Por Odete Almeida
(Delegación de Pastoral del Sordo)
Recientemente tuvo lugar en Madrid la reunión nacional de responsables de la Pastoral del Sordo. Fue momento para hacer balance: ¿cómo está la pastoral del Sordo en España? ¿Cómo podemos caminar hacía adelante en esta pastoral tan particular? Ciertamente, es una pastoral minoritaria, pero debemos recordar que Jesús anunció el evangelio a los pobres y pequeños, y de forma muy personal, como hizo con el sordomudo y con el ciego Bartimeo.
Uno de los balances que hemos hecho fue la presencia de la Pastoral del Sordo. Existe en 24 Diócesis con diferentes grados de organización y participación en la vida diocesana.
El número de personas sordas en el estado español se calcula en 1.100.000, con diferentes grados de sordera. Sin embargo, sólo 1.200 personas sordas y 52 personas sordo-ciegas, están en contacto con la Pastoral del Sordo.
Todos los que estamos involucrados en esta pastoral tenemos un sueño: que cada vez más sean las personas con discapacidad auditiva quienes tomen la iniciativa de evangelizar a los suyos con su testimonio personal y vivo de Dios que vino para todos, “para que todos tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).
La existencia de personas sordas en la sociedad cristiana presenta un gran reto para la Iglesia. San Pablo afirma que la fe viene por el oír (Rm 1, 17-18). ¿Quiere esto decir que la persona que carece de audición no puede recibir el don de la fe? La Iglesia sabe por su experiencia de siglos que el sordo es sujeto de fe en Jesucristo. Esta convicción está en la base de todo lo que se llama la Pastoral del Sordo.
Las personas que se proponen llevar a cabo la misión de Jesús: “Id y haced discípulos entre los habitantes de todas las naciones…” , lo hacen convencidas, no sólo del amor de Dios a los sordos, sino también de que éstos son capaces de saber que son amados por Dios y que a su vez pueden corresponder a este amor, anunciándolo y compartiéndolo con los demás.



También queremos compartir la Medalla de Bronce al Mérito Social Penitenciario, otorgada por el Ministerio del Interior a través de su Secretaría General, a Capellanía Católica, por el reconocimiento de dos compañeros voluntarios, Manuel Mesonero y Consuelo Hernández, su destacado compromiso y colaboración conjunta con la Institución Penitenciaria, en los programas de: primeros permisos, tabaquismo y educación para la salud PPS (formación a presos que están al cuidado de internos con riesgo de suicidio). Gracias a los dos por vuestra generosa entrega, y gracias al equipo directivo del Centro.
Todas las actividades programadas a lo largo del verano han sido una buena oportunidad de acercamiento a la sociedad actual. Tanto quienes nos conocían de otros años, como los que han acudido por primera vez, nos han hecho participes de sus sufrimientos y alegrías. Y así nos han mostrado una fotografía reciente del mundo en que vivimos. “Porque nuestra vocación no es un refugio; es precisamente ir al campo de batalla, es lucha, es llamar al corazón del Señor en favor de la humanidad. Es como Moisés, que mantenía las manos elevadas, rezando, mientras que el pueblo combatía” (cf. Papa Francisco a los consagrados de Roma 16/V/2015). Escuchar al santo Padre estas palabras nos confirma que caminamos en comunión con la Iglesia, y esto es una bendición.












