Santa Catalina

 

Aunque son muchas las piezas de arte que se pueden admirar en este bloque, una parada obligatoria es frente al antiguo retablo de la familia de La Cerda, que fue la propietaria de la que luego pasará a ser la capilla de la familia Arce.  Nos hablamos en el brazo sur del crucero, en la capilla del Doncel y entorno.

 

 

Se trata de un retablo del siglo XV, de factura gótico-flamenca, de extraordinaria calidad, en el que se representan las vidas de San Juan Bautista y de Santa Catalina de Alejandría. Lo que se puede ver es una recomposición ideal del retablo, ya que una parte de sus tablas fueron desmembradas y vendidas por separado a diversos museos y particulares.

Gracias a la generosa colaboración del Museo del Prado, donde actualmente se conservan cinco tablas de este retablo, ha sido posible plantear como debió ser su aspecto original, algo nunca antes mostrado y el visitante de la exposición tiene el privilegio de ver por primera vez. 

 

El Doncel, siempre el Doncel

 

Destaca en este espacio la capilla de don Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza, muerto en la guerra de Granada en 1486, con tan solo 25 años, que nos recibe con un libro en las manos, vivo y despierto, a diferencia de todas las esculturas de personas que podemos ver en la catedral o en esta misma capilla, que se nos muestran sin vida o dormidas. La prodigiosa escultura del Doncel en estilo gótico flamígero o isabelino, data del año 1493, de autor anónimo. Sobrecoge de que autor de la obra halla representado vivo y semiyacente al Doncel, la belleza, compostura (ojos vivos, libro en las manos, vestido de comendador de la Orden Militar de Santiago, a la que perteneció), simbolismo (un anticipo del ideal renacentista) y mensaje del personaje, muerto en la guerra de Granada, en junio de 1486. Es de autor anónimo.

Además de contemplar la figura del Doncel, en este excepcional espacio se ha instalado un árbol genealógico presidido por un escudo recién restaurado del Doncel, a partir del que podremos entender las relaciones familiares de las personas aquí enterradas.

 

 

Capilla Mayor y Púlpitos

 

Al fondo de la capilla mayor, en un plano elevado sobre el nivel de la capilla por medio de tres escaleras y rodeado por el gran retablo tardo renacentista, que hizo Giraldo de Merlo, por disposición del prelado fray Mateo de Burgos, a comienzos del siglo XVII, vemos el altar mayor, el lugar donde se hace presente el sacrificio de Cristo. El altar mayor es el centro espiritual de la catedral, la fuente de donde brota la gracia. En el altar mayor se encuentra también la sede y la cátedra del obispo, donde éste ejerce su triple ministerio: enseñar, santificar y regir.

El retablo fue recientemente restaurado (2009) por el Ministerio de Cultura, al igual que su reja y púlpitos. La capilla mayor de la catedral es coronada en su bóveda por una extraordinaria clave con un Pantocrátor medieval como figura decorativa.

La capilla mayor de la mayor está en la cabecera del templo, al este, y es prolongada por el crucero -también de belleza extraordinaria-, en la nave central, y el coro, espléndida obra del siglo XVI con dos magníficos órganos musicales.

Custodian la capilla mayor de la catedral seguntina dos magníficos púlpitos: el púlpito de la Epístola o Predicatorio, de finales del siglo XV, mandado erigir por el ya citado cardenal Mendoza; y el púlpito plateresco del Evangelio, de mitad del siglo XVI.

 

El coro gótico-renacentista

 

El coro de la catedral es un espacio reservado para la oración cantada del cabildo catedralicio que, en nombre de toda la comunidad diocesana, reza la liturgia de las horas. Se comunica con el Altar Mayor, cuyo retablo de Giraldo de Merlo acabamos de narrar, a través de la denominada Vía Sacra, ubicada en la nave central de la catedral, y así denominada porque atraviesa la nave central del templo, de tres a imitación de Cruz de Jesucristo y comunica el palo vertical (el servicio a Dios) de la cruz con el palo horizontal (el servicio al prójimo).

Su fábrica es de sillar y el interior va revestido de una excelente sillería de nogal de estilo gótico castellano. La planta es rectangular, con tres lados y 84 sitiales distribuidos en dos órdenes. Terminado en 1491, fue completado posteriormente añadiendo sillas en la parte inferior, destinadas a beneficiados y cantores.

