El día 31 de julio la Iglesia católica celebra la memoria litúrgica de uno de las personas y cristianos más grandes de todos los tiempos: san Ignacio de Loyola

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

He aquí una semblanza cronológica y a vuelapluma de una existencia sola y a pie y después en compañía, de la vida de quien pasó de caballero a peregrino, de peregrino a apóstol, de apóstol a fundador, de la vida y de la historia de una ardiente pasión por Jesucristo y por mayor gloria de Dios y la salvación de las almas: la del vasco universal san Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, el creador de los Ejercicios Espirituales, uno de los cristianos más extraordinarios e influyentes de toda la historia, cuya memoria litúrgica es hoy, viernes 31 de julio.

Su fiesta de este año, más allá de sus limitaciones celebrativas derivadas de la pandemia, anuncia asimismo la conmemoración en 2021 del quinto centenario de su conversión, como a continuación se verá. Una celebración que, dependiendo de la evolución de la citada situación sanitaria, podría contar con una posible prolongación, en consecuencia, a 2022, y que podría traer al Papa Francisco, jesuita, hijo de san Ignacio, a España, con visita igualmente a Santiago de Compostela, cuyo Año Santo Compostelano 2021 también podría extenderse a 2022.

 

Infancia, adolescencia y juventud

1491: El día 1 de junio (otras fuentes indican que fue el 24 de diciembre) nace, en el caserío de Loyola, Íñigo López de Loyola. Su nombre y apellidos, a tenor de los apellidos de los padres, deberían haber sido Íñigo Yáñez de Oñaz y Loyola Sánchez. Era el menor de 13 hermanos. Muy pronto fue bautizado en la iglesia parroquial de Azpeitia, cuyo párroco se llamaba Juan de Zabala. Su madre, Marina Sánchez de Licona, falleció muy pronto. Íñigo fue amamantado por la nodriza, María de Garín, que vivía en el caserío de Eguíbar. Su madre, Marina Sánchez de Licona, murió siendo Ignacio adolescente.

1506: Íñigo abandona Loyola y marcha a Castilla, concretamente a Arévalo. El contador mayor de Castilla, Juan Velázquez de Cuéllar, le pide a su padre que le envíe a uno de sus hijos. Íñigo permanece en Arévalo hasta 1517, realizando frecuentes viajes a Valladolid y manteniéndose muy cerca de la Corte ya que Juan Velázquez de Cuéllar era también consejero real. Durante sus once años en Arévalo, Íñigo aprende el dominio de las armas y se aficiona por la lectura y la escritura. Años después, él mismo calificará estos años como dados a las vanidades del mundo y al deseo de ganar honra. Se preparaba para ser un caballero.

1517: Tras la muerte del Rey Fernando el Católico, cae en desgracia Velázquez de Cuéllar, quien fallece poco después. Su viuda, María de Velasco, manda a Íñigo a servir al duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara, virrey de Navarra. Íñigo interviene activa y positivamente en la pacificación de la sublevación de Nájera durante la guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), así como en conflictos entre villas de Guipúzcoa. Se revela como un buen estratega, hábil en el manejo de las situaciones.

 

Herido en el castillo de Pamplona y conversión en Loyola

1521: Tropas franco-navarras intentan reconquistar Navarra, conquistada en 1512 por Castilla. Hermanos de Francisco de Javier estaban integrados en estas tropas franco-navarras. Íñigo lucha con el ejército castellano. Se produce en mayo de aquel año de 1521 el llamado asedio al castillo de Pamplona, donde se halla Íñigo. El 20 de mayo de 1521, lunes de Pentecostés, una bomba de cañón atraviesa entre las piernas de Íñigo, con graves heridas en una y dañándole también la otra. El castillo cae dos días después. Se le practican a Íñigo las primeras curas y regresa a Loyola.

