Santa Librada de Sigüenza

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

Apuntes para la historia de la identidad y devoción a esta santa mártir aquitana, con cuyas reliquias se levantó y se consagró la catedral seguntina hace 855 años

 

 

 

 

La catedral de Sigüenza se dispone a celebrar este sábado 20 de julio, con gran solemnidad, la festividad de quien fuera su patrona y bajo cuyas reliquias se levantó hace 855 años el templo: la joven aquitana santa Librada.

La misa del sábado 20, epicentro de la jornada, será a las 11 horas, en el altar catedralicio de la santa, donde, a las 20:30 horas del viernes 19 de julio, hay oficio de vísperas. La misa de mañana sábado 20 de julio, a las 11 horas, en la catedral será presidida por el obispo diocesano, don Julián Ruiz Martorell.

Además, con el fin de seguir recaudando fondos para restaurar la ermita de la santa en los Chorrones entre Sigüenza y Señigo (la cuarta en su historia tras las habidas en La Guardera, entre Sigüenza y Pelegrina; en los campos de Viana, frente a Palazuelos; y en lo alto de los Chorrones), habrá una cena benéfica, a las 21 horas del sábado 20 de julio, en el Parador Nacional de Turismo. Asimismo, el domingo 21 de julio, pasado mañana, con salida a las 19 horas de la catedral, habrá romería y merienda posterior en el citado paraje de la ermita seguntina de la santa.

 

 

Catedral de María,…

 

Los cánones del arte medieval cristiano establecían que toda la catedral (la iglesia propia del obispo, la iglesia cabeza y madre de todo el territorio o diócesis al obispo confiado) debía construirse integrando tres claves fundamentalmente: la presencia de una imagen mariana, la custodia del templo confiada a monjes y las reliquias de un mártir.

La imagen mariana matriz de la catedral es la Virgen de la Mayor, traída a Sigüenza desde su tierra aquitana de Agén por el obispo don Bernardo, el reconquistador, hace ahora nueve siglos, de Sigüenza y del histórico obispado.

Se trata de una talla inicialmente románica del siglo XII, esculpida en madera de ciprés, que fue modificada en varias ocasiones, adquiriendo, a partir del siglo XIV, por instancias del obispo Simón Girón de Cisneros, una configuración más gótica, esbelta, elegante y risueña.

La imagen es de las llamadas «vírgenes sagrario», pues tiene una portezuela en la espalda donde se reservaba el Santísimo y se portaba los santos óleos. Es, por ello, imagen también llamada «socia belli» (compañera de batalla), ya que consta que acompañó a don Bernardo en sus incursiones castrenses para recuperar el territorio diocesano

Es la llamada Virgen de la Mayor –también simplemente Nuestra Señora- y la patrona de la ciudad, con fiesta el domingo siguiente a la Asunción y a san Roque, fiesta precedida por un solemne novenario.

Desde la segunda mitad del siglo XVII, un espléndido retablo barroco, mandado hacer por el obispo Andrés Bravo de Salamanca (1662-1668) y ejecutada por Juan de Lobera, alberga la venerada imagen de la Virgen de la Mayor, cuya advocación responde, con toda seguridad, al hecho de que desde el siglo XII al siglo XVII, (quinientos años) estuvo en la capilla mayor del templo, de donde hubo de desplazarse hacia 1610, al erigirse allí el retablo mayor, obra de Giraldo de Merlo.

 

Catedral monacal, y …

 

Aunque inicialmente el cuidado pastoral de la catedral seguntina fue confiado a sacerdotes diocesanos, pronto la presencia monástica se hizo presente en él. Además, la impronta monacal ya la imprimía el obispo Bernardo de Agén en su condición de monje cluniacense o benedictino.

Con todo, el cabildo de la catedral de Sigüenza pasó muy pronto al servicio de monjes canónigos regulares de San Agustín, en la misma mitad primera del siglo XII y hasta en el primer cuarto del siglo XIV, en que el obispo, ya citado, Simón Girón de Cisneros (1301-1326) lo confío al clero secular.

 

Catedral de la mártir santa Libada

 

Nuestra catedral fue consagrada al culto por el cuarto obispo de Sigüenza tras la reconquista de 1124, el inglés Joscelmo Adelida (1168-1178), el 19 de junio de 1169.

Las reliquias martiriales con las que se consagró la catedral de Sigüenza fueron las de una joven francesa, perteneciente con toda probabilidad al Orden de las Vírgenes y martirizada –por degollación, tal y como era la praxis habitual en el Imperio romano- en el alba del siglo IV, probablemente durante la persecución del emperador Diocleciano, entre los años 303 y 313. La persecución de Diocleciano fue la más grave, pues este quiso reformar el imperio en todos los aspectos y una parte muy esencial de su política era reforzar el culto imperial. Fue instigado a ella por los césares Maximiano y Galerio, y hasta ciudades enteras cristianas fueron arrasadas. Las Galias fue una de las zonas del imperio más devastadas. Entre las víctimas de esta persecución, se cuentan san Sebastián, san Pancracio, santa Inés y el diácono san Vicente de Huesca, quien, ya en el siglo XII, fue declarado asimismo patrono de Sigüenza.

Pero, ¿quién era esta joven virgen y mártir? Todos los documentos la identifican con el nombre de Librada y la vinculan estrechamente con el obispo don Bernardo. Ambos eran paisanos, de la región francesa de Aquitania, en el sur oeste, entre Burdeos y Tolosa. A día de hoy y con práctica y moral seguridad, sabemos que don Bernardo era de la ciudad de Agén y la ciudad de santa Librada (Sainte Livrade sur Lot) se halla a tan solo 30 kilómetros de distancia, en el medio de una naturaleza muy pródiga en ciruelos.

