Por Alfonso Olmos Embid

(Director de la Oficina de Información)

 

 

 

La solemnidad de la Epifanía nos presenta a los Reyes Magos que, guiados por una estrella, recorren caminos inciertos para adorar al Niño Dios y ofrecerle oro, incienso y mirra. No son solo personajes entrañables de una tradición popular; representan a una humanidad que busca la verdad, reconoce a Dios y se arrodilla ante Él con humildad. Hoy, sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿qué mundo encontrarían los Reyes Magos si llegaran a nuestra realidad actual?

Vivimos tiempos marcados por el estruendo de las armas. Guerras prolongadas y olvidadas, nuevas invasiones, civiles masacrados y millones de desplazados claman al cielo mientras la comunidad internacional parece acostumbrarse al horror. En este contexto, la mirra, símbolo del sufrimiento, ya no es una profecía lejana, sino una experiencia cotidiana para demasiados pueblos.
A ello se suma la persecución silenciosa, y a veces sangrienta, de millones de cristianos en distintos lugares del mundo, discriminados, encarcelados o asesinados por confesar su fe. Una realidad incómoda que apenas ocupa espacio en titulares, como si la libertad religiosa fuera un valor negociable.
España tampoco es ajena a esta crisis moral. La fractura social, la soledad de los mayores, la precariedad de los jóvenes y el progresivo arrinconamiento de la fe en la vida pública revelan una sociedad rica en recursos, pero empobrecida en sentido y esperanza. Hemos cambiado el oro de la justicia por el brillo del consumo, el incienso de la oración por la prisa constante, y miramos de lejos la mirra del dolor ajeno.
La Epifanía nos interpela: como los Magos, estamos llamados a ponernos en camino, a reconocer a Cristo en los más vulnerables y a ofrecer no solo regalos simbólicos, sino una conversión real del corazón. Solo así la estrella volverá a brillar.

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

León XIV preside en Roma su primera Navidad como Papa y se consolida como servidor de la paz, una paz para todos, una paz desarmada y desarmante

 

 

 

 

 

Ayer, jueves 1 de enero, solemnidad de Santa María Madre de Dios y el primer día del nuevo año, fue también la Jornada Mundial de la Paz, una iniciativa nacida en 1968 por decisión del Papa San Pablo VI. Y es qué mejor manera que comenzar un año nuevo que comprometiéndonos con la paz, que siendo sembradores y artesanos de paz.

El mensaje del Papa actual, León XIV, para esta 59 Jornada Mundial de la Paz, del jueves 1 de enero de 2026, ha llevado por lema «La paz esté con todos vosotros: hacia una paz desarmada y desarmante», frase que recoge algunas de sus primeras palabras nada más ser elegido papa en la tarde del 8 de mayo pasado.

Precisamente, la paz ha sido asimismo el tema central de la felicitación navideña del Santo Padre, mediante una frase del Papa San León Magno (400-461): «El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz». Y la paz centró igualmente el mensaje papal de Navidad con la bendición «Urbi et Orbi».

 

 

Mensaje de Navidad «Urbi et Orbi»

 

«Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy, desde el cielo, ha descendido la paz sobre nosotros» (Antífona de entrada de la Misa de medianoche en la Natividad del Señor).

Así canta la liturgia en la noche de Navidad, y así resuena en la Iglesia el anuncio de Belén: el Niño que ha nacido de la Virgen María es Cristo Señor, enviado por el Padre para salvarnos del pecado y de la muerte. Él es nuestra paz, Aquel que venció al odio y a la enemistad con el amor misericordioso de Dios. Por eso «el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz» (San León Magno, Sermón 26).

Por amor quiso nacer de una mujer, para compartir nuestra humanidad; por amor aceptó la pobreza y el rechazo y se identificó con los que son marginados y excluidos.