1521: Ya, en Loyola, comienza el proceso de recuperación de Íñigo, que va a resultar largo, complicado y doloroso. Durante la convalecencia dedica numerosos espacios de tiempo a la lectura. Entre los libros de la vieja biblioteca familiar del caserío de Loyola, Íñigo lee “La vida de Cristo” y “Flors sanctorum”. Comienza un lento y progresivo itinerario de conversión espiritual. Íñigo se replantea toda su vida -tenía ya 30 años- y hace autocrítica de su condición de soldado y caballero. Como final decisivo de este proceso de conversión, Íñigo tiene una visión de la Virgen con el Niño. Decide seguir más cerca a Jesucristo, trabajar por la evangelización y peregrinar a Tierra Santa para encontrarse con las huellas y los lugares del Santísima Humanidad de Nuestro Señor.

 

Los Ejercicios Espirituales y una nueva vida

1522: Abandona el caserío familiar de Loyola para seguir su nueva vocación y su deseo de peregrinar a Jerusalén. El 24 de marzo de aquel año llega al monasterio de Montserrat (Barcelona). Ante la imagen de la Virgen, cuelga su vestidura militar y abandona la basílica, harapiento y descalzo. De esta forma llega a la vecina Manresa, donde permanece diez meses, ayudado por un grupo de piadosas mujeres. Vive durante este tiempo en una cueva, en oración y ayuno. De esta experiencia nacen los Ejercicios Espirituales, corazón y nervio de la espiritualidad ignaciana. Los Ejercicios Espirituales serán editados en 1548. También la experiencia de Manresa le servirá para abandonar la idea de ser un peregrino solitario a cambio de un compromiso más apostólico con compañeros que le siguiesen en la empresa.

1523: Viaja hasta Roma con idea de embarcarse hacia Jerusalén. El 4 de septiembre pisa la ciudad santa. Su estancia en el país de Jesús marcará su vida. Se compromete a regresar a él para evangelizar y vivir, si es posible, el resto de sus días.

1524: Regresa a Barcelona. Su amiga Isabel Roser le aconseja que inicie estudios. Aprende latín y se matricula en la Universidad.

1526: Es alumno de la Universidad de Alcalá de Henares. Vive y trabaja como enfermero en el hospital de Antezana.

1527: Viaja a Salamanca. Predica sus ejercicios espirituales, lo que le acarrea algunos problemas, que incluso lleva a la cárcel durante unos días.

 

París y el germen de la Compañía

1528: Viaja a París. Durante siete años permanece en la capital gala. Estudia Teología y Literatura. Predica los ejercicios espirituales entre los estudiantes.

1534: Reúne en torno a su proyecto apostólico a seis jóvenes estudiantes del colegio parisino de Santa Bárbara. Son el germen de la Compañía de Jesús: Pedro Fabro, Francisco Javier, Alfonso Salmerón, Diego Laínez, Nicolás de Bobadilla y Simón Rodrigues. El primero es saboyano, el último portugués y el resto, al igual que Íñigo, españoles. Viaja a Flandes e Inglaterra para conseguir dinero para su proyecto. El 15 de agosto de 1534 Íñigo y sus seis compañeros juran los llamados votos de Montmatre. “Servir a Nuestro Señor Jesucristo, dejando todas las cosas del mundo” es el objetivo concretado en cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia y peregrinar a Tierra Santa.

1536: Después de haber permanecido tres meses en Loyola, por razones de salud, y de visitar a los familiares de sus compañeros, Íñigo viaja a Venecia para preparar la peregrinación a Tierra Santa y para continuar sus estudios.

 

Venecia, Roma, la Jerusalén universal

1537: El día 8 de enero llegan a Venecia sus seis compañeros de París. Con la autorización expresa del Papa Paulo III, se preparan para la ordenación sacerdotal, que tiene lugar el 24 de junio. Les ordena el obispo de Arbe. Una vez ordenados sacerdotes, prosiguen su preparación para la peregrinación a Tierra Santa. Sin embargo, “la nave pelegrina” no partirá aquel año por problemas bélicos. ¿Qué hacer entonces? Los siete primeros jesuitas emprenden nuevos destinos evangelizadores, mientras que Ignacio, acompañado de Laínez y Fabro, se dirige a Roma para encontrarse con el Papa. En otoño de aquel año, muy cerca ya de Roma, en la vía Cassia, tiene lugar la visión de La Storta, capital para la fundación de la Compañía, para su mismo nombre y para descubrir su nueva y definitiva misión: Roma, la nueva Jerusalén. Ignacio llegará a Roma para ponerse a la entera disposición de su obispo, el Papa. El voto de peregrinar a Tierra Santa se cambiará por un voto de especial obediencia al Papa en orden a la misión. El 24 de diciembre de 1537, Íñigo oficiará su primera misa en la basílica de Santa María la Mayor de roma, que conserva la reliquia del pesebre de Belén.

