Por Santiago Moranchel
(Delegación de Enseñanza)
Éste es el cartel del próximo encuentro de Profesores Cristianos que tendrá lugar, como puede verse, el próximo 3 de Febrero.
El tema es la Interioridad como valor para trabajar en clase y vivir en la vida. De aquí que el título sea CAMINO DEL CORAZÓN representado por ese corazón con una cerradura. Se trata de dar pistas para poder llegar a ese corazón, símbolo de la interioridad de la persona, y dar con la llave para abrirlo y compartirlo con los demás.
El corazón en la Biblia es muy simbólico. No es solo la sede de los sentimientos, como en Occidente, sino que El corazón representa la vida intelectual y espiritual, la naturaleza interna del hombre.
- A él pertenecen el conocimiento, las convicciones, la comprensión, la reflexión, que nosotros situamos en la mente;
- es el lugar de las actitudes, y en él se fraguan las decisiones y la opción, que para nosotros se sitúan en el terreno de la voluntad;
- por último, en él anidan los miedos, el amor y el odio, es decir, los sentimientos, en un sentido más cercano al nuestro. El corazón resume el mundo interior de la persona, en cuanto éste se considera permanente, duradero o estable.
Corazón significa la totalidad de la persona vista en su realidad interior, la personalidad como un todo, el carácter, la disposición y actividad interna consciente y deliberada del yo humano. De ahí que lo que sale del corazón sea responsabilidad del hombre total.
Los destinatarios son todos los profesores cristianos. Va dirigido a todos aquellos que se dedican a la enseñanza y lo viven como un compromiso y expresión de su fe en Jesucristo.
¡Os esperamos!
¡Nos vemos el 3 de Febrero!



A veces, vivimos tan centrados en nosotros mismos, que todo lo engrandecemos con el pensamiento. En esos momentos en que pensamos que el sufrimiento durará siempre, escuchemos al profeta Isaías: “Mirad a mi siervo” (Is 42, 1), en la primera lectura del Domingo del Bautismo del Señor. La imagen del Siervo de Yahvé nos enseña el amor de Dios a cada uno de nosotros. Abrirnos a esta experiencia de sabernos amados de Dios: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1, 11) da sentido a nuestra vida. El Bautismo que recibimos siendo niños, ha ido realizándose a lo largo de la vida. En el himno de esta fiesta, cantamos el domingo: “Es Jesús, el ungido del Padre, el que viene del cielo, trayendo un bautismo en Espíritu y fuego para darnos su gloria de Hijo”. Este es el camino que hemos iniciado con el Tiempo Ordinario, y el de toda nuestra vida, ir creciendo en confianza en Dios Padre, ya que somos sus hijos. Y esto no quiere decir que todo nos tiene que ir bien; las circunstancias de la vida son diversas, unas veces más favorables, otras más adversas, pero todas ellas las mejores para revivir la gloria de hijo recibida en el Bautismo.
Piedra que guarda virtud al cantero
Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor». (Job 1, 21)