En el nacimiento de Jesús ya se perfila la elección fundamental que guiará toda la vida del Hijo de Dios, hasta su muerte en la cruz: la elección de no hacernos llevar el peso del pecado, sino de llevarlo Él por nosotros, de hacerse cargo de él. Esto podía hacerlo solo Él. Y al mismo tiempo nos mostró lo que solo nosotros podemos hacer, es decir, asumir cada uno nuestra parte de responsabilidad.

Sí, porque Dios, que nos ha creado sin nosotros, no puede salvarnos sin nosotros. (cf. San Agustín, Sermón 169, 11. 13), es decir, sin nuestra libre voluntad de amar. Quien no ama no se salva, está perdido. Y quien no ama a su hermano que ve, no puede amar a Dios que no ve.

 

La responsabilidad, camino de la paz

 

Este es el camino de la paz: la responsabilidad. Si cada uno de nosotros, a todos los niveles, en lugar de acusar a los demás, reconociera ante todo sus propias faltas y pidiera perdón a Dios, y al mismo tiempo se pusiera en el lugar de quienes sufren, fuera solidario con los más débiles y oprimidos, entonces el mundo cambiaría.

Jesucristo es nuestra paz, ante todo porque nos libera del pecado y, luego, porque nos indica el camino a seguir para superar los conflictos, todos los conflictos, desde los interpersonales hasta los internacionales. Sin un corazón libre del pecado, un corazón perdonado, no se puede ser hombres y mujeres pacíficos y constructores de paz.

Por esto Jesús nació en Belén y murió en la cruz: para liberarnos del pecado. Él es el Salvador. Con su gracia, cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación.

 

Paz en Medio Oriente

 

En este día de fiesta, deseo enviar un saludo efusivo y paternal a todos los cristianos que viven en Medio Oriente, a quienes he querido encontrar hace poco en mi primer viaje apostólico. He escuchado sus temores y conozco bien su sentimiento de impotencia ante las dinámicas de poder que los superan.

A Él imploramos justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria, confiando en estas palabras divinas: «La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre» (Isaías 32,17).

 

Europa y Ucrania

 

Encomendamos al Príncipe de la Paz todo el continente europeo, pidiéndole que siga inspirándole un espíritu comunitario y colaborativo, fiel a sus raíces cristianas y a su historia, solidario y acogedor con los que están pasando necesidad.

Oremos de manera especial por el atribulado pueblo ucraniano, para que cese el estruendo de las armas y las partes implicadas, con el apoyo de la comunidad internacional, encuentren el valor para dialogar de manera sincera, directa y respetuosa.

 

Guerras olvidadas en África

 

Al Niño de Belén imploramos paz y consuelo para las víctimas de todas las guerras que se libran en el mundo, especialmente aquellas olvidadas.

Y para quienes sufren a causa de la injusticia, la inestabilidad política, la persecución religiosa y el terrorismo. Recuerdo de manera especial a los hermanos y hermanas de Sudán, Sudán del Sur, Malí, Burkina Faso y la República Democrática del Congo.

 

América Latina

 

En estos últimos días del Jubileo de la Esperanza, pidamos al Dios hecho hombre por el querido pueblo de Haití, que cese en el país toda forma de violencia y pueda avanzar por el camino de la paz y la reconciliación.

Que el Niño Jesús inspire a quienes tienen responsabilidades políticas en América Latina para que, al enfrentar los numerosos desafíos, se le dé espacio al diálogo por el bien común y no a las exclusiones ideológicas y partidistas.

 

Asia y Oceanía

 

Pedimos al Príncipe de la Paz que ilumine a Myanmar con la luz de un futuro de reconciliación, que devuelva la esperanza a las generaciones jóvenes, guíe a todo el pueblo birmano por los caminos de la paz y acompañe a quienes viven sin hogar, sin seguridad y sin confianza en el mañana.

A Él imploramos que se restablezca la antigua amistad entre Tailandia y Camboya y que las partes implicadas continúen esforzándose por la reconciliación y la paz.

