El sacramento de la confirmación

Por Alfonso Olmos Embid

(Delegado diocesano de Liturgia)

 

 

 

La Confirmación es el sacramento por el cual el bautizado es fortalecido con el don del Espíritu Santo y queda más profundamente unido a Cristo y a su Iglesia. No es un “final” del camino cristiano, sino un envío, una llamada a vivir la fe con madurez y valentía en medio del mundo.

La Sagrada Escritura nos ofrece una clave esencial para comprender este sacramento en el acontecimiento de Pentecostés: «Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2,4). Así como los apóstoles fueron transformados por la fuerza del Espíritu, también hoy la Confirmación comunica ese mismo Espíritu que impulsa, ilumina y sostiene la vida cristiana.

 

La celebración del sacramento

La Confirmación se celebra ordinariamente dentro de la Eucaristía y es conferida por el obispo, signo de la comunión con la Iglesia universal y apostólica. El gesto central del rito es la unción con el santo crisma, precedida por la imposición de las manos y acompañada por las palabras sacramentales.

Este momento expresa visiblemente lo que Dios realiza invisiblemente: el Espíritu Santo desciende sobre el confirmando y lo marca con un sello espiritual indeleble, que lo configura más plenamente con Cristo. La presencia de padrinos recuerda que la fe se vive en comunidad y que nadie camina solo en la vida cristiana.

 

Significado profundo de la Confirmación

La Confirmación perfecciona la gracia bautismal. Nos hace testigos de Cristo, capaces de dar razón de nuestra esperanza con obras y palabras. Fortalece el vínculo con la Iglesia y nos capacita para participar activamente en su misión evangelizadora.

El Espíritu Santo, recibido en plenitud, concede sus dones —sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios— para que el cristiano pueda discernir, amar y actuar según el Evangelio. No se trata de una experiencia meramente emotiva, sino de una transformación interior que se manifiesta en una vida comprometida con la fe, la justicia y la caridad.

 

Materia y forma del sacramento

La materia del sacramento de la Confirmación es la unción con el santo crisma en la frente, realizada por el ministro, junto con la imposición de las manos. El crisma, aceite perfumado consagrado por el obispo, simboliza la abundancia del don del Espíritu y la consagración del cristiano.

La forma del sacramento son las palabras: Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

Estas palabras, unidas al gesto sacramental, realizan eficazmente lo que significan.

 

Algunas verdades que no debemos olvidar

La Confirmación no es opcional ni un simple rito de paso: es un sacramento necesario para la plenitud de la vida cristiana.

No se “elige” solo por tradición o edad, sino como respuesta libre a la llamada de Dios.

Compromete a vivir como discípulos misioneros, en la Iglesia y en el mundo.

El Espíritu recibido actúa durante toda la vida, si le dejamos espacio en el corazón.

 

Que la Confirmación renueve en nosotros la alegría de la fe y nos impulse a ser testigos vivos del Evangelio, guiados siempre por la fuerza del Espíritu Santo.

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