La Milagrosa

Apuntes del culto y del significado de la medalla milagrosa de la Virgen María, cuya fiesta es el 27 de noviembre y es muy celebrada por la Familia Vicenciana

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

El 27 de noviembre de 1830, aquel año víspera del primer domingo de Adviento (en 2022, primer domingo de Adviento) una humilde hija de la caridad francesa, Catalina Labouré (1806-1876) recibió unas revelaciones acerca de una aparición y mensaje de la Virgen María con el encargo de difundir el culto y sentido de las mismas, contenidas en un marco oval, en una pequeña medalla.  Es la génesis del culto a la Medalla Milagrosa de la Virgen María, cuya esencia es propagar la devoción a María, mostrar su identidad y llamar al Pueblo de Dios a que la invoque y logre por su intercesión las gracias de su Hijo Jesucristo.

Aquella aparición estaba en estrecha relación con la ya había experimentado el 18 de julio del mismo año.  Pero la religiosa tan solo informó de ambos sucesos a su confesor, el padre Alabel. Y tan solo, ocho meses antes de su muerte, el 31 de diciembre de 1876, se supo la identidad de la vidente.

 

Virgen Milagrosa en San Pedro de Sigüenza

 

La Medalla Milagrosa desde 1832

 

Con todo, ya antes, desde 1832 y una vez que el confesor de la religiosa hablara del tema con el arzobispo de París, monseñor Hyacinthe-Louis de Quélen, sin revelar la identidad de Catalina y tras proceder este, el prelado, a una estudio e investigación acerca del contenido de las revelaciones, comenzó la difusión de este culto. Las medallas fueron diseñadas y elaboradas por el orfebre Adrien Vachette.

En 1832, durante la epidemia de cólera que causó la muerte de 20.000 personas en París, se empezaron a distribuir las primeras medallas, a las que se atribuyeron numerosas curaciones, lo que derivó a su vez en una gran cantidad de conversiones, recibiendo el nombre de Medalla Milagrosa por parte de los ciudadanos. Para 1876, año de la muerte de Catalina, ya se habían distribuido más de un millón de medallas.

 

Descripción de la medalla, según la visión de Catalina

 

En la cara de la medalla, aparece la Virgen María de pie sobre un globo, aplastando una serpiente. Al describir la visión original, Catalina dijo que la Virgen apareció radiante como el sol naciente, «en toda su perfecta belleza». De las manos de María, emanan varios rayos de luz, que significan las gracias que por las que María intercede a petición de sus devotos. Las palabras «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti» circundan el marco oval, la medalla en su cara o anverso, que se remata, en su parte inferior por un globo o nubes celestiales y la fecha de 1830, el año de las apariciones.

En el reverso de la medalla, a inspiración de María, según la visión de Catalina, aparece en el centro una cruz sobre una gran letra M y enlazada a esta por una base horizontal. Están también doce estrellas dispersas en torno al perímetro del marco oval (la descripción de María en el libro del Apocalipsis, capítulo 12, versículos 1 a 9). Y se completa el reverso de la medalla por dos corazones flamígeros en la parte inferior, el izquierdo rodeado por una corona de espinas (evocación de la coronación de espinas de Jesucristo) y el derecho atravesado por una espada (inequívoca alusión al pasaje evangélico de la presentación del Niño Jesús - Lucas 2, 33-35- cuando el anciano Simeón profetiza a María que a Ella una espada de dolor le traspasará el corazón, en anunció de la pasión redentora de su Hijo).

 

Simbolismo de la medalla

 

Los elementos que figuran en la medalla representan atributos marianos y católicos. En la cara o frente de la medalla, los brazos abiertos de María es una expresión de la permanente actitud de acogida de María a todas las personas, que son también hijos suyos.

Los rayos que emanan de sus manos y alcanzan toda la tierra es símbolo de las «gracias», que María intercede por nosotros del Corazón de Jesús. Por ello, además, Medalla Milagrosa es también conocida como Medalla de Nuestra Señora de las Gracias

La leyenda ya citada y que circunda la medalla alude a la Concepción Inmaculada de María, «sin pecado concebida», verdad de fe de la Iglesia, vivida como tal como el alba del cristianismo, pero que no fue declarado dogma de fe hasta 1954, por el papa beato Pío IX.

También vivido por la Iglesia a lo largo de su historia, pero no declarado dogma de fe hasta 1950 por el Papa Pío XII, es la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, y que en la medalla milagrosa se refleja al aparecer María de pie sobre un globo, representación de la Tierra.

Asimismo, la medalla incluye a María aplastando una serpiente, representación de Satanás y del pecado original (Génesis 3). María es la nueva Eva, al ser la madre del Salvador.

En el reverso de la medalla, la letra M significa Madre, María, Mediadora. La Cruz con barra es la Cruz de la Redención. El entrelazamiento de la cruz y la letra M simboliza la unión entre la Virgen y Jesús, implicando también su papel como Mediatrix, la palabra latina que se traduce como Mediadora (la Iglesia católica proclama e invoca a María como mediadora universal de todas las gracias).

