Por Vicente Martín Muñoz
(Delegado episcopal de Cáritas Española)
Año nuevo, “odres nuevos”. Comenzamos un nuevo año y estamos llamados a renovar nuestro entusiasmo en el servicio a los más desfavorecidos porque sin entusiasmo no hay vida cristiana auténtica. No es cosa de optimismo fácil, sino algo propio de creyentes, portadores del don del Espíritu Santo, impulsados a vivir con entusiasmo el encuentro con Jesús para anunciar su Palabra, celebrar la fe y servir a los últimos de nuestra sociedad.
Es prioritario renovar nuestra relación con los más pobres. No basta con atender y asistir, es necesario que los pobres estén más presentes en la vida de la Iglesia y de cada cristiano, ponerlos en el centro de la vida de la comunidad cristiana, escuchando sus clamores, reconociendo su fuerza salvífica, cuidando la calidad del compromiso desde un estilo evangélico, planteándose su atención espiritual y trabajando por la inclusión social. (cf. EG 186-216).
Hay que reconocer que en la Iglesia se habla más de los pobres que con los pobres y cuando se habla con ellos frecuentemente se utiliza el lenguaje del trabajador o educador social: hablamos de empadronamientos, certificados, itinerarios de inserción, etc. No se puede reducir el pobre a un mero receptor de ayuda o a objeto de intervención social técnica. Hay que encontrar nuevos caminos para situar a los pobres en el corazón de la vida de la Iglesia, de su acción y misión. Hay que encontrar las palabras de la fe para hablar con los pobres, y las palabras de la fe empiezan con palabras de amistad y fraternidad.
El episodio que narra los Hechos de los Apóstoles sobre la curación de un cojo es paradigmático de una nueva relación evangélica con los pobres. Pedro y Juan lo primero que dicen al hombre enfermo es: “míranos” (Hch 3, 1-10). Hay que mirar a los pobres, contemplarlos, establecer con ellos una relación personal para entenderles y escucharles. Debemos hablar con ellos como hermanos, no como usuarios de nuestros servicios. “Míranos” debe ser siempre la primera respuesta; es la clave para renovar nuestra relación con ellos (cf. EG 198). Y es que no se puede vivir el Evangelio lejos de los pobres: “Compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda”. Ellos no están ahí para nuestras buenas obras, no son, sin más, objeto de nuestra acción social, sino interlocutores del Evangelio que nos ayudan a acoger y vivir la esencia del Evangelio. (Mensaje 1ª Jornada Mundial de los pobres).
Renovar la relación con los pobres pasa, dice Francisco, por tener pequeños gestos de cercanía que sean sinceros para que calen hondo; por cuidar el valor de estar juntos, desde un clima de igualdad, gozo y amistad; orar juntos en comunidad con la posibilidad de dirigirnos al mismo y único Dios desde lenguas, culturas y credos diferentes; compartir la comida, como hacía Jesús, anticipo de la mesa del Reino de Dios (cf. Mensaje II Jornada Mundial de los Pobres). Dichas acciones, siendo pequeñas y sencillas, pueden ser el inicio de procesos de dignificación y acompañamiento a las personas empobrecidas que lleven, incluso, hasta el encuentro personal con Jesús y su incorporación a la comunidad cristiana.



La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019 ha sido preparada por cristianos de Indonesia. Con una población de 265 millones, de la cual el 86 % se considera musulmana, Indonesia es bien conocido como el país con mayor población musulmana del mundo. Sin embargo, un 10 % de los habitantes de Indonesia son cristianos de distintas tradiciones. En términos tanto de población como de su vasta extensión territorial, Indonesia es el país más grande del Sudeste Asiático. Tiene más de 17.000 islas, 1340 grupos étnicos diferentes y más de 740 lenguas locales y, sin embargo, esta? unido en su pluralidad por una lengua nacional, el indonesio (Bahasa Indonesia). La nación se funda en cinco principios, llamados Pancasila1, con el lema Bhineka Tunggal Ika (unidad en la diversidad). A traveé de la diversidad de grupos étnicos, lenguas y religiones, los indonesios han vivido de acuerdo con el principio de gotong royong, que es vivir en solidaridad y colaboración. Esto significa compartir en todos los ámbitos de la vida, el trabajo, el duelo y las fiestas, y considerar a todos los indonesios como hermanos y hermanas.
Por la Comunidad de la Madre de Dios
En esta Navidad, el Espíritu Santo, nos ha resaltado Jesús es nuestra Luz. Muchos sabéis que hemos disfrutado el privilegio de tener la “Luz de Belén”, llama que ha estado encendida desde que llegó, unos días antes de Navidad, hasta la Epifanía del Señor. Una vela en la capilla ante el Niño Jesús, y otra ante el Niño Jesús del refectorio, que no se han apagado en ningún momento. Ha sido un pequeño signo que ha centrado nuestra atención en Jesús, Luz del mundo. “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2,32). Esta es la bendición del anciano Simeón al tomar en brazos a Jesús en el templo, cuando José y María acudieron con él, para cumplir con las prescripciones de la Ley. La rezamos todos los días en Completas. Repetir el cántico es la gota de agua que horada la coraza del alma, para que Jesús sea también la Luz de nuestra vida. Iluminación que recibimos cada día a través de la Palabra y de la Eucaristía, y que va alumbrando los ojos de nuestro corazón.
Por Ángel Moreno














