María en mi sacerdocio

Por David Layna

(Sacerdote rural en Molina de Aragón)

 

Una vez leí en un recordatorio sacerdotal: "En tus manos, oh Dios, me abandono. Modela esta arcilla, como hace con el barro el alfarero. Dale forma y después, si así lo quieres, hazla pedazos. Dame el amor por excelencia, el amor de la cruz; no una cruz heroica, que pudiese satisfacer mi amor propio, sino aquellas cruces humildes y vulgares que llevo con cierta tristeza: indiferencia, fracaso, enfermedad, limitaciones. Solamente entonces Tú sabrás que te amo, aunque yo mismo no lo sepa".

No sé si yo he conseguido ahondar en esta reflexión tan profunda, que es una verdadera mística, pero en ello estamos…

El origen de la llamada, de cualquier vocación está en Dios, pero Él se vale de muchos medios para que llegue y sea escuchada. En mi caso, mis padres y la comunidad que frecuentaba de niño, fueron los lugares donde Él me hablaba.

En esos espacios, María, también salió a mi encuentro, para acompañarme y seducirme, para alegrarme el corazón, amándome maternalmente.

Recuerdo con cariño, siendo muy niño, un viaje que hice con mi familia a Zaragoza, como peregrinos al Pilar, una foto inmortalizó este momento. Cuando contemplo esa foto, todavía me emociono y sonrío.

Y es que sin darme casi cuenta, ha sido la Virgen la que me ha animado a decir sí al Señor, igual que ella: “Hágase en mí según tu Palabra”.

Ahora que soy sacerdote, desde ya 17 años, me paro a pensar que siempre he podido experimentar esa sutil compañía de María. Estando en Tamajón de sacerdote, con la Virgen de los Enebrales, estando en Brasil, con Nossa Senhora de Nazaré y estando en Molina, con La Virgen de la Hoz.

En María, he construido mi sacerdocio: en el silencio, la oración…; en la entrega, la caridad…; en la comunidad, la humildad…; en el testimonio, la misión…; características, todas ellas, de lo que un sacerdote tiene que ofrecer al mundo y que encuentra su inspiración en María.

Y termino… Cuando Jesús se propone a sí mismo como modelo de mansedumbre y humildad no hace más que seguir las líneas trazadas por su Madre. "Yo soy la esclava del Señor". De tal palo tal astilla. De María, finalmente, aprendió también esa aceptación gozosa del plan de Dios y esa entereza ante el sacrificio.

También María quiere educarnos a nosotros, a los que somos sacerdotes y a los futuros.

  • Educar nuestro corazón, haciéndolo manso, humilde, limpio, lleno de misericordia.
  • Educar nuestra sensibilidad, abriéndola a la belleza de la naturaleza, a las maravillas de Dios, a las necesidades de mis hermanos.
  • Educar mi temperamento, haciéndolo paciente, generoso, sereno, desprendido.

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