1540: Con fecha 27 de septiembre, el Papa Paulo III firma la bula “Regimini militantis”. Nace la “Societatis Iesu”, la Compañía de Jesús Es elegido prepósito general. En la bula fundacional se limita a sesenta el número de los miembros de la Compañía. Tres años después, mediante la nueva bula “Iniuctum nobis”, de 14 de marzo de 1543, queda revocada esta disposición. Los primeros jesuitas son enviados a distintos lugares de Europa para crear escuelas, universidades, seminarios… Mientras tanto, a la par que crecía la reforma protestante, nacía también la reforma católica o contrarreforma, a la que eficaz y fielmente servirán los Jesuitas.

 

Nace Ignatius

1537-1542: Entre 1537 y 1542, Íñigo cambia su nombre por el de Ignacio, “para ser más común a las otras naciones o más universal”. El cambio de nombre pudo ser debido a su devoción por san Ignacio de Antioquía. Es en 1537 cuando aparece su primera firma como “Ignatius” y desde 1542 desaparece ya en las firmas su nombre original de Íñigo, su nombre de pila, que en euskera es Eneko.

1548: Aparece publicada la primera edición de los Ejercicios Espirituales.

1551: Ignacio quiere ser relevado como prepósito general. Su solicitud es rechazada. Un año después muere, en Sancian, frente a China, Francisco Javier, en quien quizás pensaba Ignacio como su sucesor.

1553-1555: Ignacio dicta su autobiografía a su secretario, el padre Gonçalves de Cámara. Este texto es también clave para entender lo que Ignacio pretendía con la Compañía.

1554: Ignacio escribe las Constituciones de la Compañía. En ellas se perfilan el carácter centralizado y “monárquico” de la institución, su disciplina, audacia, abnegación y obediencia. La frase “Ad maiorem Dei gloriam” (“Para la mayor gloria de Dios”) es adoptada como lema de la Compañía, que prosigue en veloz expansión por todo el mundo entonces conocido y creciendo también sin cesar. Pilares jesuíticos son la búsqueda de la voluntad de Dios, el ensanchamiento del corazón a las dimensiones del mundo aterrizando también en lo concreto, el discernimiento a la luz de la oración y de la razón de cómo mejorar la realidad para hacerla más evangélica y el esfuerzo por encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción y unidos con Dios en la actividad.

 

En la gloria

1556: En Roma, en la casa de la Compañía junto a la céntrica iglesia del Gesù, fallece el 31 de julio.

1609: El Papa Paulo V lo beatifica el día 27 de septiembre.

1622: Es canonizado el 22 de mayo por el Papa Gregorio XV.

 

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 31 de julio de 2020

 

En la fiesta, pasado mañana, de san Joaquín y santa Ana, el Día de los Abuelos, la Iglesia en España reza por los ancianos, las mayores víctimas de la pandemia

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada año el día 26 de julio, pasado mañana, es  la memoria  de san Joaquín y santa Ana, los padres de la Virgen María, los abuelos de Jesús, el Día de los Abuelos, una jornada, pues, para felicitar, recordar, revalorizar y agradecer a los abuelos y a los mayores su extraordinaria contribución.

Y ello todavía más ahora en medio de los efectos devastadores que el coronavirus ha supuesto para tantos y tantos miles de ancianos y de residencias de mayores. Por este motivo, el obispo diocesano oficia el domingo 26 de julio la misa en la iglesia de las Hermanitas Desamparados de Guadalajara, como oración y homenaje a todos los mayores y a sus cuidadores.

Santa Teresa Jornet e Ibars, de la que luego ofrecemos una semblanza biográfica, es la patrona de la ancianidad, la titular de la citada residencia de ancianos de Guadalajara y la iniciadora, junto al sacerdote seguntino venerable siervo de Dios Saturnino López Novoa, fundador, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

 Además, todas las misas parroquiales de este domingo 26 de julio serán ofrecidas por todas las víctimas de la pandemia.