Las sillas superiores, asignadas a canónigos y seglares invitados, se muestran más trabajadas, sobre todo en sus respaldos. Destaca la elegante silla episcopal que muestra la influencia del gótico flamígero. Su respaldo está decorado con las figuras de dos profetas. Dos ángeles sostienen el escudo heráldico del cardenal Mendoza, obispo de Sigüenza y arzobispo de Toledo, mecenas de este coro. Corona la silla episcopal un pináculo aéreo, que asemeja una mitra, signo episcopal. La autoría decorativa de la silla del obispo parece pertenecer al maestro Rodrigo Duque Alemán.

Sobre el doselete corrido de la sillería se emplaza una balaustrada plateresca del siglo XVI, elaborada por los entalladores Calderón y Juan de Amores y por el pintor Juan de Arteaga.

 

Nave del Evangelio

 

La exposición continua por la nave del Evangelio de la catedral, donde se pueden ver algunas obras de arte de los siglos XIV y XVI, entre las que destacan dos pequeñas esculturas recién restauradas (respectivamente, dos representan a los apóstoles Simón y Judas, y las otras dos  representan las virtudes de la fe y de la prudencia; que proceden del primitivo retablo mayor y del relicario, también respectivamente; y varios enterramientos, como el sepulcro doble de don Juan González de Monjúa y don Antón González, que nos sorprende por su curioso montaje con una figura casi colocada sobre la otra. También se puede ver el Arca de la Misericordia, recientemente recuperada, donde los fieles depositaban limosnas para los más pobres.

Si avanzamos unos pasos, en una de las capillas laterales, podremos admirar el extraordinario retablo gótico dedicado a San Marcos y Santa Catalina, que dan nombre a esta capilla, junto al sepulcro del fundador de la misma, Juan Ruiz de Pelegrina.         

Cierra el bloque E o capítulo 5 un pequeño apartado dedicado a la figura de San Cristóbal, cuya popularidad y devoción entre los siglos XV y XVIII llevó a muchos templos y catedrales a pintar su figura con desproporcionadas dimensiones, ya que se pensaba que aquel que contemplaba la imagen de San Cristóbal podía evitar la muerte súbita, al menos por ese día.

 

Siglos XVII y XVIII

 

El sexto y último bloque de la exposición está dedicado a los siglos XVII y XVIII. Como apertura de este apartado, se ha elegido el retablo barroco del siglo XVII que está presidido por la talla medieval de la Virgen de la Mayor, patrona de la ciudad. Los dos arcángeles que nos dieron la bienvenida al entrar en la exposición, coronaban originalmente este retablo, como podemos ver en la postal y grabado que se exponen en el lateral derecho del propio retablo.

A continuación, y según se avanza en el recorrido por este bloque, y ya en la nave de la epístola, se muestra, en tres apartados, algunos aspectos de la vida civil, religiosa y económica de la época.

Además, este espacio de la catedral cuenta con algunos interesantes retablos de los siglos XVII y XVIII, uno de ellos dedicado a San Pascual Bailón, fraile franciscano del siglo XVI, natural de Torrehermosa, entonces dentro del territorio de la histórica diócesis seguntina.

También se pueden ver varios cuadros y tallas de temática religiosa que han sido restaurados para la ocasión; pero, sin duda, la pieza más sorprendente la encontramos en el centro de la sala: un catafalco mortuorio procedente de la localidad de Atienza, que, a través de diversas frases escritas, recuerda que la muerte, antes o después, a todos alcanza.

 

Agua y sal 

 

Desde el mundo romano, la posibilidad de disponer de agua potable en cantidad y calidad suficiente siempre fue una de las grandes preocupaciones de las ciudades. Sigüenza, con su estatus de ciudad, contó con un acueducto propio ya a finales del siglo XV, que fue necesario modificar en el siglo XVII, tal y como muestran los dibujos que se pueden ver aquí, junto a dos arcaduces o tuberías de cerámica que servían antaño para canalizar el agua por la ciudad.

Finaliza la visita frente a una impresionante noria, procedente de las salinas de Imón, que se encuentran al norte de Sigüenza. Junto a ella podemos ver unas imágenes de cuando estaban en funcionamiento, a principios del siglo XX, y varios planos que nos recuerdan la importancia que la sal tuvo para toda la comarca, pues no en vano, las salinas de estas tierras fueron las más rentables e importantes del reino. La sal, el oro blanco de la historia, es el motor económico que explica y da sentido a todo lo que hemos podido ver a lo largo de nuestro recorrido por la exposición, pues gracias a su comercialización, la catedral y la diócesis estuvieron en condiciones de acometer muchas de sus obras y proyectos. Con ella terminamos un viaje de 2.300 años de historia por una comarca que hoy aspira a convertirse en Patrimonio Mundial.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 26 de agosto de 2022

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