Por Alfonso Olmos Embid

(Director de la Oficina de Información)

 

 

 

Cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es una oportunidad para reconocer la aportación insustituible de tantas mujeres que, con su fe, su generosidad y su entrega cotidiana, han sostenido y siguen sosteniendo la vida de la Iglesia. A lo largo de la historia del cristianismo, innumerables mujeres han sido testigos del Evangelio, muchas veces desde la discreción y el servicio silencioso, pero siempre con una fuerza espiritual capaz de transformar comunidades enteras.

Desde las primeras discípulas que acompañaron a Jesús hasta las santas, místicas, fundadoras, educadoras y misioneras de todos los tiempos, la presencia femenina ha sido un verdadero don para el Pueblo de Dios. También hoy, en nuestras parroquias y comunidades, la dedicación de tantas mujeres sigue siendo fundamental para la vida eclesial.

En la diócesis de Sigüenza-Guadalajara encontramos a diario ejemplos de esta entrega generosa. Mujeres que viven su vocación en comunidades religiosas, que sostienen la vida parroquial, que coordinan o colaboran en la catequesis, que animan la liturgia, que acompañan procesos formativos o que se implican en las tareas de caridad y acción social. Muchas otras cuidan con esmero nuestros templos, preparan celebraciones, visitan a los enfermos o participan activamente en asociaciones y movimientos eclesiales.

Su presencia es, con frecuencia, discreta pero constante. Gracias a ellas, muchas comunidades mantienen viva la fe, la oración y la cercanía con quienes más lo necesitan. Su servicio no busca protagonismo, sino que nace de una profunda vocación cristiana y de un amor sincero a la Iglesia.
 
Al celebrar el Día Internacional de la Mujer, la comunidad cristiana agradece especialmente el testimonio de tantas mujeres que, con su vida entregada, hacen visible cada día el rostro cercano, acogedor y servicial del Evangelio. Su ejemplo sigue recordándonos que la Iglesia crece, sobre todo, a través de la fidelidad cotidiana y del amor que se hace servicio.

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

Nueva aproximación a lo que es la Cuaresma desde su identidad, medios y caminos, personajes y símbolos y los mensajes de la Palabra de Dios dominical

 

 

 

 

 

La Iglesia católica recorre, desde el pasado 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, y hasta el próximo Jueves Santo, 2 de abril, el tiempo litúrgico y espiritual de la Cuaresma, los cuarenta días de camino hacia la Pascua, que se celebra con el Triduo pascual (este año, la tarde del Jueves Santo, 2 de abril; el Viernes Santo, día 3; el Sábado Santo, día 4; y el Domingo de Pascua, 5 de abril) y después durante 50 días.

La Cuaresma es siempre tiempo y don de Dios para la conversión, para la renovada y permanente toma de conciencia de la obra de la salvación en Jesucristo y por Jesucristo. El ayuno, la limosna y la oración son los tres medios tradicionales y bien fecundos para recorrer este tiempo de gracia, este día –cuarenta días- de salvación.

 

 

Identidad cuaresmal

1.- La Cuaresma nació como desarrollo pedagógico de un aspecto central del misterio cristiano celebrado en el triduo pascual. Destaca la perspectiva de su referencia a Jesucristo.

 

2.- La Cuaresma ha sido siempre el tiempo litúrgico más caracterizado del cristianismo. Es un conjunto de cuarenta días, cuya razón de ser originaria fue la de imitar el ayuno previo del Señor al comienzo de su ministerio apostólico.

 

Palabra de Dios y practicas devocionales

 

3.- La Cuaresma es privilegio aptísimo para vivir en y de la Palabra de Dios. Vivir en y de la Palabra significa leerla, rezarla, meditarla, abrirse a ella, confrontarse con ella, poner a su tamiz y a su luz nuestra propia existencia. Llenarse de ella para sea la música y la letra de la pletina de nuestra alma y de la partitura de nuestro corazón.

 

4.- La Cuaresma es un tiempo para vivir de ella. Es un tiempo para practicarla, para ejercitarla, no como un fin en sí mismo sino como un medio, un camino hacia la Pascua. Por ello, para recorrer adecuada y cristianamente la Cuaresma debemos buscar y desarrollar nuevos espacios oracionales y devocionales.