Las doce estrellas simbolizan a los doce apóstoles y, como se dijo antes, evoca, asimismo, la visión de san Juan en el libro neotestamentario del Apocalipsis, 12:1: «Y una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas».

El corazón izquierdo es el Sagrado Corazón de Jesús, quien murió por los pecados de la humanidad, reflejado en la corona de espinas. Y el corazón derecho, Inmaculado Corazón de María, quien intercede por los pecadores. La espada que lo atraviesa, símbolo del dolor de la Virgen ante el rechazo a Dios por parte de algunos de sus hijos, recuerda, a su vez, y como ya se indicó, la profecía de Simeón en el Evangelio.

Y el fuego que brota de los corazones expresa el amor ardiente de Jesús y María por la humanidad.

 

Culto, devoción, popularidad

 

Numerosos santos y beatos portaron la Medalla Milagrosa. San Juan María Vianney, el santo cura de Ars y coetáneo de Catalina Labouré, hizo representar el reverso sobre la puerta del sagrario de una capilla dedicada a la Virgen, a la que dedicó una parroquia en 1836.

San Juan Gabriel Perboyre, primer santo de China, quien murió martirizado en 1839, dejó constancia en sus cartas de numerosos milagros atribuidos a la medalla.

Beato Federico Ozanam, el laico fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl, la llevaba siempre consigo, como también santa Bernardita Soubirous o santa Teresa de Lisieux.

Todos los anteriores santos o beatos citados eran franceses y del siglo XIX. Pero la medalla milagrosa fue también portada por el inglés san John Henry Newman, también del siglo XIX, quien la llevaba consigo cuando se convirtió al catolicismo, al igual que Alfonso de Ratisbona, a quien la Virgen se apareció en Roma del mismo modo en que figura en la medalla.

San Maximiliano Kolbe, fundador de la Milicia de La Inmaculada, ya en el siglo XX y mártir de Auschwitz, solía decir que las medallas eran su «munición» cuando las repartía.​ Santa Teresa de Calcuta propagaba frecuentemente la devoción a la Medalla Milagrosa, mientras que el papa san Juan Pablo II empleó una pequeña variante del reverso de la medalla como escudo de armas (la cruz mariana, consistente en una cruz plana con una M bajo el extremo derecho, representativo de la presencia de la Virgen a los pies de Jesucristo crucificado), San Juan Pablo II visitó la Capilla de la Medalla Milagrosa el 31 de mayo de 1980.

 

¿Quién fue Catalina Labouré?

 

Beatificada por Pío XI en 1933 y canonizada por Pío XII en 1947, se estableció como fecha de su memoria litúrgica el 28 de noviembre, al día siguiente de la fiesta de la Virgen Milagrosa.

Catalina Labouré nació en la región francesa de la Borgoña, el 2 de mayo de 1806, hija de un granjero. Fue la novena de once hermanos. ​ Su madre murió cuando Catalina tenía solo 9 años. Y tres años más tarde, Catalina ya pasó a trabajar en la granja de su padre. Cuando tenía catorce años, su hermana María Luisa, ingresa a las Hijas de la Caridad; y ella pronto siente también la vocación, a la que niega su padre, que la envía París para que trabaje en la cantina de uno de sus hermanos, Charles.

 

Virgen Milagrosa en su capilla de París

 

En París, Catalina descubre la miseria de la gente y se reaviva su vocación religiosa a fin de socorrer a los más necesitados, En 1830, su padre aceptó que fuese religiosa, pero se negó a pagarle la dote, que fue sufragada por su hermano Hubert, un joven teniente.

Entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad, una sociedad de vida apostólica femenina de derecho pontificio, fundada el 29 de noviembre de 1633, por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, con el fin de dedicarse al servicio corporal y espiritual de los pobres   Fue admitida el 21 de abril de 1830 en el Seminario de las Hijas de la Caridad, situado en el número 140 de la calle del Bac en París, lugar donde tuvo sus relevaciones acerca de la Medalla de la Virgen Milagrosa.

Posteriormente, fue destinada al hospicio de Enghien, en la calle de Reuilly de París. Durante cuarenta y cinco años se dedicó a oficios humildes: cocina, atención a ancianos, portería, vividos con gran caridad y una intensa viva espiritual, muy marcada por su devoción a María.

Ocho meses antes de su muerte, cuando ya se encontraba muy anciana, enferma y agotada por los años de servicio a los más pobres y su antiguo confesor ya había fallecido, le reveló, con todo detalle, a su superiora que era ella la vidente de las apariciones en la capilla del Bac.

Falleció en París el 31 de diciembre de 1876. Como la superiora de su comunidad, ocho meses antes de su muerte, como se dijo antes, ya había hecho público que Catalina era la vidente de la Medalla Milagrosa, cientos de personas asistieron a sus funerales y se cuenta de que un niño paralítico, que había sido llevado por sus padres al funeral de sor Catalina, pudo volver a caminar en el momento que tocó el ataúd de la santa. Su cuerpo se conserva incorrupto y puede ser venerado por todos los peregrinos que llegan a la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa de París.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 25 de noviembre de 2022

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