A Él le confiamos también los pueblos del sur de Asia y de Oceanía, duramente golpeados por las recientes y devastadoras catástrofes naturales, que han afectado gravemente a poblaciones enteras. Ante tales pruebas, invito a todos a renovar con convicción el compromiso común de socorrer a quienes sufren.

 

Gaza, Yemen, Mediterráneo

 

Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza; con quienes padecen hambre y pobreza, como el pueblo yemení; con quienes huyen de su tierra en busca de un futuro en otra parte, como los numerosos refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo o recorren el continente americano; con quienes han perdido el trabajo y con quienes lo buscan, como tantos jóvenes que tienen dificultades para encontrar empleo; con quienes son explotados, como los innumerables trabajadores mal pagados; con quienes están en prisión y a menudo viven en condiciones inhumanas.

Abramos nuestro corazón a los hermanos que están necesitados y sufren. Al hacerlo, lo abrimos al Niño Jesús que, con sus brazos abiertos, nos acoge y nos revela su divinidad.

La alegre noticia de Navidad es que el Niño que ha nacido es Dios hecho hombre; que no viene a condenar, sino a salvar. En Él, toda herida es sanada y todo corazón encuentra descanso y paz. «El Nacimiento del Señor es el Nacimiento de la paz».

 


 

Cinco frases sobre Navidad del Papa León en X (antiguo Twitter)

(1) En el pesebre, la imaginación popular ha incluido a menudo muchas figuras extraídas de la vida cotidiana, que llenan el espacio alrededor de la gruta. Nos recuerdan que todas nuestras actividades, nuestras ocupaciones cotidianas, adquieren su pleno sentido en el designio de Dios, que tiene su centro en Jesucristo.

(2) En el niño Jesús, Dios da al mundo una nueva vida ―la suya―, para todos. No es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra. ¿Será suficiente este amor para cambiar nuestra historia?

(3) El Hijo de Dios, por medio del cual todo fue creado, no es acogido y su cuna es un pobre comedero para animales. El Verbo eterno del Padre, que los cielos no pueden contener, ha elegido venir al mundo de esa manera. Por amor aceptó la pobreza y el rechazo y se identificó con los que son marginados y excluidos. #Navidad

(4) Con su gracia, cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación. #Navidad

(5) Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, con quienes padecen hambre y pobreza, con quienes huyen de su tierra en busca de un futuro en otra parte, con quienes han perdido el trabajo y con quienes lo buscan, con quienes son explotados, con quienes están en prisión y a menudo viven en condiciones inhumanas. #Navidad

 

 

Publicado en Nueva Alcarria el 2 de enero de 2026

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

Este domingo 28 de diciembre, en todas las catedrales de la Iglesia, con citas en nuestra diócesis a las 12 horas en la catedral y a las 19 horas en la concatedral

 

 

 

 

 

La clausura en las diócesis del Año Jubilar 2025 será el 28 de diciembre, domingo. En nuestra diócesis, el obispo don Julián Ruiz Martorell presidirá la eucaristía preparada al efecto por la Santa Sede en los dos templos jubilares de la diócesis. Así acontecerá a las 12 horas en la catedral de Sigüenza, y, a las 19 horas, en la concatedral de Guadalajara.

La clausura jubilar será ocasión para reactivar la llamada a la cuestación popular en favor de la Obra Social de la Iglesia católica en España, auspiciada por la Conferencia Episcopal Española y secundada por nuestra diócesis, con ocasión del Año Santo 2025 y destinada a las personas víctimas de la trata y a migrantes explotados por las mafias.

 

El año jubilar en Casa Nazaret de Guadalajara

 

Con anterioridad a los actos del 28 de diciembre, el martes 23 de diciembre, a las 9:30 horas, habrá una eucaristía de acción de gracias por el año jubilar en la capilla de Casa Nazaret de Guadalajara, el centro diocesano de acción social y de caridad y que también ha sido lugar jubilar.

