Por Jesús de las Heras Muela
(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)
Nueva aproximación a lo que es la Cuaresma desde su identidad, medios y caminos, personajes y símbolos y los mensajes de la Palabra de Dios dominical
La Iglesia católica recorre, desde el pasado 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, y hasta el próximo Jueves Santo, 2 de abril, el tiempo litúrgico y espiritual de la Cuaresma, los cuarenta días de camino hacia la Pascua, que se celebra con el Triduo pascual (este año, la tarde del Jueves Santo, 2 de abril; el Viernes Santo, día 3; el Sábado Santo, día 4; y el Domingo de Pascua, 5 de abril) y después durante 50 días.
La Cuaresma es siempre tiempo y don de Dios para la conversión, para la renovada y permanente toma de conciencia de la obra de la salvación en Jesucristo y por Jesucristo. El ayuno, la limosna y la oración son los tres medios tradicionales y bien fecundos para recorrer este tiempo de gracia, este día –cuarenta días- de salvación.

Identidad cuaresmal
1.- La Cuaresma nació como desarrollo pedagógico de un aspecto central del misterio cristiano celebrado en el triduo pascual. Destaca la perspectiva de su referencia a Jesucristo.
2.- La Cuaresma ha sido siempre el tiempo litúrgico más caracterizado del cristianismo. Es un conjunto de cuarenta días, cuya razón de ser originaria fue la de imitar el ayuno previo del Señor al comienzo de su ministerio apostólico.
Palabra de Dios y practicas devocionales
3.- La Cuaresma es privilegio aptísimo para vivir en y de la Palabra de Dios. Vivir en y de la Palabra significa leerla, rezarla, meditarla, abrirse a ella, confrontarse con ella, poner a su tamiz y a su luz nuestra propia existencia. Llenarse de ella para sea la música y la letra de la pletina de nuestra alma y de la partitura de nuestro corazón.
4.- La Cuaresma es un tiempo para vivir de ella. Es un tiempo para practicarla, para ejercitarla, no como un fin en sí mismo sino como un medio, un camino hacia la Pascua. Por ello, para recorrer adecuada y cristianamente la Cuaresma debemos buscar y desarrollar nuevos espacios oracionales y devocionales.
El rezo, antes tan habitual del Vía Crucis, durante, al menos, los viernes de Cuaresma, es una praxis que, lejos de haber perdido su vigencia y sentido, debe ser potenciada y recuperada en nuestra Iglesia en medio de una sociedad donde la realidad y el misterio de la cruz siguen presentes y desafiantes.
Otras maneras espléndidas y siempre fecundas para recorrer este camino Cuaresmal de la oración será practicar algún día de retiro o de ejercicios espirituales, que nos llenarán de fuerza, de gracia y de vida, siempre necesarias para todos y participar en conferencias, charlas y escuelas cuaresmales.
Oración, ayuno y limosna
5.- La Cuaresma encuentra en la oración la más apropiada de sus atmósferas y de sus escuelas. La oración cuaresmal debe más frecuente y habitual. Su tonalidad propia es la humildad, la insistencia, la confianza. Es oración de súplica y de petición. La oración cristiana de la Cuaresma debe intensificar sus dimensiones bíblica y litúrgica, de gran riqueza, variedad, matices y contenidos durante los cuarenta días de este tiempo. En este sentido, la oración litúrgica ha de ser más pausada, sencilla, cordial, humilde, pobre, seria y profunda.
6.- El ayuno es el segundo camino cuaresmal, según el Papa San León Magno. Se trata del ayuno del hombre viejo, del ayuno del pecado, de la renuncia a los propios caminos para abrazar los caminos de Jesucristo. Se trata de privarnos de algo en favor de alguien necesitado, que podemos nosotros mismos o nuestro prójimo. El ayuno no es, pues, una ejercitación meramente voluntarista o hasta masoquista. Es una opción de purificación y de intercesión.
7.- La vigente normativa eclesiástica de la abstinencia de carne durante todos los viernes de Cuaresma y del ayuno y de la abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo pueden ayudarnos a recorrer esta segunda vía cuaresmal y penitencial, antes citada.
8.- La limosna, la caridad, la solidaridad es el tercero de los caminos tradicionales y permanentes de la Cuaresma. ¡Tenemos tantas demandas de justicia para vivir la limosna, la caridad cuaresmal!
Símbolos y personajes de la Cuaresma
9.- Toda la liturgia de la Cuaresma, tanto en sus aspectos rituales como en la misma liturgia de la palabra, está transida de hermosísimos símbolos que ayuden y hagan visible el camino cristiano de la conversión. Estos símbolos son el desierto, la luz, la salud, el agua, el perdón, la liberación, la cruz y la resurrección.