Por todo ello, este artículo de hoy de la página de Religión de NUEVA ALCARRIA es un homenaje a las personas mayores, a nuestros queridos e imprescindibles ancianos.

 

¿Quién fue santa Teresa Jornet e Ibars? 

Es la patrona de la ancianidad y, como queda dicho,  la iniciadora, junto al sacerdote seguntino venerable siervo de Dios Saturnino López Nova, fundador, de la congregación religiosa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.  Teresa de Jesús Jornet e Ibars nació en Aytona (Lérida), en  el seno de una familia religiosa, el 9 de enero de 1843.  Tuvo dos hermanas y tres sobrinas religiosas, y tío abuelo suyo fue el beato Francisco Palau,  fraile carmelita y predicador

Estudió en Lérida para maestra e ingresó en el monasterio de las clarisas de Briviesca (Burgos). Pero la situación política de la segunda mitad del siglo XIX no permitía la emisión de votos. Entonces se hizo carmelita terciaria, dedicándose a la enseñanza. Posteriormente, junto a un grupo de sacerdotes en Barbastro, bajo el impulso de don Saturnino,  se dedicó a la atención de ancianos abandonados. Se estableció en Valencia  donde quedó fijada la casa madre de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

Falleció en Liria (Valencia) el 26 de agosto de 1897. A su muerte había ya 103 asilos o residencia de ancianos en España y América. Fue beatificada el 27 de abril de 1958 por Pio XII y canonizada por Pablo VI el 27 de enero de 1974.

 

Mensaje de la CEE para el día de san Joaquín y santa Ana 

«Desde el pasado mes de marzo que se decretó el estado de alarma en nuestro país, por motivo de la pandemia de la COVID 19, hemos podido contemplar cómo los más afectados por este virus han sido los mayores, falleciendo un gran número de ellos en residencias, hospitales y en sus propios domicilios. También, nuestros mayores, debido a las circunstancias tan excepcionales, son los que más han sufrido el drama de la soledad, de la distancia de sus seres queridos. Todo esto nos debe llevar a pensar, como Iglesia y como sociedad, que “una emergencia como la del COVID es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (Pandemia y fraternidad universal, Nota sobre la emergencia Covid-19, Pontificia Academia para la Vida, 30/03/2020).

En una sociedad, en la que muchas veces se reivindica una libertad sin límites y sin verdad en la que se da excesiva importancia a lo joven, los mayores nos ayudan a valorar lo esencial y a renunciar a lo transitorio. La vida les ha enseñado que el amor y el servicio a los suyos y a los restantes miembros de la sociedad son el verdadero fundamento en el que todos deberíamos apoyarnos para acoger, levantar y ofrecer esperanza a nuestros semejantes en medio de las dificultades de la vida. Como afirma el Papa Francisco: “La desorientación social y, en muchos casos, la indiferencia y el rechazo que nuestras sociedades muestran hacia las personas mayores, llaman no sólo a la Iglesia, sino a todo el mundo, a una reflexión seria para aprender a captar y apreciar el valor de la vejez” (Audiencia del Papa Francisco a los participantes en el Congreso Internacional “La riqueza de los años”, Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, 31/01/2020).

Pero no basta contemplar el pasado, aunque haya sido en ciertos momentos muy doloroso, hemos de pensar en el futuro. No deberíamos olvidar nunca aquellas palabras del Papa Francisco en las que afirmaba que una sociedad que abandona a sus mayores y prescinde de su sabiduría es una sociedad enferma y sin futuro, porque le falta la memoria. Allí donde no hay respeto, reconocimiento y honor para los mayores, no puede haber futuro para los jóvenes, por eso hay que evitar que se produzca una ruptura generacional entre niños, jóvenes y mayores.

Conscientes de ese papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos. Los ancianos no son sólo el pasado, sino también el presente y el mañana de la Iglesia».