A lo largo del año, Casa Nazaret, en este mismo contexto jubilar, cada uno de los doce meses del año 2025 lo ha dedicado, respectivamente, a una causa de caridad y de justicia social: la paz, la trata, la natalidad, la cooperación, la ausencia de Dios, las personas sin hogar, los migrantes, los mayores, los enfermos, los presos, los gitanos y los pobres.

La Vicaría Episcopal de Pastoral Social ha sido la coordinadora de las iniciativas junto a Cáritas Diocesana, Accem, Guada Acoge, Manos Unidas, Delegación de Migraciones, Misiones, Pastoral de la Salud, Pastoral Penitenciaria y Pastoral Gitana, todas ellas con sede en Casa Nazaret.

 

Clausura en las basílicas papales de Roma

 

Por otro lado, en Roma y solo en la basílica vaticana o de San Pedro, el año jubilar se prolongará hasta el martes 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor. Será entonces cuando, con eucaristía, a partir de las 9:30 horas, el Papa León XIV proceda al cierre de la puerta santa y a la clausura jubilar.

En las otras tres basílicas papales de Roma (también llamadas basílicas mayores o patriarcales), la clausura será el jueves 25 de diciembre, a las 18 horas, en Santa María la Mayor; el sábado 27 de diciembre, a las 11 horas, en San Juan de Letrán; el domingo 28 de diciembre, a las 10 horas, en San Pablo Extramuros.

 

32 millones de peregrinos en Roma

        

La ciudad de Roma, epicentro de este jubileo (no en vano es técnicamente jubileo romano) ha recibido durante el año santo 32 millones de peregrinos, cifra en la que se incluye las altas cifras de participación de los fieles en la despedida del Papa Francisco (falleció el 21 de abril) y su multitudinario funeral y la elección, el 8 de mayo, del Papa León XIV y los distintos actos de comienzo de su ministerio.

La celebración jubilar más numerosa fue la del Jubileo de los jóvenes, del 1 al 3 de agosto, con un millón de participantes. Este Jubileo pasa también a la historia por el citado relevo papal. Y, como anunció León XV en Turquía, el año jubilar 2025 concluye con una convocatoria, todavía no formal, pero sí oficiosa de un jubileo extraordinario para el año 2033, en el dos mil aniversario de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

 

 

Singularidades en la misa de clausura jubilar

 

La fecha fue fijada por el Papa Francisco en la bula de convocatoria del Jubileo “Spes non confundit”. Y esta celebración no puede adelantarse a la misa de vísperas del sábado 27 de diciembre, por la tarde). La celebración habrá de ser, pues, el domingo 28 de diciembre de 2025, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Y en la misma, según el ritual preparado por la Santa Sede al efecto, han de tenerse en cuenta las siguientes singularidades.

1.- La centralidad de la Cruz del Año Jubilar: la cruz, llevada en procesión en el rito de apertura del Año Jubilar y expuesta todo el año cerca del altar, debe estar debidamente adornada con flores.

2.- La oración de los fieles: como continuación de las alabanzas y súplicas que el pueblo elevó a Dios durante Año Jubilar, la oración de los fieles recoge las intenciones de la asamblea intercediendo por la Iglesia y por el mundo entero. El rito propone formulario; sin embargo, conviene que cada comunidad prepare la oración de los fieles que brote de su propia experiencia espiritual y comunitaria vivida durante el Año. La fórmula propuesta prevé que el diácono anuncie la intención de la oración, sigue un momento de silencio, tras la cual el lector formula la oración a la que la asamblea responde cantando.

3.- La presentación de los dones: En la presentación de los dones, se lleva el pan y el vino para la comunión de los fieles.