El rezo, antes tan habitual del Vía Crucis, durante, al menos, los viernes de Cuaresma, es una praxis que, lejos de haber perdido su vigencia y sentido, debe ser potenciada y recuperada en nuestra Iglesia en medio de una sociedad donde la realidad y el misterio de la cruz siguen presentes y desafiantes.

Otras maneras espléndidas y siempre fecundas para recorrer este camino Cuaresmal de la oración será practicar algún día de retiro o de ejercicios espirituales, que nos llenarán de fuerza, de gracia y de vida, siempre necesarias para todos y participar en conferencias, charlas y escuelas cuaresmales.

 

Oración, ayuno y limosna

 

5.- La Cuaresma encuentra en la oración la más apropiada de sus atmósferas y de sus escuelas. La oración cuaresmal debe más frecuente y habitual. Su tonalidad propia es la humildad, la insistencia, la confianza. Es oración de súplica y de petición. La oración cristiana de la Cuaresma debe intensificar sus dimensiones bíblica y litúrgica, de gran riqueza, variedad, matices y contenidos durante los cuarenta días de este tiempo. En este sentido, la oración litúrgica ha de ser más pausada, sencilla, cordial, humilde, pobre, seria y profunda.

 

6.- El ayuno es el segundo camino cuaresmal, según el Papa San León Magno. Se trata del ayuno del hombre viejo, del ayuno del pecado, de la renuncia a los propios caminos para abrazar los caminos de Jesucristo. Se trata de privarnos de algo en favor de alguien necesitado, que podemos nosotros mismos o nuestro prójimo. El ayuno no es, pues, una ejercitación meramente voluntarista o hasta masoquista. Es una opción de purificación y de intercesión.

 

7.- La vigente normativa eclesiástica de la abstinencia de carne durante todos los viernes de Cuaresma y del ayuno y de la abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo pueden ayudarnos a recorrer esta segunda vía cuaresmal y penitencial, antes citada.

 

8.- La limosna, la caridad, la solidaridad es el tercero de los caminos tradicionales y permanentes de la Cuaresma. ¡Tenemos tantas demandas de justicia para vivir la limosna, la caridad cuaresmal!

 

Símbolos y personajes de la Cuaresma

 

9.- Toda la liturgia de la Cuaresma, tanto en sus aspectos rituales como en la misma liturgia de la palabra, está transida de hermosísimos símbolos que ayuden y hagan visible el camino cristiano de la conversión. Estos símbolos son el desierto, la luz, la salud, el agua, el perdón, la liberación, la cruz y la resurrección.

 

10.- Los personajes bíblicos que iluminan el camino cuaresmal son José hijo de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, el ciego de nacimiento, el hijo pródigo, el padre del hijo pródigo, la samaritana, la mujer adúltera y arrepentida, Zaqueo, el buen ladrón... y, sobre todo, Jesús de Nazaret. 

 

La Cuaresma en la liturgia de la Palabra dominical

 

(1)  La Cuaresma encuentra siempre en el primer domingo los llamados relatos sinópticos –los de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas- sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. Ello nos indica que la Cuaresma es un tiempo de desierto, de prueba y de superación de las distintas tentaciones: del poder, del tener, del aparentar.

 

(2) La Transfiguración del Señor centra siempre el segundo domingo cuaresmal. Ello nos habla que la Cuaresma es tiempo para dejar y alternar el valle de la vida con la subida a la montaña de la contemplación. Esto es, que la Cuaresma debe ser aprovechada con tiempos fuertes de oración, retiro, oración y encuentro personal y transformador con el Señor.

Ello nos habla también que estos tiempos fuertes de oración se han de iluminar y nutrir de la Palabra de Dios, que nos mostrará el destino transfigurado de la existencia humana. Y ello nos habla finalmente que después de subir y permanecer en la montaña es preciso regresar al valle de la vida para continuar la misión, conscientes, eso sí, de que la transfiguración –la Pascua, en suma- es nuestro futuro.