 

Los ancianos en 15 mensajes en Twitter del Papa 

1.-No podemos dormir tranquilos mientras haya niños que mueren de hambre y ancianos sin asistencia médica. (17-8-2013) 

2.-La cultura del descarte produce muchos frutos amargos, como el desperdicio de alimentos y el aislamiento de muchos ancianos. (25-10-2013) 

3.-Ningún anciano debe estar «exiliado» de nuestra familia. Los ancianos son un tesoro para la sociedad. (11-1-2014)

4.-Una sociedad que abandona a los niños y a los ancianos cercena sus raíces y oscurece su futuro. (6-5-2014)

5.-A veces descartamos a los ancianos, pero ellos son un tesoro precioso: descartarlos es injusto y una pérdida irreparable. (17-6-2014)

6.-Practiquemos el cuarto mandamiento visitando con cariño a nuestros padres ancianos. (26-5-2015)

7.-El futuro de un pueblo supone necesariamente el encuentro entre los jóvenes y los ancianos. (14-6-2016)

8.-Queridos ancianos, Dios no les abandona, ¡está con ustedes! Con su ayuda, ustedes son memoria viva para su pueblo. (15-6-2016)

9.-Acordémonos de los ancianos y los enfermos, que en verano a menudo se quedan más solos y pueden encontrarse en dificultad. (17-7-2016)

10.-Estoy cercano a tantos ancianos que viven escondidos, olvidados y descuidados. Y agradezco a aquellos que están comprometidos con una sociedad más inclusiva, que no necesita descartar a aquellos que son débiles en cuerpo y mente. #WEAAD (15-6-2019)

11.-#OremosJuntos por los ancianos, que en este momento sufren con mayor intensidad una gran soledad, a veces con mucho miedo. Ellos nos han dado la vida, la sabiduría, la historia... Estemos a su lado con la oración. (17-3-2020)

12.- En estos días de tanto sufrimiento hay también mucho miedo: el miedo de los ancianos que están solos, el miedo de los trabajadores sin un salario fijo, el miedo de cada uno de nosotros... #OremosJuntos al Señor para que nos ayude a tener confianza y a vencer el miedo. (26-3-2020)

13-#OremosJuntos por los ancianos, especialmente por aquellos que están aislados o en casas de reposo y tienen miedo de morir solos.  Ellos son nuestras raíces; nos han dado la fe, las tradiciones, el sentido de pertenencia. Oremos para que el Señor esté a su lado. (15-4-2020)

14.-La pandemia de #COVID19 ha puesto de manifiesto que nuestras sociedades no se han organizado lo suficiente para hacer espacio a los ancianos, con justo respeto a su dignidad y fragilidad. Donde no se cuida a los ancianos, no hay futuro para los jóvenes. #WEAAD2020 (15-6-2020)

15.-El nacimiento de #sanJuanBautista de padres ya ancianos nos enseña que Dios no depende de nuestras lógicas y de nuestras limitadas capacidades humanas. Es necesario aprender a fiarse y a callar frente al misterio de Dios, y a contemplar con humildad y silencio su obra. (24-6-2020).

 

Decálogo para amar y servir a los mayores

1.-Mirarás al anciano como una bendición de Dios.

2.-Darás gracias a Dios por él y con él porque tu vida, que atesora además la sabiduría de los años y de la experiencia, es tan preciosa, tan útil y tan necesaria como la tuya.

3.-Hablarás al anciano, despacio, claro, y al oído si está un poco sordo, y siempre con cariño y con respeto.

4.-Le escucharás con gusto y con comprensión cuando te repita historias del ayer.

5.-Desviarás la mirada cuando cualquier debilidad aflore en el rostro, en las manos o en alma del anciano.

6.-Habrás de saber que la mejor herencia que dejan los mayores es su ejemplo, su consejo y su amor.

7.-Rezarás por los mayores y orarás con ellos, pues su oración continua es su desahogo, su mejor oficio y el mayor beneficio para la familia.

8.-Te esforzarás en derramar alegría, acogida y calor en tus relaciones con los mayores. La familia es el mayor de los tesoros de los ancianos.

9.-Visitarás a los mayores, te interesarás por ellos, les preguntarás por su vida porque todo ello vale que los regalos, los obsequios y las limosnas.

10.-Llamarás al sacerdote, recurrirás a la Iglesia, cuando el anciano necesita ánimo, salud, sacramentos y gracia.