En el espíritu del Jubileo, año en el que se redistribuyeron todos los recursos para que a nadie le falte lo necesario, se puede concretar la atención a los pobres, sensibilizando a la comunidad sobre auténticos gestos de caridad que continúan incluso después de la clausura del Año Jubilar, y preparando la celebración para que, en la presentación de los dones, no falten los donativos para los pobres.

4.- La comunión bajo las dos especies: es oportuno distribuir la comunión bajo las dos especies. “En esta forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico y se expresa más claramente la voluntad divina con que se ratifica en la sangre del Señor la Alianza nueva y eterna, y también la relación entre el banquete eucarístico y el banquete escatológico en el reino del Padre” (Ordenación General del Misal Romano, 281)

5.- El canto de acción de gracias: terminada la oración después de la comunión, el obispo exhorta a los fieles a bendecir al Señor por la gracia del Año Jubilar y de la indulgencia. A continuación, se entona un canto de acción de gracias.

6.- La oración sobre el pueblo o bendición solemne: la celebración eucarística termina con una oración sobre el pueblo o con la bendición solemne. Los textos recuerdan los temas del Año Jubilar e invocan sobre el pueblo la fuerza de la ayuda divina para que, una vez terminada la experiencia especial del Jubileo, la comunidad que ha experimentado el perdón pueda volver al ritmo cotidiano de la vida, renovada por la gracia de un tiempo especial de oración y de cercanía al Señor.

7.- La despedida: la despedida del diácono, tomada de la Primer Carta de San Pedro, sintetiza los temas del testimonio de fe, la esperanza y la conformación de la vida al misterio celebrado.

En la catedral seguntina, la misa concluirá con el traslado de la Cruz jubilar de guía a su emplazamiento definitivo en el interior de la puerta del evangelio, alineada con las otras tres cruces jubilares de guía que conserva nuestra catedral. Será el mismo obispo quien porte la cruz.

 


 

7.000 peregrinos en la catedral de Sigüenza

 

A punto de concluir el Año Jubilar Romano ordinario y universal 2025, año santo dedicado a la esperanza, la catedral de Sigüenza, templo jubilar, ha superado, muy por encima, las mejores expectativas de acogida y recepción de grupos jubilares.

Con datos registrados a 21 de diciembre de 2025, una semana antes de la clausura jubilar en las diócesis, unas siete mil personas han acudido a la catedral a recibir las gracias jubilares. El número de actividades jubilares (grupos, actos y celebraciones especiales) ascendía a cerca de un centenar, concretamente 93.

El mayor de número de peregrinaciones ha sido de nuestra diócesis. Así, además de parroquias, lo han hecho a sectores pastores diocesanos de Catequesis, Juventud, Enseñanza, un colegio público y los tres colegios diocesanos, con la práctica totalidad de sus alumnos en dos de ellos.

Las parroquias y unidades pastorales que han peregrinado proceden de Guadalajara (10), Azuqueca de Henares (4), Sigüenza (3), Marchamalo (2), Yunquera de Henares, Molina de Aragón, El Coto, Pioz, Villanueva de la Torre, Sacedón, Baides, Alcocer y anejos, varias parroquias del arciprestazgo de Hita, Balconete, Tomellosa, Archilla, Romancos, Pajares y Castilmimbre, Albares, Almoguera, Driebes, Illana y Mazuecos, Chiloeches, Pozo de Guadalajara

De fuera de la diócesis, grupos de Madrid (10), Alcalá de Henares (8), Alcobendas, Velilla de San Antonio, Campo de Criptana, capellanía de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, Ciudad Real, Valencia, grupos Scouts de distintos lugares de España, campamentos de verano de los Maristas de la ONG SED (Colegios de Bilbao, Toledo, Logroño y Madrid) y de los Montañeros y Montañeras de la Asunción de Madrid (2), Asociación Española de Profesores de Liturgia, parroquia y colegio san Jaime de Moncada (Valencia), Ciempozuelos y hasta de Colombia..