 

(3) En el ciclo A de lecturas dominicales, este año, en los domingos tercero, cuarto y quinto se proclaman los pasajes evangélicos de la Samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Son símbolos de la iniciación cristiana, de la fuerza del encuentro transformador con Jesucristo, del destino que aguarda a los cristianos.

 

(4) Los domingos tercero, cuarto y quinto del ciclo B nos presentan la novedad y singularidad de la salvación cristiana. Es Jesucristo quien nos salva. Solo El. Con la promesa y certeza de su resurrección –“destruid este templo y en tres días lo levantaré”-. Con su cruz, que se eleva sobre la tierra para que todo el que crea en el Crucificado tenga vida eterna. Como el grano de trigo que solo florece en la espiga de oro siendo enterrado en la tierra.

 

(5) En el ciclo C, los domingos tercero, cuarto y quinto, el tema central es la conversión. Se trata, en el tercer domingo, de una triple conversión: liberadora a la luz de Moisés, conversión para no perecer y conversión en las actitudes y estilo de vida. En el cuarto domingo C se proclama el evangelio de la parábola del Hijo Pródigo, que es el mejor mosaico, la más bella e interpeladora historia para todos (“los hijos menores” y “los hijos mayores”) sobre la conversión.

Por fin, en el quinto domingo de Cuaresma, de la mano del conocido relato del evangelio de San Juan del encuentro de Jesús con la mujer adúltera, se nos invita a todos (a los “intachables” y a los pecadores públicos) a vivir la conversión con sinceridad, radicalidad, agradecimiento y seguimiento.

 


Decálogo de la conversión cristiana

 

1.- La conversión es recordar que el Señor nos hizo para sí y que todos los anhelos, expectativas, búsquedas y hasta frenesíes de nuestra vida, sólo descansarán, sólo se plenificarán, cuando volvamos a Él.

2.- La conversión es la llamada insistente a asumamos, reconozcamos y purifiquemos nuestras debilidades. 3.- La conversión es ponernos en el camino, con la ternura, la humildad y la sinceridad del hijo pródigo, de rectificar los pequeños o grandes errores y defectos de nuestra vida.

4.- La conversión es entrar en uno mismo y tamizar la propia existencia a la luz del Señor, de su Palabra y de su Iglesia y descubrir todo lo que hay en nosotros de vana ambición, de presunción innecesaria, de limitación y egoísmo...

5.- La conversión es cambiar nuestra mentalidad, llena de eslóganes mundanos, lejana al evangelio, y transformarla por una visión cristiana y sobrenatural de la vida. 6.- La conversión es cortar nuestros caminos de pecado, de materialismo, paganismo, consumismo, sensualismo, secularismo e insolidaridad y emprender el verdadero camino de los hijos de Dios, ligeros de equipaje.

7.- La conversión es examinarnos en el amor y encontrar nuestro corazón y nuestras manos más o menos vacías.

8.- La conversión es renunciar a nuestro viejo y acendrado egoísmo, que cierra las puertas a Dios y al prójimo.

9.- La conversión es mirar a Jesucristo y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies atados, su corazón traspasado sentir la necesidad de responder con amor al Amor que no es amado.

10.- Y así, de este modo, la conversión, siempre obra de la misericordia y de la gracia de Dios y del esfuerzo del hombre, será encuentro gozoso, sanante y transformador con Jesucristo.

 

 

Publicado en Nueva Alcarria el 6 de marzo de 2026

Por Alfonso Olmos Embid

(Delegado diocesano de Liturgia)

 

 

 

Introducción
 
La Eucaristía es el corazón de la vida cristiana. En cada celebración, la Iglesia revive el misterio de amor que Jesucristo nos dejó en la Última Cena: “Haced esto en memoria mía”. No es solo un recuerdo, sino presencia viva y real. La mistagogía nos ayuda a entrar en el misterio celebrado, comprendiendo con fe lo que nuestros ojos ven como signos sencillos.
 
