La intolerancia de los que dicen propugnar la tolerancia

Por Jesús de las Heras

(Periodista y sacerdote)

 

 

 

La Iglesia no quiere privilegios, ni trato de favor. Durante los años finales del anterior régimen político en España, trabajó denodadamente por la concordia, por la integración, por la reconciliación y la democracia. Y contribuyó como pocas otras instituciones a superar la funesta “cuestión religiosa”, que tanto dolor y sangre había ocasionado décadas atrás y había helado tantos corazones. La Iglesia, manteniendo sus principios morales y sociales, no hace banderías políticas y quiere servir a la sociedad y la bien común, el bien de todos.

Sin embargo, sobre lo que a continuación glosaré entraba, sí, en lo previsible. Triste, innecesariamente. Aconteció ya en Galicia, recién constituidos, el 13 de junio pasado, los ayuntamientos. Ahora acaba de repetirse en Santiago de Compostela y se ha anunciado situación similar en Barcelona. En su momento, algo de ello se habló en Toledo a propósito de la procesión del Corpus Christi. Y quizás puede ocurrir también en esta tierra nuestra. Ojalá no y nuestra tierra de cristianos recios y de otros ciudadanos de creencias o increencias varias no se deslice por la senda de la confrontación.

Me refiero a algunos casos de vacío institucional de ayuntamientos en las celebraciones religiosas especialmente significativas. Todo ello –se esgrime- es en aras a la laicidad del Estado. Todo ello como consecuencia del resultado, en algunos municipios, provincias y regiones, de las elecciones locales y autonómicas del pasado 24 de mayo. Y todo ello –y lo que vendrá…- merece una respuesta cargada de razones, mesura, sentido común y de verdadero talante democrático y al servicio del bien común y de la concordia.

El sábado 25 de julio, en la fiesta del apóstol Santiago, patrono de España, de Galicia y de la capital compostelana, el alcalde de la ciudad, Martiño Noriega, decidió no participar en la correspondiente misa solemne, en la que se incluye la Ofrenda Nacional al apóstol. ¿Será preciso recordar a este primer edil que ya no representa solo a las siglas políticas que le auparon a la alcaldía, sino a todos los santiagueses? ¿Podrá alguien en duda, incluido Noriega, que el alma de esta ciudad es cristiana, con se visibiliza hasta en su nombre y apellido? ¿Cómo ignorar que Santiago de Compostela ha crecido y es lo que es gracias a su tradición cristiana y a los millones de peregrinos que desde hace más de un milenio acuden a ella precisamente en la búsqueda y encuentro de su identidad? ¿Desconoce el alcalde compostelano que la Ofrenda Nacional al Apóstol no fue, por poner un ejemplo…, un invento del franquismo sino que halla su primer precedente histórico en el año 845 con el Rey Ramiro I, quien estableció entonces ya el llamado «Voto a Santiago», que en 1642, mediante real cédula de Felipe IV, quedó definitivamente formalizada e institucionalizada?

El 23 de julio, el arzobispado de Barcelona hizo público un comunicado en relación al contenido del programa oficial de las fiestas de la Merced. La alcaldesa local, Ada Cola, unos días antes, ya había escrito en twitter que no asistiría a la misa de la patrona barcelonesa. Pero el programa oficial de fiestas fue más allá y excluyó del mismo y del conjunto de la programación la misa en honor de Nuestra Señora de la Merced, del 24 de septiembre.

«Esta decisión –respondió, con lógica, el arzobispado barcelonés- rompe con la tradición multisecular que siempre ha reflejado el programa oficial de las Fiestas de la Merced, respetando las diferentes sensibilidades de los barceloneses y barcelonesas, dado que muchos ciudadanos de Barcelona son católicos y aprecian esta celebración dentro de los actos de la fiesta». Y añade la nota: «Es bonito ver a los representantes del pueblo en actos culturales, religiosos y sociales que los ciudadanos valoran, organizan y celebran».

El patronazgo de la Virgen de la Merced sobre la ciudad condal data del siglo XIII, cuando, el 24 de septiembre de 1218, nació en Barcelona la orden religiosa de la Merced, de los Mercedarios, cuyo carisma es rescatar a cautivos y presos. Siglos más tarde, en 1687, Barcelona fue atacada por una plaga terrible de langostas y el pueblo invocó la protección a Nuestra Señora de la Merced. Superada esta grave situación, la proclamaron patrona de la diócesis y se instituyó la celebración en la ciudad, establecida, con rango oficial, en 1868, con el Papa Pío IX.

La Iglesia católica en España no quiere privilegios, ni fórmulas explícitas o implícitas de confesionalidad del Estado. Nuestra Iglesia se siente bien y cómoda en el vigente marco constitucional de a confesionalidad y de laicidad positiva. Nuestra Iglesia no tiene miedo ni prevención hacia los denominados partidos emergentes y no está nerviosa ante el resultado de las próximas elecciones generales. Nuestra Iglesia, presente en España desde hace dos mil años y con un arraigo y vitalidad más que notables y evidentes, quiere dialogar y colaborar con todos. Y hacerlo desde la verdadera tolerancia y respeto hacia quienes no lo son. Tolerancia y respecto que, claro, pedimos también para nosotros y para las señas de identidad de nuestro pueblo, señas de identidad.

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