 

 

Publicado en Nueva Alcarria el 26 de diciembre de 2025

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

Para redescubrir, vivir y transmitir la verdad de la Navidad

 

 

 

 

 

En las vísperas de la Navidad, ofrezco el decálogo de los diez personajes principales de la Navidad, de la Navidad de todos los tiempos. Con ellos y en ellos encontramos la verdad de la Navidad, esa verdad a la que hemos de insertamos también nosotros como nuevos personajes de la gracia siempre nueva de la Navidad

 

1.-JESÚS, el hijo de Dios, el hijo de mujer.  Es niño recién nacido, envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. Es niño anunciado por los ángeles, adorado por los pastores, buscado, adorado u obsequiado por los magos, odiado y perseguido con sangre inocente por Herodes, tomado en brazos y reconocido por los ancianos Simeón y Ana. Es el hijo de Dios hecho carne. Es el hijo de María, alumbrado de sus purísimas entrañas y acostado por ella, acompañada y servida siempre por José, en el pesebre. Es la gran gloria de Dios en la mayor de las precariedades humanas. «Lo esperaban poderoso y un pesebre fue su cuna; lo esperaban rey de reyes y servir fue su reinar».

 

2.-MARÍA DE NAZARET, la Madre de Jesús. Es la Madre de Dios. Es Madre de Cristo total. Ella es la Mujer creyente que llevó a Jesús en su seno y lo dio a luz virginalmente y lo recostó entre pañales. Ella es figura de la comunidad de los creyentes, dando testimonio de Cristo en la historia y engendrando en su seno a los hombres de la nueva creación. El «sí» de María floreció en Belén en la Palabra; su «hágase» de la anunciación fue el fruto bendito de la natividad, mientras Ella, madre y modelo del pueblo creyente, seguía peregrinando en la fe y «conservando todas estas cosas y meditándolas en su corazón».

 

3.-JOSÉ DE NAZARET, el esposo de María, el padre adoptivo de Jesús. Siempre fiel, silente y obediente. Siempre abierto a la providencia de Dios y de los hombres. Siempre discreto y en segundo plano. Siempre necesario e imprescindible. Es el José que sube con su grávida esposa María hasta Belén; el José que acuna al niño; el José que recibe a los pastores y a los magos de Oriente; el José que se pone en marcha y en camino cuando Herodes buscaba al niño para hacerlo desaparecer. Navidad es tiempo también excepcional para escuchar, en el silencio y en la admiración, el «sí» de José.

 

 

 

4.-LOS ÁNGELES. Fueron, de nuevo, los mensajeros, los pregoneros de la buena nueva, de la presencia de Dios entre nosotros. Fueron los periodistas de la Navidad. Fueron la voz de la Palabra y la voz de los sin voz: «No temáis –dijo el ángel a los pastores–, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor, Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Ellos compusieron el primero de los villancicos: «¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!». Ellos nos definieron así que Navidad es la gloria de Dios manifestada, revelada, encarnada, y que la paz es su don, su prenda y su rostro.

 

5.-LOS PASTORES. Pasaban la noche al aire libre en aquella región, en Belén, la más pequeña de las aldeas de Judá, aunque de ella había surgido el Rey David. Velaban por turnos su rebaño. Cuando el ángel les habló, envolviéndolos de resplandor con la luz de la gloria del Señor, quedaron sobrecogidos de gran temor. Pero reaccionaron ante las palabras del ángel y, creyendo, se pusieron presurosos en camino, tras decirse unos a otros: «Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor». Y, en efecto, «fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño, acostado en el pesebre. Al verlo les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores».

Los pastores nos hablan de la paradoja de la Navidad, de su fuerza transformadora, de su carga de misterio y de realidad, de su inequívoca dimensión anunciadora y misionera. Ellos fueron los primeros misioneros, los primeros testigos, los primeros orantes, los primeros adoradores, los primeros creyentes. «Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho».