La celebración del sacramento
 
La Eucaristía se celebra dentro de la Santa Misa, que tiene dos grandes momentos: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística. Tras escuchar a Dios que nos habla, presentamos el pan y el vino. En la plegaria eucarística, el sacerdote invoca al Espíritu Santo y pronuncia las palabras de Cristo. Entonces ocurre el gran milagro: el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor. La asamblea responde con fe y se acerca a comulgar, entrando en comunión con Cristo y con los hermanos.
 
Significado profundo
 
La Eucaristía es sacrificio, banquete y presencia real. Es sacrificio porque actualiza el ofrecimiento de Cristo en la cruz; es banquete porque nos alimenta espiritualmente; y es presencia real porque Jesús está verdadera, real y sustancialmente presente bajo las especies de pan y vino.
 
Materia y forma del sacramento
 
La materia es el pan de trigo y el vino de uva. La forma son las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote: “Esto es mi Cuerpo… Esta es mi Sangre”.
 
Verdades que no podemos olvidar
 
La Eucaristía exige fe y estado de gracia.
Es fuente y culmen de la vida cristiana.
Nos compromete a vivir la caridad y la unidad.
La adoración eucarística prolonga el misterio celebrado.

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma 2026, su primer mensaje cuaresmal

 

 

 

 

 

“La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

 

 

Escuchar

 

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia» (Exhortación apostólica Dilexi te, 4 octubre 2025, 9).

 

 

Ayunar

 

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos» (San Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1).

El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no solo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios» (Benedicto XVI, Catequesis, 9 marzo 2011).

En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que «solo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana» (San Pablo VI, Catequesis, febrero 1978).

Por eso, me gustaría invitaros a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 

 

Juntos

 

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no solo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.

 

Fotos: Vatican Media

 


JORNADA 24 HORAS PARA EL SEÑOR,

INICIATIVA CUARESMAL EN TODA LA IGLESIA

 

Desde 2014, de la tarde del viernes de la tercera semana de Cuaresma (este año, 13 de marzo) a la tarde del sábado (día 14), ya víspera del cuarto domingo cuaresmal (el llamado Domingo Laetare, Domingo de la Alegría, ante la proximidad de la Pascua), se celebra la Jornada 24 horas para el Señor.

La Jornada 24 horas para el Señor es una convocatoria en toda la Iglesia universal destinada a la adoración eucarística y a las confesiones sacramentales. Su lema en 2025 es “He venido a salvar al mundo” (Juan 12, 47).

En años anteriores, los lemas fueron: en 2025, “Tú eres mi esperanza” (Salmo 71, 5); en 2024, “Caminemos en una vida nueva” (Romanos 6,4); en 2023, “Ten piedad de mí, Señor que soy pecador” (Lucas 18,13); en 2022, “En Él, tenemos el perdón” (Colosenses 1, 13-14); en 2021, “Él perdona todas tus culpas” (Salmo 103, 3); en 2020, “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7, 48); en 2019, “Tampoco yo te condeno” (Juan 8, 11); en 2018, “De ti procede el perdón” (Salmo 130, 4); en 2017, “Misericordia quiero” (Oseas 6,6; Mateo 9:,3); en 2016, “Que yo pueda ver” (Marcos 10,51); en 2015, “Dios rico en misericordia” (Efesios 2, 4); y en 2014, “El perdón de Dios es más fuerte que el pecado”.

 

Actos en la diócesis

 

En San Pedro-Catedral de Sigüenza, el viernes 13, a las 18:30 horas, habrá Vía Crucis; y el sábado 14, Rosario y Misa, en el horario habitual, ambas tardes con servicio de confesor. La adoración eucarística será el jueves 12 a las 18:15 horas.

La iglesia de las Clarisas de Sigüenza mantiene adoración eucarística continuada y diaria desde las 8:30 a las 19:30 horas. También hay adoración eucarística continuada en el templo parroquial de San Ginés de Guadalajara.

La Jornada 24 horas para el Señor tendrá en la ciudad de Guadalajara como epicentro, este año, la parroquia de Santa María Micaela, en su cincuentenario. Y como actividad estelar, el sábado 14 de marzo por la mañana acogerá un retiro espiritual abierto a sacerdotes, consagrados y, laicos, predicado por el obispo diocesano.

 

 

Publicado en Nueva Alcarria el 27 de febrero de 2026

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