 

Bienaventuranzas de los ancianos

1.-Bienaventurados los que aceptan su ancianidad como un don, como una gracia de Dios, a la que hay que saber responder con amor, con alegría y con agradecimiento.

2.-Bienaventurados los que saber vivir gozosamente el presente, los que aceptan la vida de cada día y de cada año con gozo, con esperanza, con optimismo y con audacia.

3.-Bienaventurados los que en la vejez siguen produciendo frutos sazonados, los frutos de la actividad o de la pasividad, los frutos del servicio o del sufrimiento, los frutos, en suma, del amor. El cristiano anciano  es, reza un salmo, como «el árbol plantado al borde de la acequia, que da fruto en su sazón, que no se marchitan sus hojas y que cuanto emprende tiene bien fin».

4.-Bienaventurados los que son fuente de alegría para los demás, los que no pierden la sonrisa y la esperanza, los que saben aderezar con el humor y el amor los guisos de la vida.

5.-Bienaventurados los que conservan la fe y la esperanza en un Dios bueno y misericordioso, ese Dios que les ha amado durante toda la vida y que ahora les abre poco a poco las puertas del cielo con la llave de la debilidad y del temblor.

6.-Bienaventurados los que creen en el valor redentor y misional del sufrimiento, los que han descubierto que es preciso suplir en nuestro cuerpo lo que le falta a la pasión de Cristo, los que saben que, como escribiera santa Teresita de Lisieux: «Se salvan más almas con el dolor que con los mejores sermones».

7.-Bienaventurados los que superan el dolor con alegría y se revisten de la paz de hijos de Dios, irradiando esperanza y paz a un mundo tantas veces zozobrado y encrespado.

8.-Bienaventurados los que ejercitan el amor, también en el atardecer. Bienaventurados seréis, vosotros, los mayores, cuando comprendáis y viváis estos versos de san Juan de la Cruz: «Mi alma se ha empleado y todo mi caudal en su servicio: ya no guardo ganado, ni tengo otro oficio, que sólo en amar es mi ejercicio».

 

 

Artículo publicado en el periódico 'Nueva Alcarria' el 24 de julio de 2020

Por Juan Pablo Mañueco

(Escritor y periodista)

 

 

Se nos vuelve ahora el silencio aroma;
suave recogimiento ante el misterio;
perfume de respeto, grave y serio
que arriba sube en forma de paloma.


Medita en el sigilo que el salterio
mudo de un interior tiempo da idioma
oloroso de flores, que en redoma
de calma sube y crece a tu criterio.


Esta fase es la tuya, trigo y poma
por que sientas en ti tu magisterio,
que alimente tu vida: así la toma.


Torne después el ruido y el imperio
del mundo disonante, que ya asoma
al excelso sosiego… y lo desploma.


Juan Pablo Mañueco


Vídeo autor:
https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

 

Lourdes Mesa

(Conferencias de San Vicente de Paúl de Guadalajara)

 

 

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Sobre la lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos, 12, 5-16

Cada día, cuando me levanto, al hacer mi oración matutina, leo también las lecturas correspondientes a la liturgia eucarística y me interpeló el regalo de esta lectura tan clara y concreta que todos podemos comprender. Yo no soy una entendida en la interpretación de la Sagrada Escritura, sólo intento estar abierta y dejar que ilumine mi caminar como cristiana.

Comienza diciendo: “Hermanos, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros. Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado…”.

Uff, me dejó en el más estricto silencio, dentro del silencio en el que ya me encontraba. “Existimos en relación a los otros”, porque todos formamos el cuerpo de Cristo. ¡Qué maravilla que todos seamos importantes para Dios! Pero desde mi empobrecida mentalidad mundana, también me planteaba que esto mismo, igualmente va dirigido a las personas con las que me cuesta convivir, aquellas por las que en algún momento de la vida, he experimentado ese dolor que causa herida y que posiblemente sea mutuo y, en lugar de utilizar el bálsamo adecuado, -la gracia que se nos ha dado - he dejado que se cerrara sin curar por dentro.