 

6.-EL REY HERODES. Fue alertado por los magos de Oriente del nacimiento del Rey de Reyes. Con astucia y con mentira quiso engañarlos al sentir amenazado su trono. Cuando sus planes no dieron el fruto por él previsto, desató su ira contra los más inocentes. Navidad es oferta, jamás imposición.

 

7.-LOS MAGOS DE ORIENTE. Sabemos poco de ellos. Que eran de Oriente y que miraban y observaban los cielos esperando y escrutando los signos de Dios. Vieron salir una estrella que brillaba con especial fulgor y resplandor. Y fueron siguiendo su rastro. Era la estrella que anunciaba el nacimiento del Rey de los Judíos. Se entrevistaron con Herodes como gesto de cortesía y éste quiso engañarlos. Continuaron su camino hasta que la estrella se posó encima de donde estaba el niño. «Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes se marcharon a su tierra por otro camino».

El «personaje» navideño de los Magos está lleno de simbolismo y de interpelación sobre el sentido y el reto de la Navidad: la atenta observación y escucha de los signos de Dios y de los hombres, la búsqueda de la verdad y del saber ponerse en camino, la perseverancia hasta llegar a la meta y los sentimientos y actitudes de alegría, de adoración y de ofrenda ante Dios. En y con ellos se complementa la gran Manifestación, que es luz para todos los hombres: los pastores en la Natividad, los magos en la Epifanía, los de cerca y los de lejos, los pobres e ignorantes y los poderosos y sabios. Para todos y por todos nace Dios.

 

 

8.-LOS SANTOS NIÑOS INOCENTES. «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes: es Raquel, que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo porque ya no viven».  Herodes montó en cólera cuando no pudo hacerse con aquel recién nacido que tanto le turbaba. Desató su ira sobre los más inocentes e indefensos y mató a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y en sus alrededores. Fueron los primeros mártires de Jesucristo. Aquella tan débil y preciosa sangre inocente derramada fue ya semilla de salvación.

 

9.-EL ANCIANO SIMEÓN Y LA PROFETISA ANA. La liturgia de la Iglesia nos presenta a estos dos personajes en el tiempo ordinario, pero tan solo cuarenta días después del nacimiento de Jesucristo. Son, por ello, personajes de la Navidad, del evangelio de la infancia. El, Simeón, era un hombre honrado y piadoso que aguardaba el Consuelo de Israel y en quien moraba el Espíritu Santo. Había recibido un oráculo de lo alto de que no moriría –era ya muy anciano– sin ver al Mesías. El día de la presentación del Señor, niño de tan sólo cuarenta días, se hizo realidad esta promesa: Vio al Mesías, lo reconoció en la debilidad del recién nacido, lo tomó en brazos y alabó al Señor, profetizando quién era, en verdad, el bebé: «luz para alumbrar a las naciones, gloria de tu pueblo Israel y signo de contradicción». También a María le auguró que una espada de dolor le traspasaría el alma. Ella, Ana, era una profetisa viuda también muy anciana. No se apartaba del templo ni de la ley de Dios, sirviéndoles día y noche. También reconoció al Mesías, al Salvador, en la debilidad y en la fragilidad. Dio gracias a Dios y «hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel».

 

10.-JUAN EL BAUTISTA. No nos consta nada de él en referencia al misterio mismo del nacimiento de Jesucristo. Pero toda su vida, toda su misión fue anunciar esta buena noticia. Él debía preparar un pueblo bien dispuesto para Quien nacía en la Navidad. Y el ciclo navideño se despide precisamente con él, que nos lo anuncia sin parangón en el Adviento. De sus colmadas del agua del Jordán brotará la voz y la presencia de Dios, se abrirá el cielo y comenzará definitivamente la andadura salvífica de Dios entre nosotros.

 

 

 

Publicado en Nueva Alcarria el 19 de diciembre de 2025

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