
> Un artículo de Pepe Magaña
> Delegación Diocesana de Migraciones
El Concilio Vaticano II es el acontecimiento clave para la modernización de la Iglesia en el siglo XX. Juan XXIII y Pablo VI son figuras decisivas: el primero, por la sorprendente convocatoria del mismo; el segundo, por su papel en el desarrollo y conclusión.
A. La pastoral de migraciones surge en el siglo XIX. León XIII recogió la inquietud de los pioneros. El papa Pío XII la ordena y formula oficialmente en Exsul Familia (1952). En el n.º 80 sanciona que a los extranjeros se les ha de asegurar una atención pastoral «en una forma proporcionada a sus necesidades y no menos eficaz que aquella de la cual gozan los demás fieles en su diócesis». Por entonces, la mayoría de los migrantes eran católicos (europeos sobre todo, era un fenómeno masivo en Italia) con graves dificultades para vivir su fe en la situación de emigración.
B. En la segunda mitad del siglo XX cambiaron las circunstancias. Las migraciones se globalizan. Los padres conciliares tienen ante ellos, además de al migrante católico, la situación precaria que viven los migrantes en general. Por eso se centran en la defensa de la dignidad de la persona y de sus derechos –en peligro en las circunstancias propias de la migración. El Vaticano II reafirmó el derecho de los migrantes a una pastoral específica, pero desplaza los acentos: se acentúa la teología de la iglesia local y la participación de todos los fieles en la misión de la Iglesia; la responsabilidad de la pastoral de migraciones es de la iglesia local, el responsable directo es el obispo (Christus Dominus 18) y no los organismos centrales de la Santa Sede, como concebía Pío XII; los migrantes, aunque extranjeros, son miembros de pleno derecho de la iglesia local. Toda la doctrina conciliar sobre este tema la recoge la instrucción de la Sagrada Congregación para los Obispos Pastoralis Migratorum Cura (1969). Pablo VI la publicó, en forma de Motu Proprio.
C. En el tiempo que sigue, la acción pastoral se enfoca desde los planteamientos de la doctrina social de la Iglesia. El motor es el convencimiento de que la integración social ha de seguir el camino de la inserción laboral, ya que los inmigrantes son trabajadores, y el servicio que la Iglesia puede ofrecerles es apoyar su integración trabajando por la justicia. Se ve cada vez con mayor claridad que la pastoral de migraciones no es una pastoral paralela, sino misión del Pueblo de Dios formado conjuntamente por migrantes y autóctonos. La evolución camina de pastoral ‘para’ migrantes a pastoral ‘con’ los migrantes. El horizonte cambia desde la asistencia religiosa al compromiso misionero.



Por Jesús Montejano
Muchas expresiones de la Piedad Popular nacieron en las parroquias rurales, y aún hoy convocan a numerosas personas que, aunque viven en otros lugares, regresan para la fiesta del patrono o patrona.
Por Ángel Moreno
En este tiempo pascual, el libro bíblico que más se proclama en la liturgia es el de los Hechos de los Apóstoles, y una de las cuestiones que siempre resuena en nuestro corazón, es el tema de la fraternidad.
Los primero años de mi estancia en el Sistal, cuando éramos testigos de la evolución favorable del Monasterio, habiendo estado a punto de cerrarse, entonábamos el salmo 125, porque nos parecía soñar, y las lágrimas se volvían cantares, y la sementera, cosecha. Hoy, soy yo quien me parece soñar, cuando tengo que hacerme consciente de cumplir 50 años de sacerdote, y todos ellos en Buenafuente. Reconozco que naturalmente no se explica, ni el cambio del Monasterio de Buenafuente, ni mi permanencia en el mismo y concreto lugar, durante tanto tiempo. Esta historia solo se explica por la misericordia de Dios. Y reconozco también que no ha sido menor la mediación entrañable de la Virgen María, sobre todo en momentos recios.