En el seno de la Iglesia, nos pasa igual. Perdemos el horizonte, que es Cristo y nos quedamos en el yo soy de esta institución, yo de tal cofradía… y no somos capaces de ver la riqueza que supone esta pluralidad y sentir alegría porque, allí donde yo no llego, otros están y puedo sentir que yo también estoy con ellos.

“Que la esperanza os tenga alegres… Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis”, sigue diciendo esta lectura. Que la esperanza nos tenga alegres está muy bien, pero ¡bendecir a los que nos persiguen….!, es harina de otro costal, me decía.

Quizás no vivamos persecuciones, hoy en nuestro marco geográfico de residencia, en el sentido estricto de la palabra, pero como he dicho antes, todos tenemos personas con las que el trato se nos hace difícil y estoy segura de que, en la mayoría de los casos, es mutuo y lo primero que se nos viene a la cabeza, es soltar “perlas” sobre esas personas y nos rompe los esquemas, el que te digan que no, que el camino no va por ahí sino que, por encima de todo, debemos “bendecir”. No perseguir a nadie, ni de palabra ni de obra. Esto sí que me dejó herida, aunque en otra dimensión: ¡entender que tenía que cambiar de mentalidad!

Os animo a todos, bueno quizás sois mucho más aventajados que yo, pero os invito a recorrer este camino que nos lleva a la libertad, esa libertad que está en el espíritu y es capaz de sanar las heridas más profundas. No sé hacia dónde me llevará, pues apenas he comenzado a caminar, pero sí sé que en ello descubro la paz, la apertura de corazón para acoger y amar a todos y eso ya merece la pena.

Con María, siempre a Cristo con y por María

 

Lourdes Mesa

De la Conferencia de San Vicente de Paúl

Conferencia Nª Srª de la Antigua

Guadalajara (España)

 

  

 

TO FIND FREEDOM

 

Dear readers, this month, let me offer you an article written by my friend and fellow member Lourdes Mesa, hoping that you will like it as much as I do.

 

About the reading of the Letter of St. Paul to the Romans, 12, 5-16

 

Every day when I get up, as I do my morning prayer, I also read the texts of the Eucharistic liturgy and I was astonished at the gift of this clear and concrete reading that we can all understand. I am not an expert on the interpretation of the Holy Scriptures, I just try to be open and let them enlighten my journey as a Christian. 

It begins by stating, "So we, being many, are one body in Christ, and individually members of one another. Having then gifts differing according to the grace that is given to us...". 

Well, it brought me to the most complete silence, within the silence where I was already. "We exist in relation to others", because we all form the body of Christ. How wonderful that we are all important to God! However, from my impoverished worldly mentality, I also wondered that this is also aimed at the people with which I find it difficult to coexist. Those who, at some point in life, made me experience that kind of pain that causes a wound, which was possibly mutual, and instead of using the right balm, - the grace that we have been given - I have let it close without being healed inside. 

The same happens to us within the Church. We lose the horizon, which is Christ and we remain in the ‘I belong to this institution’, ‘I belong to this brotherhood’… and we are not able to see the wealth that this pluralism entails nor feel joy because, where I cannot reach out, others are there and I can feel that I am also with them. 

"Rejoice in hope. Bless those who persecute you; bless and do not curse," continues this reading. The fact that hope could keep us joyful is very good, but ‘to bless those who persecute us’ is a completely different matter. 

Perhaps we are not persecuted today in our geographical location, in the strict sense of the word. However, as I said before, we all know people with whom we find difficult to get on well and I am sure that, in most cases, the difficulty is mutual,  and the first thing that comes to our mind, is to drop some "pearls" about those people. The fact that somebody tells us that this is not the path, that above all we must “bless”, shatters our preconceptions. Not persecuting anyone, by word or deed. That was what really hurt me, albeit in another dimension: to understand that I had to change my mind-set! 

I encourage all of you, although you are maybe more outstanding than me, but I invite you to walk the path that leads us to freedom, that freedom that is in the spirit and is able to heal the deepest wounds. I do not know where it will take me, for I have barely begun to walk, but I do know that I discover the peace in it, the openness of heart to welcome and love everyone, and just that is worth it. 

I hope, dear friends, that you have liked it as much as I did, and that you have enjoyed this “change of pen", which is always good.