10.- Los personajes bíblicos que iluminan el camino cuaresmal son José hijo de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, el ciego de nacimiento, el hijo pródigo, el padre del hijo pródigo, la samaritana, la mujer adúltera y arrepentida, Zaqueo, el buen ladrón... y, sobre todo, Jesús de Nazaret.
La Cuaresma en la liturgia de la Palabra dominical
(1) La Cuaresma encuentra siempre en el primer domingo los llamados relatos sinópticos –los de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas- sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. Ello nos indica que la Cuaresma es un tiempo de desierto, de prueba y de superación de las distintas tentaciones: del poder, del tener, del aparentar.
(2) La Transfiguración del Señor centra siempre el segundo domingo cuaresmal. Ello nos habla que la Cuaresma es tiempo para dejar y alternar el valle de la vida con la subida a la montaña de la contemplación. Esto es, que la Cuaresma debe ser aprovechada con tiempos fuertes de oración, retiro, oración y encuentro personal y transformador con el Señor.
Ello nos habla también que estos tiempos fuertes de oración se han de iluminar y nutrir de la Palabra de Dios, que nos mostrará el destino transfigurado de la existencia humana. Y ello nos habla finalmente que después de subir y permanecer en la montaña es preciso regresar al valle de la vida para continuar la misión, conscientes, eso sí, de que la transfiguración –la Pascua, en suma- es nuestro futuro.
(3) En el ciclo A de lecturas dominicales, este año, en los domingos tercero, cuarto y quinto se proclaman los pasajes evangélicos de la Samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Son símbolos de la iniciación cristiana, de la fuerza del encuentro transformador con Jesucristo, del destino que aguarda a los cristianos.
(4) Los domingos tercero, cuarto y quinto del ciclo B nos presentan la novedad y singularidad de la salvación cristiana. Es Jesucristo quien nos salva. Solo El. Con la promesa y certeza de su resurrección –“destruid este templo y en tres días lo levantaré”-. Con su cruz, que se eleva sobre la tierra para que todo el que crea en el Crucificado tenga vida eterna. Como el grano de trigo que solo florece en la espiga de oro siendo enterrado en la tierra.
(5) En el ciclo C, los domingos tercero, cuarto y quinto, el tema central es la conversión. Se trata, en el tercer domingo, de una triple conversión: liberadora a la luz de Moisés, conversión para no perecer y conversión en las actitudes y estilo de vida. En el cuarto domingo C se proclama el evangelio de la parábola del Hijo Pródigo, que es el mejor mosaico, la más bella e interpeladora historia para todos (“los hijos menores” y “los hijos mayores”) sobre la conversión.
Por fin, en el quinto domingo de Cuaresma, de la mano del conocido relato del evangelio de San Juan del encuentro de Jesús con la mujer adúltera, se nos invita a todos (a los “intachables” y a los pecadores públicos) a vivir la conversión con sinceridad, radicalidad, agradecimiento y seguimiento.
Decálogo de la conversión cristiana
1.- La conversión es recordar que el Señor nos hizo para sí y que todos los anhelos, expectativas, búsquedas y hasta frenesíes de nuestra vida, sólo descansarán, sólo se plenificarán, cuando volvamos a Él.
2.- La conversión es la llamada insistente a asumamos, reconozcamos y purifiquemos nuestras debilidades. 3.- La conversión es ponernos en el camino, con la ternura, la humildad y la sinceridad del hijo pródigo, de rectificar los pequeños o grandes errores y defectos de nuestra vida.
4.- La conversión es entrar en uno mismo y tamizar la propia existencia a la luz del Señor, de su Palabra y de su Iglesia y descubrir todo lo que hay en nosotros de vana ambición, de presunción innecesaria, de limitación y egoísmo...
5.- La conversión es cambiar nuestra mentalidad, llena de eslóganes mundanos, lejana al evangelio, y transformarla por una visión cristiana y sobrenatural de la vida. 6.- La conversión es cortar nuestros caminos de pecado, de materialismo, paganismo, consumismo, sensualismo, secularismo e insolidaridad y emprender el verdadero camino de los hijos de Dios, ligeros de equipaje.
7.- La conversión es examinarnos en el amor y encontrar nuestro corazón y nuestras manos más o menos vacías.
8.- La conversión es renunciar a nuestro viejo y acendrado egoísmo, que cierra las puertas a Dios y al prójimo.
9.- La conversión es mirar a Jesucristo y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies atados, su corazón traspasado sentir la necesidad de responder con amor al Amor que no es amado.
10.- Y así, de este modo, la conversión, siempre obra de la misericordia y de la gracia de Dios y del esfuerzo del hombre, será encuentro gozoso, sanante y transformador con Jesucristo.
Publicado en Nueva Alcarria el 6 de marzo de 2026
