 

Mártir aquitana degollada

 

Hay, además, una serie de datos arqueológicos y documentales de primera magnitud que avalarían plenamente este relato, tal y como nos escribe el organista e historiador de nuestra catedral Juan Antonio Marco Martínez: «Ya en el siglo VIII, Carlomagno dedicó una basílica a nuestra santa mártir en Sainte Livrada sur Lot. Posteriormente, del año 1120, hay una bula de Calixto II por la que dona la iglesia de santa Librada al monasterio Casae Dei, de monjes benedictinos. Actualmente, están restaurando ese monasterio. El ábside románico, datado en el siglo XII, de la iglesia de ese monasterio y actual templo parroquial de Sainte Livrade sur Lot presenta en los capiteles de las columnas que flanquean los arcos ciegos tres episodios, al menos, referidos a santa Librada: la santa en el desierto asistida por ángeles, conducción al martirio y degollación. Se conserva en el interior de la parroquia una reliquia de la santa».

Y apostilla Marco: «Tiene toda la lógica del mundo que nuestro primer obispo, que seguramente había conocido los monasterios de Cluny, la Casae Dei de Sainte Livrade y, ya en España, el de Sahagún, trajera a Sigüenza las reliquias de una mártir bien conocida por él, por ser tan venerada en su tierra de origen».

Y según el historiador por excelencia de los obispos y de la diócesis de Sigüenza, fray Toribio de Minguella y Arnedo, el obispo Bernardo trajo a Sigüenza las reliquias de su paisana santa Librada, aprovechando un viaje que hubo de realizar a Francia, concretamente a noroeste del país, para asistir al Concilio provincial, no ecuménico o universal, de Reims, del año 1131, convocado para deponer al antipapa Anacleto II y confirmar al papa legítimo Inocencio II.

 

¿Y dónde se veneran ahora las reliquias de esta mártir?

 

En el transepto o brazo norte de la catedral, en la parte central del retablo plateresco, mandado levantar por el obispo don Fadrique de Portugal (1519-1532), está el sepulcro que contiene las reliquias de santa Librada, virgen y mártir aquitana de los primeros siglos del cristianismo y quien llegó a ser patrona de la catedral, de la ciudad y de la diócesis.

El conjunto del transepto norte de la catedral (lo integran el mausoleo de Fadrique de Portugal, el relicario de santa Librada, la puerta de jaspe o del pórfido –puerta de acceso al claustro- y la fachada de la sacristía de santa Librada) es de extraordinaria belleza, realzada aún más gracias al magnífico trabajo de restauración, auspiciado por el Ministerio de Cultura, y que concluyó en abril de 2018.

La traza arquitectónica de este conjunto fue realizada por el gran Alonso de Covarrubias, y ejecutada, entre otros, por Francisco de Baeza. Las pinturas del relicario de santa Librada son de Juan de Soreda. Estos tres artistas son de la primera mitad del siglo XVI. Y muy importante es el hecho de que estas hermosísimas pinturas «rafaelinas» (por el gran Rafael Sanzio, de quien Soreda fue discípulo en Italia) siguen la tradición aquitana y romana del martirio por degollación.

A partir de este retablo y pinturas, la traslación de las reliquias de santa Librada a su nuevo altar está datada el 15 julio de 1537. Además, se crea un nuevo rezo u oficio a la santa y se cambia la fiesta del 18 de enero (teórica fecha de su martirio) al 20 de julio (fecha actual y fecha elegida quizás, entre otras razones, por cercanía con el día del traslado de las reliquias a su actual emplazamiento), según documenta también Juan Antonio Marco Martínez.

 

Sin embargo, siglos de polémicas

 

En efecto, y a pesar de las evidencias y certidumbres científica e histórica con la que casan y encajan todas estas piezas, la devoción y la misma identidad de santa Librada se han visto sometidas a lo largo de los siglos a polémicas interminables y a una nociva superposición de tradiciones, que tanto han oscurecido la verdad y han perjudicado su culto.

¿De qué se trata en sustancia? De la yuxtaposición a la tradición aquitana (la auténtica en nuestro caso) de la tradición centroeuropeo, aunque de origen galaico-portugués (Bayona la Real sería su cuna), de una santa Librada crucificada (confusión con la Wilgeforte centroeuropea) y las consiguientes falsas leyendas auspiciadas, tras el Concilio de Trento (1545-1563) y con origen en dos corrientes hagiográficas surgidas a partir del entonces: una racionalista (bolandistas) y otra fantasiosa (barroco) y populista.

Todo ello llegó hasta el entorno del Concilio Vaticano II (1962-1965). En 1962, el entonces obispo de Sigüenza, Lorenzo Bereciartúa Balerdi, solicitó a la Santa Sede la supresión del culto, que fue así concedido. Y cinco años más tarde, su sucesor, Laureano Castán Lacoma, logró del Vaticano la restitución del culto, pero no el histórico patronazgo de la santa sobre la ciudad y la catedral.

Sesenta años después, la verdad histórica, la que estas líneas han contado, está ya firmemente asentada y el culto a santa Librada experimenta un nuevo florecer.

 

 

Publicado en Nueva Alcarria el 19 de julio de 2024

 

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