 

With Mary, always towards Christ through Mary

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conferences of Guadalajara (Spain)

 

 

RENCONTRE AVEC LA LIBERTÉ

 

Ce mois-ci, permettez chers lecteurs, que je vous transmette un article de mon amie et consoeur Lourdes Mesa, en espérant que vous en apprécierez la lecture autant que moi.

 

A propos de la lecture de la Lettre de l’apôtre Saint Paul aux Romains, 12, 5-16.

 

Chaque jour au lever, et au moment de ma prière matinale, je lis en même temps les lectures correspondant à la lithurgie eucharistique, et je fus surpris un jour par le véritable cadeau que nous offre la lecture si claire et si concrète de cette Lettre, si accessible que nous pouvons tous la comprendre. Bien sûr je ne suis pas du tout une experte dans l’interprétation des Saintes Ecritures, mais j’essaie seulement d’ouvrir mon esprit et laisser ma route s’illuminer, en bonne chrétienne.

Elle commence ainsi : “Mes Frères, nous sommes nombreux mais nous formons tous un seul corps en Christ, et chacun n’existe que par sa relation avec les autres. Avec nos dons différents, selon la Grâce qui nous a été concédée…”

Bref, un extrême silence m’enveloppait, au-delà même du silence qui m’envahissait déjà. “Nous existons par notre relation avec les autres”, parce que nous sommes tous ensemble parties du corps du Christ. Quelle merveille! Que nous soyons tous aussi importants aux yeux de Dieu! Mais compte tenu de ma mentalité étroite et mondaine, je comprenais à l’instant que ceci allait également s’appliquer aux personnes avec lesquelles j’éprouve certaines difficultés relationnelles, celles-là mêmes qui à certains moments de ma vie, m’ont causé cette souffrance qui laisse des traces, probablement mutuelles. Souvent, au lieu d’utiliser la pommade adéquate - celle qui nous a été octroyée par la Grâce - j’ai laissé cette plaie se refermer sans la soigner en profondeur.

Au sein de l’Eglise, il en est de même. Nous ne voyons plus ce même horizon qu’est le Christ, et nous nous sentons très fiers en disant : “Moi, je suis de telle institution, ou moi de telle confrèrie…”; et nous sommes incapables de voir la richesse que représente cette pluralité, et d’éprouver cette joie de savoir que là où je ne peux pas agir, d’autres le feront pour moi, et en quelque sorte j’agirai à travers eux.

“Que l’espoir vous apporte la joie… Bénissez ceux qui vous persécutent ; bénissez, oui, et ne médisez point”, continue le texte. Que l’espoir nous apporte de la joie, soit, mais bénir ceux qui nous persécutent…, c’est une autre paire de manches, disai-je dans mon for intérieur.

Peut-être que nous ne vivons aucune persécution au sens propre, par les temps qui courent, mais comme je l’ai dit plus haut, nous connaissons tous des personnes avec qui notre relation est plus difficile, et je suis certaine que dans la plupart des cas, c’est mutuel. Alors, notre premier réflexe eu égard à ces personnes est d’employer  des quolibets et des moqueries, et nous n’admettons pas qu’on nous dise que ce n’est pas la bonne méthode et qu’il faut plutôt par dessus tout, “donner notre bénédiction” à ces gens. Ne persécuter personne, ni par nos paroles ni par nos actes. Là, je me sentais concernée et blessée d’une certaine manière : je compris qu’il fallait que je change de mentalité.

Je vous encourage tous, mais nombreux sont sans doute ceux qui n’en ont pas besoin, à parcourir le chemin qui mène à la liberté, cette liberté qui réside dans les mentalités et qui est capable de soigner les blessures les plus profondes. Je ne sais pas où cela me conduira car je viens juste de prendre le départ, mais ce que je sais c’est que j’y découvre la paix, et la bonté du coeur pour accueillir et aimer tout le monde, et cela en vaut la peine.

Comme je le souhaitais au début de ces lignes, j’espère chers amis, que cet article vous aura plu également, et que vous apprecierez cette alternance de “plume” qui ne peut être que bénéfique.

 

En Christ par l’intercession de Marie.

 

José Ramón Díaz-Torremocha

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